Lo que se espera de un presidente

Foto: Presidencia/Cuba

Por: Giordan Rodríguez Milanés

No hay fotos. Sostengo que hubo un hecho. El hecho sencillo y llano de que el presidente de Cuba se detuviera muy temprano en la mañana, frente a una parada, y montara en los autos de su comitiva a todo el que pudiera.

No estuve allí, apenas tengo los testimonios de algunos usuarios de la red. Uno asegura que alguien le contó que todo fue un montaje y los que subieron a los autos eran de la misma seguridad personal llegados previamente a la parada del P1. Tengo el relato de un par de excompañeros de escuela, tan opositores ellos, que están temerosos de perder la confianza de sus empleadores al contarme que vieron algo inconsecuente a su matriz descalificadora de los cubanos de la Isla y sus dirigentes.

Hace casi ocho meses si hubo un video. Más no hubo hecho. O el hecho no fue como lo presentaron y se hizo viral. Se escribieron toneladas de bytes con todo tipo de teorías y argumentaciones sobre el rechazo al Presidente en Regla. No por casualidad, sino porque había ido a ayudar, yo estaba allí. Por eso y no porque nadie me lo contó apegado a sus doctrinas y acriticismos, sostengo que hubo un video donde aparentemente el Presidente huía. Pero no hubo hecho, ni tal huida.

El honrado y coherente, espera encontrar esa misma coherencia en los demás y deposita su creencia en la honradez de los otros. Reconocer que un pueblo puede ser –y es— imperfecto, a veces torpe, tendiente a extremos y fanatismos, no debería ponernos a expensas de la impiedad o falta de fe en quienes nos rodean. Un pueblo sin fe no es un pueblo sabio, es un conglomerado insano.

La aspiración imperialista es en mi opinión, el problema mayor, el padre de toda la gama de problemas que tenemos los cubanos. Como tendría que escribir un tratado para demostrar tal proposición, ni siquiera me tomo la molestia de rebatirle a quienes, con todo derecho, piensan lo contrario. Creo en ello por fe, y la fe no se debate en los predios de la filosofía ni las ciencias.

Se cree en algo, o no se cree.

Y yo creo que la primera tarea de la ideología de derecha en Cuba es dejarnos sin asideros espirituales. No solo perseguir las transacciones financieras, o los bancos que nos otorgan créditos, o las navieras que transportan nuestros carburantes mientras, a la vez, permiten que sus compañías nos vendan comida que hay que pagarles al contado para que luego sus pretorianos del odio vociferen en las redes “¿Cuál bloqueo?”. Mientras, cientos de pequeños emprendedores ven afectados sus negocios por la prohibición de los cruceros, o la pediatra de un hospital manzanillero tiene que decidir a quién le pone la última dosis de octanate que le queda en existencia en ese momento.

Es tarea de la derecha en Cuba que dudemos enfermizamente unos de otros y no confiemos en la honradez del que nos acompaña. Que al mirarnos en el espejo, nos veamos incoherentes y absurdos, sin sueños ni esperanzas, con el amigo convertido en adversario y el adversario disfrazado de amigo.

También tengo fe en que, si hubo un Cristo que multiplicó panes y peces, y un Antonio Maceo que lanzó el arroz con pollo al caldero donde se cocinaba el caldo de la tropa, y un Silvio Rodríguez que le canta a los pobres de la tierra en sus barrios, puede haber un Díaz-Canel que detenga la caravana presidencial para montar a unos pocos de sus coterráneos. Aunque sepamos que es mucho más lo que se espera del presidente de un país. Se espera incluso pueda evitar con su equipo de gobierno, la agudización de nuestra ya perniciosa crisis.

Se cree en él mientras se sostiene que la exclusión del pensamiento diverso solo atiza más el odio entre cubanos. Se apoya al presidente mientras se exije que pida la renuncia a una ministra torpe en comunicación política. Se le demanda que responda al doctor René Fidel y obligue a la Fiscalía General de la República darle curso a los justos reclamos de este ciudadano. Se le pide al presidente cada día que la institucionalidad atienda a todos los cubanos por igual, piensen como piensen y se expresen como se expresen.

Si bien la fe es necesaria para la salud de los pueblos, el fanatismo y el extremismo, los rencores y los odios, las catarsis depredadoras del colectivismo y la solidaridad, nos matan como nación. Lo único defendible a ultranza en esta vida debería ser el amor al prójimo y el respeto a quienes lo practiquen. Es por ello que, entre muchos otros, respeto a Cristo, Antonio Maceo y ahora agrego a Díaz-Canel. Sin olvidar que este último me sigue haciendo esperar por sus respuestas, no necesito fotos de lo sucedido en aquella parada del P1. Es lo que se espera de un presidente.

Anuncios