No es un problema de buenos y malos

Ilustración: Cubadebate

Por Yassel A. Padrón Kunakbaeva

Algunos utilizamos mucho el término burocracia en nuestros análisis, y no nos damos cuenta de que eso puede confundir un poco a los lectores. El uso que le damos científicamente al concepto puede chocar un poco con las representaciones populares que existen en el sentido común sobre “burocracia” y “burocratismo”. En nuestro país, la mayoría de las personas asocia ese término con la lentitud de los trámites, con las demoras absurdas, los malos tratos, los procedimientos engorrosos. También tenemos una noción del “burócrata”, ese ser repetitivo, servil hacia arriba y autoritario hacia abajo, que ha sido presa habitual del humor criollo.

El concepto de burocracia ha sido desarrollado por muchos autores, entre ellos el genial alemán Max Weber. No pienso hacer una exposición exhaustiva de él en este artículo, para lo cual recomiendo los textos de Mario Valdés Navia en este mismo espacio. Solo quisiera decir que muchos de nosotros estamos influidos por la noción de burocracia que desarrolló Trotsky en obras como La revolución traicionada, en donde la muestra como una nueva clase que usurpa la dirección de la sociedad.

Cuando decimos burocracia, no estamos hablando solo de la disfuncionalidad en la administración pública. Nos estamos refiriendo al empoderamiento desproporcionado de los funcionarios del Estado. Decimos que aquellos que deberían ser servidores públicos, están explotando sus posiciones para ejercer la dominación y construirse privilegios.

Sin embargo, no se trata de construir una narrativa sobre la maldad de esas personas que ocupan posiciones como funcionarios públicos. Personalmente, creo que no tienen base las historias que algunos quieren construir sobre el carácter macabro de los dirigentes, teorías de la conspiración que los pintan como bestias sedientas de poder. Son representaciones que se manejan en la oposición radical, muy alejadas, a mi entender, de la verdad.

No es un problema de individuos, sino de estructura.

La vida real nos muestra muchos ejemplos contrarios a lo que nos quieren vender con ese discurso. Existen dirigentes honrados, directores de empresa a los que se les está cayendo el techo, y que no consumen más gasolina que la que tienen asignada. Personas que toman posiciones de responsabilidad que nadie quiere tomar, porque implican un gran riesgo de buscarse problemas. Dirigentes que escuchan al más humilde de los trabajadores y toman sus opiniones en cuenta.

La ineficiencia de la burocracia tiene el reverso de que, en algunos sectores, uno se encuentra funcionarios muy eficientes. Gente muy bien preparada en sus campos que, si no pueden hacer más, es porque los mecanismos generales no se lo permiten. En ese sentido, hay que decir que no todo el mundo se merece el calificativo de “burócrata”.

Para poder entender las características de la burocracia cubana, y valorar su desempeño, es necesario recurrir a la historia. Esa estructura surgió para dar respuesta a una problemática, y desde entonces no ha cambiado mucho.

La Revolución Cubana fue muy exitosa en destruir la mayor parte de las formas de dominación privada existentes en el pasado neocolonial. Fue eliminada casi por completo la propiedad privada sobre los medios de producción. Sin embargo, una vez que el Estado tomó el poder de casi todo, fue víctima de una paradoja inevitable: no podía eliminar la división entre trabajo intelectual, directivo y dirigente, y trabajo manual. Al no existir formas no autoritarias de organizar el trabajo, este tuvo que ser organizado de una manera centralizada.

La dominación no se fundamenta nunca solo en la explotación del hombre por el hombre y en la apropiación del excedente. Ella es también, un resultado inevitable de la división del trabajo, que hace mucho tiempo separó la función dirigente como una función especial, y promovió formas autoritarias de organizar el trabajo. Esa separación de funciones es lo esencial, pues ella permite que surja, alrededor del que dirige, ese espacio de oscuridad que le permite explotar a los de abajo impunemente.

