La Revolución Cubana y los sueños

 Por Yasvily Méndez Paz

«Escribe tu sueño…gira las aspas», eslogan que llamaba la atención de transeúntes locales, nacionales y extranjeros cuando visitaban la Plaza de la Vigía en el marco de Ríos Intermitentes, Matanzas, Cuba. Me sorprendió cuántas personas —infantes, adultos y ancianos— entraban a la pintoresca casucha para dejar plasmados sueños, esperanzas e ilusiones. Motivada por la curiosidad, entré al transitado recinto artesanal y mientras arreciaba un torrencial aguacero, revisé los escritos plasmados en un cuaderno habilitado con esos fines. No soy de las personas escépticas que ensombrecen esperanzas, pero lo que leí me preocupó demasiado. El contenido de aquellas páginas revelaba posiciones sociopolíticas de insoslayable envergadura. ¿Cuál será el rumbo de la Revolución Cubana?¿Adónde irán a parar los sueños? ¿Y la juventud? Enigmas, entresijos e interrogantes aún sin solución definitiva por la vía socialista.

Quizás esa encrucijada haya sido una de las motivaciones de Fernando Martínez Heredia para dedicar parte de su producción académica al estudio de la «Revolución socialista de liberación nacional», y a hacer propuestas que condujeran al desarrollo orgánico de su cauce. Hace alrededor de dos años presentó al Grupo de Estudios sobre la Revolución Cubana del Instituto Cubano de Investigación Cultural (ICIC) “Juan Marinello”, cinco problemas y seis necesidades básicas para investigar la Revolución Cubana. Comentaré algunas de sus reflexiones para incitar el debate en torno al tema.

Es preciso no «confundir el apoyo a la Revolución con el defensismo» porque «ocultar la verdad perjudica» y los «medios cubanos no hablan. Ahí está el problema grave». Fijémonos en la vigencia de estaspalabras del eminente intelectual cubano. Pongamos un ejemplo reciente.

Durante el mes de junio, medios oficiales cubanos afirmaron que todo estaba asegurado para que durante el verano no existieran apagones planificados por déficit de generación. ¿Qué ha pasado? Todo lo contrario. Y cuando comenzaron las críticas por las redes sociales que mostraban las molestias de la población cubana, el Ministro de Energía y Minas aseguraba: «su impacto llegó a algo más de tres horas como promedio y en algunos casos superiores». Esa información es, además de imprecisa, incierta. ¿Cuántas personas han estado sin energía eléctrica durante toda la noche e, incluso, parte del día?

Si no somos capaces de enfrentar los problemas con transparencia, se acentúa el descrédito por el sistema político.

Martínez Heredia nos incita a que en el marco de la Revolución analicemos hechos, problemas y procesos fundamentales, teniendo en cuenta contradicciones y conflictos. No se es marxista, sin ser consecuente con la realidad a través de la verosimilitud de los hechos. Como él mismo refiere: «no es lo mismo ocultamiento que no acceso, pero el resultado es el mismo». En una época donde la información se transmite por varias vías, es imposible ocultar la verdad. No obviemos la compleja situación sociopolítica en que se encuentra inmerso el país en la actualidad, se deben generar estrategias certeras para salvar el proyecto socialista cubano.

Martínez Heredia resalta «la importancia simbólica, política e ideológica de la revolución», que obedece a contextos, coyunturas y sujetos históricos determinados. Ese simbolismo hizo al proyecto revolucionario cubano no perecer ante la crisis de los noventa porque, a pesar de los avatares, al menos tres generaciones la mantuvieron incólume. Hubo éxodo, sí, pero muchos defendieron el proyecto socialista, algunos, por no tener más opciones o sentirse obligados por la autocensura, otros por confiar de corazón. Entre baobabs, serpientes y frutas prohibidas, quedaban quimeras, fantasías y expectativas que cumplir, al menos, como proyección futura.

El Che confió plenamente en la construcción del hombre nuevo, el hombre del siglo XXI en los marcos del socialismo. Consciente de que el camino era largo y lleno de dificultades, le daba un peso fundamental a los vínculos entre dirigentes y masas, quienes avanzarían más rápido si las alentaban con su ejemplo. Consideraba que los dirigentes de la Revolución debían tener una gran dosis de «humanidad, sentido de la justicia y verdad para no caer en extremos dogmáticos, escolasticismos fríos, aislamiento de las masas». En Cuba, estos vínculos han fallado durante los últimos tiempos, motivación suficiente para el cambio de estrategia en cuanto a ejercicio de liderazgo y contacto más directo con las personas y con los problemasen la nueva administración presidencial, métodos que han llenado de esperanzas a los que confían en la construcción de una sociedad superior en los marcos del socialismo. Ojalá podamos mantener esos sueños y hacerlos atractivos para la juventud cubana, esa que el Che denominó «la arcilla maleable con que se puede construir al hombre nuevo». A concebir nuevos sueños estamos abocados todos…Una luz al final del horizonte, esperanzas de cimentar una sociedad superior.

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