Ser comunista…

Foto: Infobae

Por Yasvily Méndez Paz

Cuando era niña, llamaba mi atención la molestia provocada a un hombre si le gritaban: ¡comunista! ¿Cómo sentirse ofendido —pensaba yo— si ser comunista es algo bueno? Pasó el tiempo y me convertí en una adolescente de 16 años a la que un día propusieron que ingresara a la UJC. En aquellos momentos sentí mucho orgullo; la educación ideopolítica que había recibido en mi familia, unida al mimetismo con que nos inculcaban en la escuela; la simpatía hacia esa ideología –¡pioneros por el comunismo, seremos como el Che!– influían en mis valoraciones. Llegué a la universidad siendo miembro de la Juventud y una vez en la vida laboral, ingresé a las filas del PCC. En aquel entonces, estaba convencida de que ser comunista y revolucionaria significaba pertenecer al Partido, pero paulatinamente mi visión adquiriría otros matices.

Compañeros de trabajo –algunos jóvenes, otros no tanto— han manifestado su decisión de no ingresar a las filas del PCC, a pesar de ser de los mejores profesores, comprometidos con la profesión que habían escogido. Historias personales, desencuentros pasados de familiares, entre otras razones que marcaron sus vidas para siempre, influyeron en sus decisiones. Muchos aluden que no necesitan ser integrantes del PCC para ser revolucionarios y defender las conquistas de su patria; otros hacen alusión a dogmatismos de la mencionada organización política. En efecto, cabildeos, injurias malsanas y componendas estériles de comunistas dogmáticos y extremistas, me hicieron cavilar largas horas.

«La libertad es el derecho que tienen las personas de actuar libremente, pensar y hablar sin hipocresía», decía nuestro Héroe Nacional. A ser consecuentes con nuestras ideas, pensamientos y decisiones, no dejarnos vitorear por cantos de sirenas o encasillamientos pusilánimes poco ajustados a nuestra realidad cubana y latinoamericana, nos anima Fernando Martínez Heredia. Eso ha pasado con la falta de visión política del PCC en diferentes coyunturas históricas. Me refiero a la línea dogmática, plagada de burocratismos y esquematismos, no a comunistas que dentro o fuera del Partido que han luchado por combatir equivocaciones.

Recuerda Martínez Heredia que Mariátegui fue considerado el diablo por el Partido Comunista, una desviación del marxismo, e incluso el Partido Comunista peruano fue felicitado al colocar en el centro de su lucha ideológica el enfrentamiento contra lo que denominaron «la desviación mariateguista». Algo similar ocurrió con Julio Antonio Mella, quien fue expulsado del PCC –del que había sido uno de sus fundadores— por aquella huelga de hambre que hiciera durante el gobierno de Machado al ser considerado un acto de indisciplina. Antonio Guiteras, cuyas posiciones marxistas y antiimperialistas denotaban un profundo conocimiento de la realidad cubana, fue un comunista convencido sin cartilla oficial. Coincido con Martínez Heredia al aseverar que el Programa de la Joven Cuba constituye uno de los «documentos políticos trascendentales del siglo XX en el país. En él se afirma que Cuba tendrá que asumir el socialismo para lograr completarse como nación. Guiteras se comporta como un comunista, aunque no se identifique como tal».

Como bien acierta el excelente intelectual cubano, por aquella época en Cuba ese apelativo sólo se aplicaba a los miembros del PCC, «la revolución socialista de liberación nacional […] convirtió en algo natural comprender qué es un comunista y cómo este proviene de una lucha y unas ideas comunistas, y no de una organización determinada, pero la cuestión volvió a oscurecerse en la ideología estructurada durante una etapa prolongada, y sus efectos se sienten todavía». A partir de la crisis socioeconómica e ideológica de los noventa, el proyecto revolucionario dejó de reinventarse a sí mismo. Varado en un punto ciego, estático e inamovible por varias décadas, hoy está sujeto a un grupo de cambios económicos, políticos y jurídicos que pudieran dar frutos certeros. Reconocer a sectores estratégicos de la sociedad cubana como los maestros, es una decisión inteligente y justa. Cuba tiene que fortalecerse culturalmente para sostener la batalla ideológica entre el capitalismo y el socialismo, que se extiende hasta en las representaciones sociales y la cuestión simbólica.

Martínez Heredia nos incita a no ser ingenuos políticamente; no hay nada intermedio, se trata de capitalismo o socialismo. Y sabemos por las experiencias históricas, que el capitalismo no es una solución viable para Cuba. Entender el significado de ser comunista, es una tarea necesaria para aumentar la cultura política en nuestro país. Ser comunista es mucho más que integrar el PCC, es ser consecuente con el marxismo ajustado a la realidad cubana y latinoamericana, en total simbiosis con la historia de liberación nacional, abogar por la construcción de una sociedad superior en los marcos del socialismo y utilizar las armas adecuadas desde nuestro campo de acción para perfeccionar la «Revolución Socialista de liberación nacional». No importa desde donde se escribe, sino la posición y los propósitos que se defienden. Ser consecuentes, orgánicos y transparentes con el compromiso de la patria, esa es la palabra de orden.

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