Venceréis, pero no convenceréis

Foto: Escambray

Por Alina B. López Hernández

I

¿Palabras en las redes o redes en las palabras?

En Internet no ocurre lo mismo que en Las Vegas. Lo que pasa en el ciberespacio no se queda allí. Se difunde con rapidez, se socializa, se torna objeto de apoyo y/o de crítica; se analiza en los hogares, en las calles, entre amigos y colegas; potencia las polémicas y enriquece —o en ocasiones empobrece— el sentido común.

Por esa razón es tan importante sopesar las declaraciones que se hacen en esos medios. Sobre todo, cuando son sitios oficiales del gobierno. Allí dejan de percibirse como opiniones de un funcionario para visibilizarse ante la opinión pública mundial como políticas de Estado.

El sitio oficial del Ministerio de Educación Superior (MES) publicó hace pocos días, bajo el titular: “Ser profesor universitario”, la desafortunada declaración de la viceministra primera de ese organismo, Martha del Carmen Mesa Valenciano. La funcionaria podrá ser muy hábil en otros sentidos, pero no en el de la diplomacia.

Mientras el Ministerio de las Comunicaciones intentaba una negociación —cierto que con presiones incluidas—, para minimizar tiranteces con las personas implicadas en la creación de SNET; el MES, con esta declaración sobre el rol de los profesores en la universidad cubana, reivindicaba los viejos y buenos tiempos de la Inquisición.

En el primer caso se pactaba sobre redes creadas para el juego y el esparcimiento, indudablemente necesarias. En el otro se tendían lazos más terribles, pues su función es inmovilizar el pensamiento e impedir la crítica. Todo parece indicar que se puede llegar a un acuerdo sobre lo primero, pero no sobre lo segundo.

Varias personas han acusado de estalinismo explícito las declaraciones de Mesa Valenciano. Sin embargo, para ser justos, son mucho más que eso…

II

Diferentes e iguales, iguales y diferentes

Las ideologías pueden diferenciarse marcadamente en dependencia de las clases sociales que las sostienen y, sin embargo, parecerse de acuerdo a su nivel de tolerancia. La intolerancia ideológica y política no es exclusiva de un sistema social. Ejemplos hay demasiados que sostienen esta tesis, algunos cercanos en el tiempo. El fascismo, el franquismo, el estalinismo o el macartismo tienen abismales diferencias; pero es precisamente su intolerancia a la libertad de pensamiento lo que los identifica.

No importa si se habla en nombre de Dios, de la Patria, de la Libertad, de la Revolución o de la Moral. Cuando esto se hace en actitud de único dueño de la verdad y negando la posibilidad de la discrepancia, será algo reprochable y será totalitarismo; que los hay de derechas y de izquierdas como la historia ha demostrado[1].

La viceministra primera del MES comienza por referirse a una profesora que fue “expulsada de su centro”, pero el mensaje que transmite es de alcance colectivo y revela una clara advertencia: “En cada día, en cada respuesta, en cada frase, se es profesor universitario, y es una condición que se gana y que se puede perder”. Tal declaración es, en esencia, una amenaza sin adornos.

Estas son algunas de las exigencias del MES a sus profesores: “respeto a las decisiones”, evitar “posiciones contrarias a nuestros principios revolucionarios”, defender “a ultranza cada paso que se da en la Revolución”, abstenerse a criticar haciendo “llamado a los derechos humanos” desde la academia, no confundir a los alumnos al mostrarles “un camino erróneo de ataque desagradable en los medios”.

“El profesor universitario crea seguridad entre sus estudiantes, logra lo posible. ¡Ser profesor universitario es respeto, es optimismo, es confianza!”.

La pretensión de transmitir seguridad, confianza y optimismo ha sido común a ideologías antitéticas. Así se planteó en una discusión, promovida en 1963, entre Blas Roca, secretario general del Partido Comunista, y cineastas cubanos. El primero, desde las páginas del periódico Hoy, se oponía a la proyección de ciertas películas pues, en su criterio, ellas podrían sembrar dudas entre los espectadores.

Su postura motivó una respuesta, que publicara el periódico Revolución, donde los directores del Departamento de Programación del ICAIC comparaban cuál debía ser la función del cine para el Papa Juan XXIII (“Enseñar al pueblo, educarle, recrearle, divertirle); para el Código Hays, que en los años treinta ejerciera la censura cinematográfica en Hollywood (“Forjar caracteres, desarrollar el verdadero ideal e inculcar rectos principios, bajo la forma de relatos atrayentes, proponiendo a la admiración del espectador hermosos ejemplos de conducta”); y para Blas Roca,  (“una obra de divertimento, de recreo alegre, ligero, que ayuda al descanso”).[2]

Realicemos similar ejercicio comparativo entre las susodichas declaraciones del MES y otras perspectivas ideológicas. Para la viceministra primera: “El que no se sienta activista de la política revolucionaria de nuestro Partido, un defensor de nuestra ideología, de nuestra moral, de nuestras convicciones políticas, debe renunciar a ser profesor universitario”.

