Miami en una burbuja

Foto: CubaSí

Por Yassel A. Padrón Kunakbaeva

¿Quién vive en una burbuja? ¿La Habana o Miami? La pregunta adquiere relevancia, a la luz de la campaña mediática que se ha orquestado contra el actor Fernando Echevarría, primero por protagonizar un spot televisivo contra la Ley Helms-Burton, y ahora por estar de viaje en Miami. A muchos parece dolerle el simple hecho de que el gobierno cubano tenga capacidad, medios y apoyo de profesionales para articular una respuesta a las agresiones. En el fondo, late el viejo sueño de hacer las maletas para regresar a una Cuba capitalista.

Es increíble que, en la época de Internet y las telecomunicaciones, la geografía tenga tanta influencia en la manera de pensar. Una cosa se piensa en Miami y otra se piensa en La Habana. Con una diferencia, la Isla es el verdadero país, el que progresa, o se hunde, o ambos inclusive. La “otra Cuba” de Miami está construida en suelo extranjero, y por ley de la vida solo puede sustentarse en el imaginario popular. Esto puede dolerle a alguien, pero es así.

Siempre me ha sorprendido lo rápido que, quienes están fuera de Cuba, y sobre todo en Miami, cambian su manera de pensar. Es como si los abdujera la maquinaria ideológica del capitalismo. Muchos regresan considerando evidente lo que en Cuba siempre tuvieron como absurdo. Pero esa “otra” cosmovisión no penetra con éxito en la Isla. El sentido común del cubano de adentro sigue inconmovible en sus certezas, porque es un producto orgánico de la sociedad en la que vive y de la que forma parte.

Un ejemplo de ello es el bloqueo, o sea, la Ley Helms-Burton. Muchos en Miami han terminado aprobando, considerando necesaria esa medida. Parece una nueva edición de la vieja práctica de “candela al jarro hasta que suelte el fondo”. Pero en la Isla el sentido común es aplastantemente mayoritario en contra de la Helms-Burton. Todo el mundo quiere volver al camino de convivencia relativamente pacífica y de progreso económico que se entrevió durante el período Obama.

Para la mentalidad imperante ahora mismo en Cuba, el spot de Fernando Echevarría es perfectamente comprensible. Tal vez a algunos no les guste desde el punto de vista artístico. Siempre habrá quien considere altisonante alguna de sus frases. Sin embargo, serán pocos los que puedan disentir del mensaje general. Aquí casi nadie apoya el bloqueo. Y casi nadie considerará reprensible, o éticamente cuestionable, la participación de un actor cubano en ese material.

La voluntad de querer dirigir desde EEUU el proceso histórico cubano me parece, como ya lo dije en otro lugar, absurda y criminal. Y no es solo una apreciación mía: ya son muchos los que aquí se preguntan por qué esos que tanto los invitan a la rebelión, desde la otra orilla, no vienen aquí a derrocar ellos al gobierno. Es muy fácil dársela de intransigente cuando se está bien lejos del peligro.

Otra cosa que siempre me ha llamado la atención es cómo, en los últimos años, las acusaciones que se lanzan contra el gobierno cubano parecen no venir de defensores del capitalismo, sino desde una izquierda radical. Se critica que no hay comida y que las casas se están cayendo. Sin embargo, lo normal en el capitalismo es que ninguna de esas dos cosas sea un derecho. Si quieren pregúntenle a los puertorriqueños. Donde único la alimentación y la vivienda es un derecho es en el socialismo. Entonces: ¿lo que proponen es que construyamos un socialismo más perfecto?

Evidentemente, todo es demagogia e histeria.

Por supuesto, Cuba y su sistema social tienen tantas contradicciones como grietas un edificio de La Habana Vieja. Pero, si hay un motivo por el que han aflorado las desigualdades y los males sociales, es porque el gobierno ha dejado de ser ortodoxo en su igualitarismo y ha permitido un espacio para el mercado. O sea, Cuba por pragmatismo se ha acercado al capitalismo, y cuando aparecen las consecuencias sociales, ¿los defensores del capitalismo a rajatabla se rasgan las vestiduras?

La acusación favorita que tienen contra el gobierno cubano es la de totalitarismo; sin embargo, son ellos los que últimamente pretenden que, en su territorio, dígase EEUU o Miami, todos piensen como ellos. Quieren ver expulsados o censurados a los artistas que viven en la Isla. En el momento actual, al atacar a Echevarría por visitar esa ciudad, dan a entender que los que no piensen como ellos no deben tener derecho a estar allí. Al parecer, de tanto luchar contra el totalitarismo se volvieron totalitarios.

En fin, son demasiados sinsentidos para mi humilde entendimiento. La actitud más sensata de todas a la larga ha sido la Fernando Echevarría, que ha hecho caso omiso de las jaurías mediáticas. Y para los que siguen enfrascados en imponerle su manera de ver el mundo a una nación completa, solo me queda desearles suerte en su misión imposible.

Para contactar con el autor: yasselpadron1@riseup.net