El modelo y las cosquillas

Por Alina B. López Hernández

A mi amiga, la periodista retirada Katia Valdés —propietaria de una de las mejores bibliotecas personales que conozco—, le debo haber visto el documental El martillo y las cosquillas, dedicado al análisis del chiste político en el socialismo.

A través de un recorrido que inicia en la Revolución de Octubre y se extiende por la conformación y derrumbe del campo socialista, el documental, del 2006 y dirigido por el canadiense Ben Lewis, demuestra la vitalidad que tuvo esta manifestación de la crítica a través del humor.

El chiste político tiene modalidades gráficas, literarias y orales. Puede ser llevado al teatro, la televisión, el cine y, en estos tiempos, también a las redes sociales. La prensa, por su parte, lo ha cobijado desde su surgimiento.

En Ciudad de México se encuentra el Museo de la Caricatura, localizado en el Centro Histórico. Los visitantes pueden conocer y disfrutar de la exposición permanente La caricatura en la historia, historia de la caricatura, que abarca la política en ese país desde 1826 hasta la actualidad.

Si nos ubicamos en la Cuba republicana, podremos citar a cultivadores de la esta manifestación artística tan relevantes como Abela, René de la Nuez o Mario Kuchilán Sol. Sobre este último, que laboraba en Prensa Libre y Bohemia, nos cuenta Ciro Bianchi en Letra con música de fondo, un conjunto de crónicas que edité el pasado año: “Desde el mismo día del golpe de Estado, al que se opuso con fuerza, Kuchilán fustigaba en la prensa a su protagonista. Batista, por su parte, lo tenía en la mira desde que lo dibujara vestido de rumbera, con el siguiente texto a pie de imagen: Amalia Batista, Amalia Mayombe, qué tiene esa negra que mata a los hombres”.

La respuesta del general a la broma no se hizo esperar. Fidel Castro denunció en La historia me absolverá: “El secuestro del periodista Mario Kuchilán, arrancado en plena noche de su hogar y torturado salvajemente hasta dejarlo casi desconocido”.

El loquito de René de la Nuez es descrito en otra crónica del mismo autor:

Es uno de los personajes más populares de la caricatura cubana. De ojos estrábicos y nariz de cucurucho, tocado invariablemente con un gorro de papel periódico, aunque no hablaba, transmitía con claridad luciferina lo que la dictadura de Fulgencio Batista pretendía ocultar mediante la represión y la censura. El Loquito hacía alusiones que el pueblo sabía interpretar.

Es evidente que el período del batistato, tan dado a la represión, hizo florecer este tipo de manifestación crítica. Bien decía nuestro Martí que el humorismo era el equivalente a un látigo con cascabeles en la punta.

En la actualidad, el presidente norteamericano Donald Trump ha sido blanco constante de chistes en la televisión, la prensa y las redes sociales. Los memes que se le han dedicado son joyas de ingenio crítico.

Los ejemplos anteriores, apenas un botón de muestra, indican que los chistes políticos no son ni por asomo exclusivos del sistema socialista. Aunque sí es cierto que en él lograron una gran expansión en número, temas y creatividad: tanto el chiste de autor, más elaborado intelectualmente; como el anónimo, que se transmitió de unas personas a otras de manera oral.

El documental comienza afirmando, de manera absoluta, que si en algo era muy superior el socialismo al capitalismo era en sus chistes políticos. Los había de diversas temáticas: chistes que se quejaban de las privaciones de la vida, el burocratismo, el voluntarismo, el culto a los dirigentes, la prensa, los ambiciosos planes y proyectos que la mayoría de las veces no eran cumplidos e, incluso, del sistema. Vean uno de ellos:

¿Puede construirse el socialismo en el desierto?

Sí, es posible, pero no aconsejable. Luego de un tiempo habrá escasez de arena.

Considero que esta era una forma de ridiculizar las limitaciones impuestas a la libertad de expresión, ya que los chistes contenían realidades que las autoridades no divulgaban públicamente; además de que denunciaban las carencias de la vida cotidiana y la falta de una crítica abierta por parte de los gobiernos y de la prensa partidista.

