La educación cubana y sus retos

Por Yasvily Méndez Paz

Medios oficiales y alternativos han publicado disímiles noticias sobre el tan esperado aumento salarial del sector presupuestado en Cuba. Particular atención ha tenido el impacto que la medida provocó en la labor del magisterio a todos los niveles, una de las profesiones más deprimidas en la sociedad cubana actual. Un acto de justicia para maestros y profesores, cuya entrega incondicional ha estado presente, a pesar de sinsabores, ilusiones rotas y sueños que cumplir.

Mientras continuaba el éxodo de maestros hacia sectores mejor remunerados –dentro y fuera del país—, aumentaba el descrédito social por la labor del profesor y la desmotivación hacía mella en no pocos maestros que se mantuvieron incólumes en colegios y universidades. El Ministerio de Educación aplicó medidas paliativas –como envío de profesores jóvenes de oriente hacia occidente, graduación de planes emergentes y utilización de estudiantes universitarios para suplir el déficit en las aulas, entre otras— que no solucionaban el problema de manera definitiva. No se atacaban las causas que permitieran extirpar el mal de raíz.

Desde hacía bastante tiempo, el gobierno y los economistas en Cuba se debatían en una contradicción que parecía no tener fin. Algunos consideraban que el aumento salarial al sector presupuestado era insostenible sin el respaldo de la producción nacional en determinadas ramas de la economía, y otras tesis defendían que impactaba en lo ideopolítico y era una cuestión impostergable para la sociedad cubana. Durante mucho tiempo los maestros tuvieron que implementar sus estrategias para sobrevivir; de ahí que la ansiada medida constituía una necesidad, pues sus niveles de ingresos estaban por debajo del aporte e impacto social.

El retorno de miles de profesores a las aulas constituye uno de los resultados tangibles del aumento salarial en Cuba. Fuentes oficiales reconocen que más de 8 mil profesores se reincorporan a este curso 2019-2020, lo que representa una cobertura escolar superior al 90%. Sin dudas, esas cifras posibilitarán el cumplimiento de las plantillas en muchas escuelas y municipios –situación no vista desde hacía varias décadas— y el aseguramiento de la calidad en la Educación Cubana.

La medida representa una forma de reconocimiento social a los trabajadores del sector educacional, lo que constituirá un incentivo para los estudiantes que acceden a la Educación Superior, impacto que se verá reflejado en el incremento de la matrícula a las carreras pedagógicas. No podemos soslayar que los bajos ingresos a esas carreras universitarias eran resultado del desprestigio del sector educacional y la poca apreciación con que era percibida por la sociedad la labor del magisterio.

Justo en momentos en que se adoptan políticas para la restricción de importaciones y búsqueda del incremento de las exportaciones, la medida ha provocado un significativo impacto en la sociedad. Sus resultados han sido palpables y hubiera atenuado el éxodo de los profesores de haberse aplicado en otro contexto histórico, pero no nos dejemos llevar por los cantos de sirenas. La medida en sí misma no cumple todas las expectativas si no se solucionan otros problemas materiales que afectan a los sectores más deprimidos de la sociedad cubana. Me refiero a cuestiones muy sensibles como: la vivienda, el calzado, la alimentación, la vestimenta, entre otros. El aumento salarial representa un alivio, es cierto, pero no soluciona el problema de manera definitiva, cuestión reconocida por el propio presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez.

Si importantes resultan los cambios de tipo material, el sector de la educación necesita con urgencia transformaciones sustanciales en la dirigencia de sus ministerios. Entre «miedos, medios y modos», los anticuados métodos de la burocracia no han cambiado en los últimos años y los niveles de impunidad han traspasado los límites. Si bien se han criticado en las redes sociales las parrafadas plagadas de imperfecciones de la Viceministra Primera de Educación Superior en Cuba, retomo el tema porque me preocupa que el aumento salarial sea tomado como una condición sine qua non para imponer formas de pensar, apegadas a encasillamientos pusilánimes que fragmentan a la sociedad cubana.

Por su parte, la Ministra de Educación, Ena Elsa Velázquez Cobiella, publicó en su cuenta en Twitter: «Los que no viven en Cuba no tienen derecho a criticarnos». Como le respondí en aquel momento: «Solo deberíamos preguntarnos: ¿sin la crítica estuviéramos aquí hoy? Reflexionemos sobre la importancia de la crítica, y quitemos el adjetivo constructivo. La crítica a secas, a la que no debemos temer los que llevamos en el corazón, las conquistas del maestro». Los que hoy vivimos fuera de Cuba también aportamos mucho mientras estuvimos allí, somos tan cubanos como las palmas y nada ni nadie nos quitará el derecho y el deber de desear lo mejor para nuestro país.

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