Una conversación de Historia con Newton Briones Montoto

Newton Briones Montoto integra una familia de combatientes contra las tiranías en Cuba. Su padre, de igual nombre, fue un activo miembro de la organización Joven Cuba, fundada por Antonio Guiteras en los años treinta del pasado siglo; también fue uno de los organizadores del atentado que ajustició a Carmelo González, el traidor que reveló a Fulgencio Batista los detalles del plan de Guiteras para salir de Cuba. Su hermano Antonio Briones Montoto murió en 1967, al intentar desembarcar en Venezuela como parte de una guerrilla antimperialista. Él mismo combatió en la clandestinidad contra Batista.

Newton se graduó de Historia en la Universidad de la Habana en 1975 y fue miembro del Ministerio del Interior cubano hasta 1989. Ha publicado numerosos libros y artículos con una mirada desacralizadora acerca de figuras y procesos de la historia nacional. Entre sus textos podemos mencionar: Aquella decisión callada (1998), Acción directa (1999), General regreso (2004), Esperanzas y desilusiones: Una historia de los años 30 (2008) y Una hija reivindica a su padre (2011).

LJC propuso esta conversación para que los lectores se acerquen a algunos aspectos de la historia de la República que es oportuno retomar.

(LJC) Newton, gracias por acceder a la entrevista. Si en algún espacio está usted en su casa es en este blog, que honra con su nombre a Guiteras y a personas como su padre. Compartimos con usted una predilección: las investigaciones sobre el período histórico cubano que transcurre entre 1925 y 1958. Consideramos que la República burguesa, como es denominada por algunos historiadores, ha sido muy maltratada por el discurso político revolucionario y, en consecuencia, por una importante zona de la historiografía generada después del triunfo de la Revolución. ¿Qué opina al respecto?

(NBM) —Hay que diferenciar dos grandes períodos: el que va desde 1902 hasta 1925, y el de 1925 en adelante. Es necesario entenderlos los dos para saber dónde nos movemos, dónde acertamos y dónde nos equivocamos. Aunque nuestros defectos debemos buscarlos en nuestra cultura. Sinónimo para mí de aprendizaje.

El defecto que le veo al primero de esos períodos, es no haber consolidado lo que entendieron como lo justo y necesario para el país. Para no volver a repetir una metrópoli como la española con sus capitanes generales. Y para ser más preciso podría usar el metro utilizado por Jorge Mañach para evaluar lo próximo: “adelantar la colonia en una república que se bastara a sí misma”. Servir o servirse, es la síntesis de lo que debe ocupar a los hombres interesados en Cuba: “con todos y para el bien de todos”. Nuestras instituciones deben ser más fuertes que los hombres, porque los mortales sucumben a las debilidades del poder. Entre ellos la corrupción y el amiguismo, por citar algunos ejemplos, aunque la lista puede ser extensa. Si servir no está asistido por leyes que los obliguen a hacerlo, entonces volverán a servirse. Si no se parte de esa base todo lo demás puede sucumbir por las debilidades de los hombres. Por eso existieron Machado y Batista. También José Martí lo dejó dicho. Quería una Cuba: “Con todos y para el bien de todos”, no excluía a los que pensaban diferente. Y reiteró su opinión al escribir sobre la Constitución de los EEUU: “una constitución (…) no puede construirse con elementos ideológicos”. Se refería a las dos opiniones existentes en su momento, la esclavitud, unos a favor y otros en contra. Por eso dura esta Constitución: porque, inspirada en las doctrinas esenciales de la naturaleza humana, se ajustó a las condiciones especiales de existencia del país a que había de acomodarse, y surgió de ellas. Y si os preguntan por un buen texto de Derecho Constitucional, señalad la obra nueva de Bancroft. New York, Mayo 23 de 1882.

(LJC) La imagen absolutamente negativa sobre el presidente Ramón Grau ha sido muy reproducida por la historiografía revolucionaria, aunque un libro como El gobierno de la Kubanidad, de Humberto Vázquez García, del 2005 viene a matizar estos aspectos profundizando en los análisis sobre el mismo. También los estudios de Fernando Martínez Heredia, que le reconocen a Grau, amén de que no era un revolucionario, haber sido radicalmente antiplattista, defender con dignidad a su país frente al imperialismo y resistir todas las coyunturas difíciles hasta el final en el Gobierno de los Cien Días, sin renunciar. ¿Cuál es su posición en este asunto?