Si revisamos la ley aprobada por el franquismo el 29 de julio de 1943, para normar la docencia en las universidades españolas, constataremos que “El rector debía ser miembro de la FET y de las JONS”[3] y a los profesores universitarios se les exigía para ejercer “una certificación de la Secretaría General del Movimiento [Falangista, único permitido]  que acreditase su adhesión a los principios del Estado”.[4] La universidad española debía inculcar una serie de valores que se pueden resumir en: exaltado patriotismo, obediencia a Franco y a las autoridades.

Es cierto que, como afirma el autor del citado artículo, en la Península, la intensa represión contra los docentes se realizó a través de dos mecanismos: “la liquidación física y la depuración”. En Cuba no se utiliza el primero de ellos, pero sí el segundo.

En Estados Unidos, durante los años cincuenta, numerosos profesores universitarios que simpatizaban con ideas comunistas o de izquierda fueron presionados. Ehsan Masood es un reportero que ha realizado una investigación acuciosa sobre las víctimas universitarias de Joseph McCarthy.

Por su parte, la historiadora Ellen Schrecker, experta en la era del macartismo, relata:

Un agente del FBI visitaba la oficina de un gobernador o del presidente de una universidad y les entregaba un pedazo de papel que siempre se especificaba en los registros del FBI y llevaba una marca de agua que decía «memo ciego no rastreable».

Simplemente contenía el nombre de alguien y todas las asociaciones incriminatorias que tenía esa persona, con la expectativa de que a esa persona no se le diera la titularidad de un cargo, no se le renovara su nombramiento y se facilitara silenciosamente su partida. No había un registro escrito de que el FBI había estado allí[5].

Demasiados subterfugios. En el MES las cosas se ventilan abiertamente: o se callan o se van, viceministra primera dixit.

III

Cuando ganando se pierde

Miguel de Unamuno, escritor y filósofo español, rector de la universidad de Salamanca, inicialmente había respaldado la sublevación franquista, pero ante sus crímenes se había decepcionado, participaba en un acto por la apertura del curso de dicha institución, el 12 de octubre de 1936. En su discurso expresó: “no puede convencer el odio que no deja lugar a la compasión, ese odio a la inteligencia, que es crítica y diferenciadora, inquisitiva (mas no de inquisición)”.

Ante los gritos de los falangistas, el general franquista Millán-Astray, que encabezaba el acto vociferó: ¡Mueran los intelectuales! ¡Viva la muerte! Unamuno continuó su discurso y pronunció la famosa frase que tiene tanta vigencia ahora en Cuba como entonces en España: “Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta en esta lucha, razón y derecho (…)”.

El Ayuntamiento lo depuso como concejal y argumentó en el acta de expulsión: “no asentó afirmaciones, sino propuso dudas corrosivas”.

Grave delito también para la viceministra primera del MES que deplora la “crítica ácida”.

Como bien afirma el doctor Julio Antonio Fernández Estrada: “En el Estado de Derecho que empezamos a experimentar, el pluralismo político debería ser un principio, pero eso no quedó dentro de la Constitución. Hay que asumirlo como una derrota de la democracia. Como mismo tanto se ganó en algunos derechos, también es justo que recordemos que se perdió o no ganó el derecho a pensar políticamente diferente al Estado y al Partido y no ser discriminados por esto”[6].

La viceministra primera del MES pretende que cumpliendo estas ordenanzas podamos “construir juntos una mejor sociedad”. La interrogante sería: ¿mejor respecto a qué?, pues si esa universidad que nos imponen —con profesores y estudiantes obedientes y acríticos—, hubiera educado a la Generación del Centenario, Batista habría fallecido de muerte natural rigiendo los destinos de Cuba.

Para contactar con la autora: alinabarbara65@gmail.com

[1] El término «totalitarismo» fue acuñado por Benito Mussolini, que propuso el eslogan: «todo en el estado, todo para el estado, nada fuera del estado, nada contra el estado».

[2] Graziella Pogolotti (compilación y prólogo): Polémicas Culturales de los 60, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2006, p. 155.

[3] Falange Española Tradicionalista y de las JONS [Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista].

[4] Eduardo Montagut: “La educación en el franquismo”, descargado de: nuevatribuna.es, O1/02/16.

[5] Redacción BBC NEWS Mundo: “Los inéditos testimonios de intelectuales que sufrieron el mayor caso de vigilancia masiva en la historia de EE.UU. del siglo XX”, consultado en www-bbc-com.cdn.ampproject.org.

[6] Julio A. Fernández Estrada: “¿Y mi Morena? Ideas sobre el pluralismo político en Cuba”, Tomado de eltoque.com, 19/08/19.

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