Funcionaban entonces como una especie de válvula para aliviar la presión social. Así lo reconoce, en entrevista para el documental, Wojciech Jaruzelski, presidente polaco en la década del ochenta: “Los chistes liberaban las tensiones entre el gobierno y el pueblo”. A eso se debió sin dudas su decisión de nombrar como vocero de comunicación del gobierno a un escritor satírico.

Uno de los entrevistados afirma: “Es la Ley de Fausto, mientras más duro el momento, más duros los chistes”. Otro, un rumano, explica que elaboró un manuscrito que contiene 950 chistes políticos de humor negro aparecidos en la década comprendida entre 1979 y 1989. Estructuró el material en doce categorías, para constatar que, de cada tres chistes, uno se refería a la calidad de la vida. El análisis estadístico le permitió concluir que, desde 1985 en adelante, los chistes que se enfocaban en la oposición al sistema aumentaron en un doscientos porciento.

Fueron entrevistados humoristas rusos, polacos, de Alemania Democrática, rumanos, checos y húngaros. Todos coinciden en que eran directamente proporcionales las etapas de agudización de las crisis económicas y la cosecha de chistes políticos.

Esta regularidad permite entender la explosión sin precedentes de chistes sobre el proyecto de criar avestruces en Cuba, que fue anunciado hace muy poco en medio de una terrible carencia de alimentos. Algunos lo entendieron como una falta de respeto a la figura política que lo expuso; sin embargo, era una crítica más profunda al sistema de economía socialista en la Isla; reacción potenciada dada la posibilidad de visibilizar y transmitir los chistes en tiempo record a través de las redes sociales e Internet, algo inédito en el campo socialista, que desapareciera antes del surgimiento de este medio de comunicación.

A partir de que Nikita Khrushchev denunciara los excesos del estalinismo en el XX Congreso del Partido Comunista de la URSS, se flexibilizó la posibilidad de hacer chistes críticos pues, primero, se dejó de encarcelar a las personas por hacerlos; segundo, en todo el bloque socialista se multiplicaron semanarios humorísticos que eran muy demandados.

Esas publicaciones se burlaban del imperialismo y también de problemas menores del socialismo: los vendedores de las tiendas, la burocracia menor, la lentitud en los trámites; entre otros asuntos que, al no dirigir las saetas hacia las causas de los problemas, sino a sus efectos externos, eran bien recepcionados por los decisores de los departamentos ideológicos de los Partidos Comunistas, que eran quienes monitoreaban tales cuestiones. En Cuba, el semanario Dedeté cumplió esa función por muchos años, pero el período especial restringió sus tiradas, que son casi intangibles hoy.

El socialismo se derrumbó a fines de los ochenta. En su caída arrastró a todos los países de Europa Oriental que habían asumido un modelo lleno de errores e insuficiencias. El tipo de chiste político era tan parecido en todos ellos pues similares eran sus desviaciones. Si hiciéramos un estudio en Cuba podríamos ver que algunos de estos chistes llegaron a nosotros.

El caricaturista Nuez explica al cronista Ciro Bianchi las razones por las que El loquito perdió su razón de ser: “La Revolución estaba en el poder y el personaje no tenía que decir en clave lo que podía gritar a voz en cuello, no debía burlar ya ninguna censura. Sus sueños se habían hecho realidad, y dejó de salir”. Se dedicó entonces a la causa del pueblo vietnamita y a la lucha de Chile contra el fascismo pinochetista.

Si bien la prensa en Cuba se ha mantenido distante de la caricatura y el chiste político, este ha reaparecido en la televisión, los teatros y en el ámbito digital, sobre todo en este último. Sigue siendo una válvula de alivio a la presión social que nuestro gobierno no debe ignorar y mucho menos, intentar prohibir. Mientras existan las carencias, los planes insensatos, el voluntarismo, las prohibiciones y la censura; con el humor político ocurrirá lo mismo que con la Ley del Valor: si lo sacan por la puerta entrará por la ventana.

Para contactar con la autora: alinabarbara65@gmail.com

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