(NBM) —Faltó por mencionar a Raúl Roa y su opinión sobre Grau, que no es menos importante. Roa dio su opinión sobre el gobierno de Grau y con posterioridad la modificó. En una frase muy sintética explicó su parecer: “la revolución del 30 se fue a bolina”. Pero en esa frase lapidaria, tan conocida y repetida como la marca de un producto famoso, no se explica la desventura del supuesto papalote que fuera esa revolución. Por los términos utilizados no puede saberse a qué se debió su mala suerte. Si perdió el rabo mientras se elevaba a favor del viento. O el hilo que lo sujetaba mientras ascendía estaba podrido y se partió. O si otro cometa, armado con cuchillas en su cola, cortó la cuerda y ello provocó “irse a bolina” y perderse en el cielo de la República.

Sin embargo, lo peor del comentario de Roa es que encasilla el hecho y tal parece haber sido un fracaso total. El logo es para mal y no para bien, y no todo está dicho aún. El propio Roa modificó después del año 59 sus criterios sobre aquella revolución.

(…) Hay ya suficiente lejanía para juzgar, serenamente, el gobierno presidido por Grau San Martín desde el 10 de septiembre de 1933 hasta el 15 de enero del año siguiente. Los testimonios desaforados de sus enemigos suministran una imagen estigmática de esa enmarañada, fluctuante, convulsa y aleccionadora experiencia. El sectarismo que los tiñe y la violencia de la brega deforman el contorno y desnaturalizan el dintorno de los hechos. Mi artículo «Mongonato, Efebocracia, Mangoneo», imbuido de la concepción extremista entonces en boga en la izquierda revolucionaria, es prueba fehaciente de ello. No es que yo vaya ahora a arrepentirme de haberlo escrito. No es eso. Sigo creyéndolo justo a la luz de una óptica genuinamente revolucionaria. Pero lo considero injusto en cuanto falsifica el carácter del gobierno de Grau San Martín, mide por un mismo rasero a los intereses y grupos que lo sustentan y a los que se le oponen, no discierne el alcance popular de sus medidas, sólo ve la incapacidad, la petulancia, la flaqueza y la arrebatiña que lo mina, ignora la gallarda y trascendental postura de la delegación cubana en la Conferencia Panamericana de Montevideo, pasa por alto la ingente labor revolucionaria de Antonio Guiteras y del núcleo decidido que lo sigue y subestima el rol jacobino de las capas más avanzadas de la pequeña burguesía en los pueblos política y económicamente enfeudados a la dominación extranjera.

Con posterioridad Roa expresa, en su libro, “La revolución del 30 se fue a bolina”-, publicado por el Instituto del Libro en 1969:

El gobierno de Grau San Martín no fue, ni podía ser, por su estructura, composición y objetivos un gobierno revolucionario. Ni siquiera consigue expresar la relación de poder, la unidad de fines y la coherencia de métodos que dimanan de su propio carácter nacional-reformista. La verdad monda y lironda es, sin embargo, que ha sido hasta hoy el único gobierno cubano que intentó remover la estructura colonial de la República. Múltiples circunstancias, intrínsecas y extrínsecas, le impiden llevar a cabo la épica empresa. Su propia debilidad, ante todo. Y, después, lo demás. No se le dio un minuto de respiro. Vivió en acoso perpetuo. Fue combatido a sangre y fuego por la embajada norteamericana, los oficiales depuestos, el ABC, la vieja política, el alto comercio español, las corporaciones económicas, las empresas extranjeras, los monopolios de servicio público, el Partido Comunista, la Confederación Nacional Obrera de Cuba, el estudiantado de izquierda y la casi totalidad de la prensa. No tuvo más defensa militante que las aguerridas huestes del Directorio Estudiantil Universitario, ni más pregón que sus propias obras, insidiosamente desfiguradas por la reacción, el imperialismo y la izquierda marxista, en absurda coincidencia. Le faltó el apoyo activo del ejército. No supo incorporarlo políticamente a la lucha contra la restauración y la injerencia.

Falta por decir algo más. En el año 2010 se publicó en Cuba, por la editorial de Ciencias Sociales el libro “Estado y Revolución”. Su autor es un ciudadano canadiense, interesado en las cuestiones de Cuba. Vino a estudiar esa época y se entrevistó con todos los conocedores del periodo, incluyéndome a mí. Revisó archivos en el Instituto de Historia de Cuba. Sus conclusiones son muy elocuentes, aunque a él es al que menos le correspondía hacerlo. Su criterio es que no todo del periodo de 1933 se perdió, según hace creer la sentencia de Raúl Roa. Batista no pudo echar abajo las leyes del gobierno de Ramón Grau San Martín. Utilizó las opiniones de Mendieta, el ABC y otros importantes funcionarios de aquel gobierno de Batista sobre las leyes durante el gobierno de Grau. Lo que hizo aquel gobierno en 127 días resultó tan bueno que los enemigos no lo pudieron amputar.

