Mejor tarde que nunca

Foto: Mesa Redonda

Por Giordan Rodríguez Milanés

La mayoría de las carreteras en Cuba son un desastre: baches, badenes, irregularidades en los bordes, deficiente señalización horizontal, sin barreras en los cruces a nivel, animales sueltos, hasta una silla escolar en medio de la Vía Blanca encontré una vez.

Las patrullas son tan predecibles que cualquier chofer habitual sabe dónde se “esconden”. No hay un sistema automatizado para detectar violaciones del tránsito como en Europa. Eventualmente los medios informan de las acciones ejecutadas por la Comisión de Vialidad y Tránsito: aumento de las cifras de multas, retiros de licencias, etc. Por televisión nos han tratado de convencer de que ya no es posible obtener un certificado técnico con el carro defectuoso.

A pesar de ello, hasta junio de 2019 en Cuba perdía la vida por accidentes de tránsito una persona cada doce horas y se reportaba un lesionado cada 30 segundos. Tal estadística negativa probablemente haya aumentado, este último trimestre hemos tenido como promedio un accidente masivo cada 22 días.

Sin menoscabar los problemas arriba señalados y sin tratar de minimizar un ápice la responsabilidad gubernamental en su resolución; el dato espeluznante es que en 9 de los 10 accidentes masivos en Cuba, han existido por lo menos dos causantes atribuibles a la responsabilidad del chofer —incluso siendo muchos de ellos profesionales—, o sea, dos violaciones graves de la Ley de Tránsito. Las más frecuentes: el exceso de velocidad respecto a las condiciones reales de las calles o carreteras, el adelantamiento indebido y el irrespeto al derecho de vía. Otra causa que en ocasiones genera alguna de las anteriores, es el cansancio acumulado. Se demuestra por estudios psicométricos que la fatiga genera ansiedad, lo que vuelve al chofer imprudente, incluso sin quererlo.

Un accidente de tránsito suele ser el suceso del día en la localidad donde ocurra. Mientras mayor cantidad de personas afecte, mayor será el impacto territorial que produzca. De los 150 conductores profesionales con los que he conversado, 148 aseguran que un siniestro en la vía hace que ellos extremen las medidas de precaución, pero solo los dos o tres días siguientes; porque el tiempo pasa y pronto lo dejan de lado.

Es verdad que después nos olvidamos. Y muchos vuelven a la “normalidad”, andan a más de 90 Km/h en tramos en mal estado, o salen sin una buena revisión técnica”, me cuenta Moralito, quien lleva más de 25 años manejando un ómnibus sin accidentes. Él y sus dos hermanos menores, Cuco y Amaury –choferes de ómnibus escolares—, pertenecen a una de esas familias que desde varias generaciones se dedican al oficio. “Si tú sabes que la carretera es estrecha, que no hay delimitadores en los bordes, que tu carro es alto, o que te encuentras de todo por la indisciplina de la gente, desde personas sentadas al borde hasta ‘arañitas’ —vehículo tirado por caballo— sin luces. Entonces no quieras ir a más de 70 u 80”, me explica Cuco.

Guevara maneja el ómnibus de la Orquesta Original de Manzanillo. Por las características de su trabajo sale a la carretera en horarios irregulares y, en ocasiones, durante muchas más horas que un colega de Transtur u Ómnibus Nacionales. “Somos mi compañero y yo y en la orquesta hay dos personas más que manejan bien, pero nosotros descansamos. Los músicos están tocando, y nosotros estamos tranquilitos recostados. En el hotel nada de bebidas por la mañana, aunque no tengas que manejar hasta la noche y si por alguna razón, a pesar de eso, los dos estamos ‘mataos’, o maneja Ramoncito, el mecánico, o a orillarse y a dormir un par de horas, que es mejor llegar tarde a no llegar”.

Indagando sobre este tema he estado monitoreando dos grupos de Facebook en los cuales interactúan diariamente cientos de choferes profesionales. El 93% de las conversaciones se refiere a las cualidades técnicas de los vehículos, uno pudiera llegar a pensar que aman más los equipos que a las personas, aunque sé que no es así. Cuando he compartido noticias sobre accidentes masivos, sólo 10% de los comentaristas ha mencionado la responsabilidad de los choferes. El resto, culpa al gobierno y sus entidades por, además de lo señalado en el primer párrafo, la obsolescencia técnica de buena parte del parque vehicular.

Propongo entonces realizar dos modelaciones ideales:

En la primera, las carreteras están en estado óptimo, los controles policiales humanos y tecnológicos están al nivel del primer mundo, y los vehículos son de última generación. Los choferes de este modelo andan a exceso de velocidad –como ese irresponsable que vimos en un video a 180 Km/h en un Chevrolet del 57 por nuestra autopista llena de baches, que muchos de sus colegas aclamaron como héroe—, ingieren bebidas alcohólicas, no descansan lo suficiente, a veces transportan personas de La Habana a Santiago, de noche y sin chofer acompañante, tomando Redbull para mantenerse despiertos… Todo eso lo he constatado personalmente.

En la segunda modelación tenemos condiciones de carretera como las actuales, incluso peores. Los choferes jamás exceden el límite de velocidad establecido y, en algunos casos, deciden ir por debajo. Jamás ingieren bebidas alcohólicas, descansan suficiente y si se cansan, se detienen. Nunca hacen adelantamientos indebidos. Revisan y exigen les revisen debidamente sus vehículos antes de salir. Para viajes largos con pasajeros llevan un acompañante capacitado y acreditado. Jamás cometen una infracción grave de la Ley del Tránsito.

¿En cuál modelo tendremos menos accidentes?

Comprendo que en Cuba no es posible comprobar la accidentalidad en el primer modelo pero sí en el segundo. El primer modelo depende del gobierno. El segundo, el de la responsabilidad individual y el respeto a la vida propia y ajena, depende de nosotros los peatones, choferes eventuales y profesionales.

¿Qué usted cree?

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