Los viejos modos

Por Gabriela Mejías Gispert

Evoluciona es un proyecto nacional que aboga por la visibilización del acoso como parte de una cultura de privilegios machistas. Esta y otras campañas comienzan a hacerse eco de un sentimiento social que viene surgiendo hace unos años.

Creo que muchos factores ayudaron a este paulatino y aún incipiente actuar: Organizaciones no gubernamentales; las acciones del Cenesex; una reforma constitucional que permitió discutir y traer a la esfera pública tanto convicciones como falencias; un presidente al que también respetamos y sentimos cercano; la capacidad y madurez de proponer un proyecto de país sin el temor de decepcionar a quien nos dio la posibilidad de hacer revolución; una asamblea donde con un gran porciento de sus miembros podemos cruzarnos en la cola del Coopelia o sirviéndose una bebida en un bar.

Jóvenes no tan clonados, que expresan una sociedad diversa, multicolor, étnica: cubana. Intelectuales sintiendo que quizás hay líneas divisorias que comienzan a desdibujarse.

Sobre los cimientos de un desarrollo se desparraman las búsquedas de un país que busca identificarse; sin miedo a contaminarse con preguntas que rompan la sacralización de pensamientos amurallados necesitados de solidez histórica; dando espacio a una actividad política menos rígida.

La apertura de las redes sociales son en gran parte el salvoconducto de esta expresión que desde hace un tiempo venía gestándose. Posibilitando el diálogo con una dinámica más certera, sin privaciones de espacio o tiempo la sociedad civil se reencuentra en la confluencia de sentires y pensares.

La conga pacífica de la comunidad LGTIQB; voces de proteccionista de animales en busca de una ley; movimiento de mujeres desmembrando los silencios patriarcales anquilosados en la vida privada y la cotidianidad. Demandas, proyecciones de una sociedad que quiere como dijera Silvio Rodríguez “suprimir la R de revolución”.

Proyectos de cantautores, fotógrafos, deportistas, escritores, cineastas, periodistas, dan cuenta de que comienza a palparse una movilidad que apuesta por defender la versión de un país al cual pertenecemos.

Un archipiélago en crescendo, que pugna por transformar esa “inflación ideológica” de los años sesenta donde era preciso responder a una amenaza de disolución y atomizar la sociedad. No estamos en la necesidad de abogar a una totalidad utópica, cuando lo que nos vuelve genuinos es la diversidad dentro del entramado social.

Los detractores de siempre encontraron en la apertura una vía para insertar un poquito de su bilis como un continuo, pero ahora con otro camino de llegar. A estos ya les conocemos, sabemos cómo tratarles y no son los más peligrosos.

El presidente Miguel Díaz-Canel abanderado de continuidad, muestra una dirección como carta abierta a construir sin perder principios ni convicciones; lo que está claro es que no todos comprenden igual a qué se refiere. Ha repetido en disímiles ocasiones la necesidad de romper con nuestro “bloqueo interno” que incita a la burocracia a repetir incesantemente conductas que deshacen la expresión del pueblo.

La pregunta sería entonces si somos capaces de traspasar el discurso, dejar ir los viejos modos y ser consecuentes en nuestro continuo devenir.

Hay quienes se resisten a salir de su zona de confort y los miedos ponen a funcionar carretas de viejos bueyes, donde el atrincheramiento era la medida más eficaz para salvar una isla.

Son esos que aunque han recitado de memoria el concepto de revolución de Fidel jamás entendieron la profundidad de lo que planteaba. Aquellos que temen que reinventarse sea romper con sus convicciones: enarbolan la prohibición, la censura y la desacreditación como arma ante su inseguridad.

Quién teme a las sombras que le provoca el sol ha dejado de ver la imagen en su totalidad. Intentar acaparar, sobreproteger y redireccionar cada paso hacia el camino que se cree correcto, es deslustrar el significado de estado socialista y democrático en manos de la sociedad civil.

Son estos los responsables de empañar un proyecto revolucionario genuino.

Esos que ven sombras fantasmales en todo lo que ilumina, respondiendo con igual nivel de raciocinio que las ofensivas externas.

Si se vuelve práctica seremos los causantes de nuestra propia desilusión.

Dulce María Loynaz recitaba “Era mi llama tan azul, que por mucho tiempo temí que me apagara la brisa que viene del lado del bosque. Después, la llama aquella quemó todo el bosque”.

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