En Cuba se eliminaron las formas de dominación privada, se intentó eliminar la explotación del hombre por el hombre. Pero siguió existiendo la figura del dirigente, con lo cual se amplió la dominación pública por parte del Estado. Al estar el dirigente en una posición en la que los de abajo no lo controlan, se crea el espacio para la impunidad, y la tentación, algo que los seres humanos difícilmente pueden rechazar. Por esa fisura entra la explotación del hombre por el hombre y la apropiación del excedente.

La burocracia cubana ha sido muy efectiva para conseguir aquello para lo que fue creada: administrar todo el proceso de producción y, lo cual ha sido a la larga más importante, la distribución. Porque si ha sido determinante la organización autoritaria de la producción, más determinante es, en estos tiempos en los que no se produce realmente mucho, la organización autoritaria de la distribución, lo cual se manifiesta en la distribución centralizada de recursos, dígase la gasolina, los alimentos, las divisas, etc.

Esa burocracia también ha sido muy efectiva en evitar el resurgimiento de formas de dominación privada. Sigue sin reaparecer la gran propiedad privada de origen nacional. Sin embargo, no ha podido evitar convertirse en un mecanismo de dominación pública, la cual se ejerce del modo en que esta ha funcionado en la contemporaneidad.

La gran solución para este problema sería, evidentemente, la completa socialización de los principales medios de producción y la construcción de formas no autoritarias de organizar el trabajo. Pero esto es mucho más fácil decirlo que hacerlo. Cuba, como país subdesarrollado, está sujeto a los viejos paradigmas del pensamiento y al autoritarismo, también por la herencia hispánica. Habría que aprender todavía mucho de los métodos de la educación popular de Paulo Freire.

Por otro lado, los últimos adelantos de la robótica y la cibernética, las redes sociales, y los nuevos métodos de gestión basados en la innovación, son algunos de los adelantos más recientes que permiten vislumbrar la posibilidad de formas no autoritarias de organizar el trabajo. Pero esos avances están a la orden del día en los países desarrollados, no en Cuba. Si Cuba quisiera llegar a ser un país desarrollado según el paradigma actual, lo que debería hacer es empezar por un escalón inferior, fortaleciendo los métodos autoritarios de producción, tal y como hizo China.

Entonces solo queda darle una solución política al asunto, creando mecanismos de control popular sobre la burocracia. Seguiría existiendo la dominación, pero al menos los ciudadanos tendrían un modo de reducir el espacio para la impunidad.

Sin embargo, la burocracia cubana, como en su tiempo lo fue la soviética, es un sistema cerrado que abarca a toda la sociedad y no tiene contrapeso. Esto también tiene un objetivo: evitar cualquier brecha que puedan utilizar los múltiples y poderosos enemigos de la Revolución para destruirla. Y en ese sentido, también hemos de reconocer que se ha cumplido el objetivo. Lo malo es que desaparece cualquier medio para contrarrestar la dominación pública por parte del Estado.

La burocracia cubana es, hasta ahora, un sistema cerrado, porque la ciudadanía tiene escasa capacidad para controlar quienes pasan a ser miembro de ella y qué posiciones ocupan. Todo eso se controla desde el Partido a través de la Política de Cuadros, por lo que los dirigentes pasan a ser casi como una casta, como en su tiempo fue la nomenclatura soviética.

Como se ve, no es un asunto de maldad particular: otras personas en las mismas posiciones cometerían errores similares. Por eso no se trata de un problema que pueda resolverse con campañas moralizantes, o con consignas a través de los medios de comunicación. El que castiguen a algunos dirigentes corruptos desde arriba, puede tener un efecto temporal, pero tampoco aporta una solución duradera. Los problemas estructurales solo se solucionan con cambios estructurales.

Mientras tanto, como se decía en otro tiempo, seguimos en combate.

Para contactar con el autor: yasselpadron1@riseup.net

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