Entre el Norte y el Sur: el lado oscuro de la migración

Foto: El Comercio.

Por Yasvily Méndez Paz

Con el rostro cubierto para no ser tomada por la cámara y la voz entrecortada en señal de dolor, una joven cubana de apenas 22 años relata el infierno vivido en la travesía hacia el «sueño americano». Junto a otras mujeres, hombres y niños, salieron de La Habana por vía legal hasta Guyana y cuando tomaron la «ruta centroamericana» para subir al norte, ahí comenzó su pesadilla. Después de mucho bregar, acompañados a empellones y tropezones por varios «coyotes», lograron llegar a México. Convertidos en mercancía y expuestos a ultrajes de todo tipo, sus vidas dependían de cuánto estuvieran dispuestos a pagar los cuasi gringos familiares del norte. Ella pudo lograrlo, del resto, no tuvo noticias…, demasiado miedo le impedía mirar atrás.

En Cuba, la migración ilegal no es un fenómeno nuevo, las rutas ilegales han fluctuado según medidas, políticas y coyunturas históricas. En enero de 2017 la administración de Barack Obama canceló la política de «pies secos/pies mojados». Junto a ello, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS por sus siglas en inglés) anunció un paquete de medidas relacionadas con el fenómeno migratorio que constituían pasos importantes para «garantizar una migración regular, segura y ordenada»; en cambio, la migración ilegal persiste. Las rutas migratorias han ido cambiando, cientos de cubanos han sido deportados desde países de Centroamérica, Sudamérica y México por estar indocumentados. A través de la trata ilegal, algunos no han vivido para contar sus historias, y otros se encuentran varados en una especie de limbo jurídico en varias zonas de México.

Según BBC News Mundo, ciudad Juárez se ha convertido en un hervidero ante la multitud de migrantes que pululan en sus calles. El conocido portal de noticias nos informa sobre la política establecida por la Casa Blanca para que quienes pidan asilo en EEUU esperen en esa ciudad mexicana hasta ser llamados al norte de la frontera, dependiendo del turno en una lista que, hasta mediados de julio, superaba las 17 000 personas.

La Asamblea General de las Naciones Unidas ha solicitado la cooperación de estados, organizaciones internacionales involucradas para mejorar la gobernanza de la migración y generar políticas que conduzcan a su curso legal donde se contemple la «perspectiva de los derechos humanos»; sin embargo, esto no se ha cumplido de manera óptima. Por su parte, el gobierno de Donald Trump crea nuevas barreras para la migración legal hacia los Estados Unidos. La normativa se basa en denegar visa, residencia permanente y ciudadanía a aquellos inmigrantes legales que puedan convertirse en una «carga pública». Los extranjeros que quieran residir en ese país norteño deben ser capaces de mantenerse por sí mismos, pues los programas de ayudas que proporciona el Estado deberán reservarse a los nacionales del país. Algunos sectores estadounidenses muestran su desacuerdo con la mencionada medida, como la fiscal general de Nueva York quien la ha considerado “un ejemplo más de cómo este gobierno le da la espalda a la gente que pelea para lograr una vida mejor para ellos y para sus familias”, según informó BBC News Mundo.

Como bien plantea la Dra. Ana Elizabeth Villalta Vizcarra —miembro del Comité Jurídico Interamericano— las causas de la migración a nivel mundial pueden ser «múltiples, complejas y heterogéneas», pero en el caso de América Latina y el Caribe el «factor económico constituye su principal causa, así como las brechas de desarrollo entre las naciones de origen y destino, los desequilibrios en los mercados laborales de nuestros países, y la aspiración natural de los mismos por superar la pobreza y la desigualdad».

El Norte y el Sur –vistos en su conjunto como realidades sociales y políticas al estilo de Roberto Fernández Retamar— se han estructurado a través de relaciones históricas, socioeconómicas, culturales y políticas, donde el binomio riqueza versus pobreza han ocupado un lugar fundamental. Las desigualdades entre los denominados países desarrollados y subdesarrollados se ensanchan demasiado y cada día aumentan las personas que viven en situaciones de pobreza.

Así las cosas, las brechas entre el norte y el sur, el lado oscuro de la migración, las redes de la delincuencia organizada que se llenan los bolsillos a expensas de vidas inocentes quienes, tras la búsqueda de deseos, quimeras y esperanzas, exponen sus vidas hacia un destino inseguro y desconocido.