(LJC) A usted le debemos el libro testimonial Una hija reivindica a su padre. Entrevista a Rita Vilar, en el que se esclarecen las razones que motivaron la expulsión de las filas comunistas de un hombre de la trayectoria de César Vilar; sin embargo, una interrogante me quedó tras su lectura: si las discrepancias se debieron a puntos de vista contrarios sobre el apoyo a los moncadistas, habida la intención del Partido de desmarcarse de cualquier relación con el asalto al Cuartel Moncada, lo cual puede ser perfectamente comprensible en momentos en que su estrategia era más bien reformista, ¿por qué cuando la actitud del Partido hacia la lucha armada y el papel del M-26-7 cambió, aun así se mantuvo el distanciamiento hacia César, que murió en 1973 sin haber sido rehabilitado? La duda se relaciona con un acta que existe en el Instituto de Historia de Cuba que recoge algunas de las discusiones sobre el tema de la expulsión y donde los principales argumentos no eran estratégicos o ideológicos, sino relacionados con acusaciones de corrupción y mal uso de los fondos del Partido de César hacia algunos altos dirigentes nacionales de esa organización. Nos gustaría mucho conocer su criterio.

(NBM) —Conocí a Rita Vilar, la hija de César, en casa de Papito Serguera. Ella comenzó a comentarme la historia de su familia y en específico la de su padre. “El hombre que veló solo el cadáver de Jesús Menéndez y que lo trajo hasta La Habana desde Manzanillo, hablando en cada paradero al pueblo que esperaba el paso de su líder asesinado, fue mi padre”, me dijo. Lo que decía me sorprendió por lo novedoso y tenebroso del hecho. Le dije: ¿por qué no lo escribes? Me respondió: “no me siento capaz”. “Dáselo a un periodista”, insistí. “No quieren meterse en el asunto”. Entonces propuse: “Si quieres, yo te lo grabo y después armamos un libro”. Así comenzó la redacción de Una hija Reivindica a su padre.

Evocar acontecimientos históricos es un deleite, y más sino son muy lejanos en el tiempo. Se disfruta como una tragedia griega en versión de época moderna. Y también como una enseñanza para la lucha. Los revolucionarios podrán aprender lo que se debe hacer y lo que no. Tomar en cuenta la advertencia de Martí: “en política lo real no se ve”. Es una clase de historia contemporánea y una lección para no olvidar. Aunque es necesario entender el todo para juzgar las partes y eso es lo que me propongo.

Los hechos, sucedidos de manera inesperada y casi inevitable, tuvieron consecuencias imposibles de precisar de antemano. La fecha del comienzo de esta historia puede situarse en varios tiempos. Escogeremos uno para ubicar al lector, podemos tomar el 10 de marzo de 1952 como el inicio, cuando Batista da el golpe de estado. A este hecho se le fueron uniendo factores, antes y durante el momento, en apariencia inconexos entre sí. Creando una historia que con el tiempo se convertiría en una perfecta tormenta política y sus vientos huracanados llegarían hasta nuestros días. El PSP quiso aprovechar el golpe de estado para conectar de nuevo su relación con Batista. Relación comenzada en septiembre de 1938. En aquella fecha obtuvieron beneficios políticos al unirse a Batista en las elecciones para delegados a la Asamblea Constituyente. Comicios en los que Batista y sus aliados lograron pequeños resultados y obtuvieron 35 delegados de los 76 a elegir. Ante esa inferioridad, y con vista a las elecciones presidenciales de 1940, Batista debió seguir buscando alianzas. A cambio de apoyarlo, el PSP obtuvo la legalización del Partido y el derecho a reorganizar el movimiento sindical bajo su control, un periódico y dos ministros en el gobierno. Evaluar el acontecimiento no resulta fácil. Tiene, como todo, pros y contra, y requiere otros análisis posteriores.

Ahora, en 1952, vieron una segunda oportunidad de obtener ventajas. El recado estaba en camino y esperaban la respuesta. Sin embargo, el asalto al cuartel Moncada se interpuso al propósito. Los dirigentes del PSP celebrarían el cumpleaños de Blas Roca, 24 de julio, en Santiago de Cuba. Los dos eventos, el cumpleaños y el asalto al Moncada, no estaban conectados. No obstante, la dictadura los vio, en sus inicios, como una acción mancomunada. Entonces arrestaron a algunos comunistas y el Partido debió salir a defenderlos para demostrar que no tenían nada que ver con el hecho. De lo contrario, la alianza que buscaban con el régimen se afectaría. Fueron arrestados en Santa Clara, cuando regresaban de la reunión que se había realizado en la capital oriental, los dirigentes de base José A. Cabrera, Antonio Pérez Mujica y Bernardo Hernández, quienes fueron llevados al cuartel y remitidos a Santiago. En su tránsito por Camagüey serían ametrallados por un soldado y luego presentados a juicio como heridos en el Moncada. También arrestaron a Lázaro Peña y Joaquín Ordoqui. Un nuevo dilema: obtener el apoyo de Batista o defender a los revolucionarios, uno casi invalidaba al otro, ¿por cuál decidir?

Las declaraciones durante el juicio del Moncada no dejaban dudas por quien se inclinaron. Los datos los reprodujo Theodoro Draperen uno de sus libros: «Repudiamos los métodos putchistas propios de las facciones políticas burguesas, empleados en la acción de Santiago de Cuba y de Bayamo, que fue un intento aventurero para apoderarse de ambos cuarteles generales del ejército. El heroísmo desplegado por los participantes en la acción es falso y estéril y está guiado por concepciones burguesas y erróneas». La pasión les impidió ver la tragedia, y por eso decidieron mal. Los lectores podrán sacar sus propias conclusiones.

Entre los escollos a resolver, debían solucionar qué hacer para ser aceptados por los EEUU. Después del golpe, los dirigentes del PSP habían establecido contacto con Raúl Lorenzo Ruiz[i], ministro de comercio del nuevo gobierno. Él redactó la proclama del 10 de marzo: “Proclama al pueblo de Cuba”. Según Lorenzo, se la sugirió a Batista porque “consideraba que era necesario un documento político programático que justificara el golpe”. No era un desconocido, en 1937 había militado en las huestes juveniles comunistas. Mantenía relaciones con los dirigentes del PSP y ellos le habían dado la encomienda de sondear a Batista para ser aceptados. Aunque Batista estaba subordinado a los designios del Departamento de Estado y en ese momento debía obtener la anuencia por el golpe de estado, la respuesta de Raúl Lorenzo llegó: “los americanos los tienen vetados y no puedo hacer nada”.

Para no dejar dudas sobre la posición de Batista hacia los comunistas, el 28 de marzo declaró a la revista Visión, que circulaba en todos los países de habla hispana del continente, que no tendría tregua con los comunistas, que “los vigilará estrechamente y que, si lo obligan a ello, tomará medidas drásticas contra los mismos”.

A la cuesta empinada se sumó otro problema, como para hacer más difícil el ascenso. Terminado el juicio del Moncada y absueltos los comunistas, se reunió el Comité Ejecutivo del Partido para juzgar los hechos del 26 de julio. La reunión se celebró clandestinamente en La Habana, a mediados de noviembre de 1953. Blas hizo un informe sobre los hechos y también Aníbal Escalante. Ambos fueron críticos del asalto.

Concluido el turno de Escalante, se levantó César Vilar para manifestar su desacuerdo a la decisión de la dirección del PSP en el momento del juicio del Moncada. Este había sido constituyentista en 1940 por el Partido, y después sería Representante a la Cámara y Senador de la República. Era miembro de la Mesa Ejecutiva del PCC, y de su organismo más estrecho: la Comisión de Control. Vilar calificó la posición asumida por el PSP como un error oportunista de derecha. Oportunista porque negociaron su libertad, y de derecha porque favorecía a los elementos reaccionarios del ejército.

En el propio informe hecho por César sobre lo ocurrido en esa reunión, explica que los abogados les dieron instrucciones previas a los miembros del Partido, aconsejándoles que se mantuvieran serenos, y que si no les preguntaban en cuanto a las heridas que no hicieran referencia a ellas. Algo criticado por uno de los encartados, José Llosa, inconforme con semejante orientación. César llama la atención, incluso, acerca de que es Melba Hernández quien hace la denuncia en el transcurso del juicio, refiere también elementos sobre cierto distanciamiento que se produjo en las galeras entre los comunistas y los moncadistas a consecuencia de esa actitud, finalmente denunciada y expuesta con precisión por el asaltante Ernesto Tizol, tras lo cual los agredidos fueron llamados a declarar de nuevo. Interrogados al respecto de la declaración de Tizol, la ratificaron. En su opinión, lo correcto habría sido que, cuando los comunistas expusieron la línea del PSP en el juicio —contraria en ese momento a la acción armada— no hablaran del putsch en abstracto, sino que responsabilizaran claramente al gobierno de Batista, y que los crímenes cometidos en el asalto al cuartel Moncada no eran responsabilidad de los cubanos valientes que participaron en el mismo, pero equivocados, sino del gobierno producto de un golpe militar, con una proyección pro imperialista antipopular, que creaba las condiciones para ese tipo de acto desesperado.[ii]

Ocho meses después, en julio del 54, el Comité Nacional citó a César Vilar para una reunión. Esta comenzó doce horas después de llegar al lugar de referencia. Tampoco le dieron a conocer la orden del día y su desconocimiento lo obligaba a una improvisación. Pidió aplazar la reunión para prepararse en asuntos tan delicados e importantes. Fue rechazada su propuesta y siguió adelante como si nada hubiera pasado. Lo acusaron de estar en contacto con el enemigo. Es decir, se le acusó de ser un traidor al Partido. “He sido militante del Partido Comunista durante 26 años. A lo largo de los mismos he ocupado altas posiciones en él, en el movimiento sindical y en el parlamento de la Nación, representando al Partido. Hasta estos momentos se había considerado mi vida como un ejemplo de honradez, sacrificio y dedicación a la causa del proletariado. He sido, soy, y seré comunista. Mi expulsión está determinada por un desacuerdo político-ideológico con la dirección del Partido. Desacuerdo que tiene por base la actitud que tuvo el Partido Socialista Popular en el desenvolvimiento del juicio por los acontecimientos del Cuartel Moncada”.

César Vilar no era la única voz discordante, otros pensaban igual, aunque no lo expresaron en aquel momento. Este es el testimonio que sobre el tema brindara Edith García Buchaca, también dirigente del PSP:

Aún recuerdo cuando nos encontramos al dejarle en libertad provisional. [César] Vino exaltado y me dijo: «Idy, el Partido está equivocado, estos muchachos saben lo que quieren y han demostrado una gran calidad. Lázaro Peña y yo estamos en desacuerdo con la actuación de nuestros abogados del Partido. Ellos sólo buscan que se confirme que el Partido fue ajeno al asalto y sacarnos absueltos. Pero actuar de ese modo le resta autoridad y prestigio al Partido. Ante la valentía de esos muchachos, nuestra actitud aparecerá mezquina. Batista ha cometido un crimen monstruoso y ha asesinado a decenas de jóvenes y nuestra actitud en el juicio debe dirigirse a condenar ese crimen, no a defendernos»”[iii].

Sobre la pregunta de Joven Cuba relacionada con acusaciones de corrupción y mal uso de los fondos del Partido. En octubre de 1951 se llevó a cabo una reunión para analizar el trabajo de César Vilar como secretario del PSP, durante once años, en la provincia de Oriente. La intervención de Blas en aquella asamblea fue publicada en la revista Fundamentos.[iv] No hubo la menor insinuación sobre malos manejos de fondo en el Comité Provincial de Oriente. Aquella reunión no es la que provocó después la insinuación, son otras las causas. Mostrar la separación como resultado de su opinión de lo sucedido en el Moncada, visto desde el ángulo político deja poca ganancia para la organización. Que debe pelear en ese mismo plano por conseguir votos en futuras elecciones.

(LJC) Gracias Newton por dedicarnos este tiempo.

[i] Al constituir el Gobierno de facto, el General Batista creó el Consejo Consultivo (10 de marzo 1952), integrado por 82 representativos de todos los sectores del país. Raúl Lorenzo fue designado, gracias a su estrecha vinculación con Miguel Suárez Fernández, y con posterioridad, al solicitar este licencia como Ministro sin Cartera del propio Gobierno,  en 1953, se le nombró en su sustitución, pasando meses más tarde a Ministro de Comercio. (Lorenzo se marchó de Cuba en 1959. Después regresó y tuve la oportunidad de entrevistarlo conjuntamente con José Luis Padrón, el 23 de septiembre de 1998, en La Habana).

[ii]Angelina Rojas Blaquier: Primer Partido Comunista, t. 3. Editorial Oriente. Santiago de Cuba. 2010, pp. 62-63.

[iii]Miguel Barroso: Un asunto sensible, Edit. Mondadori, Barcelona, 2009,pp.  334-346.

[iv]Fundamentos, no. 105,julio 16 de 1954, pp. 1 y 115.