No estamos de acuerdo en todo, pero colaboramos

Los pasados días 24 y 25 de junio, parte del equipo de LJC estuvo en un evento en el Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo-Cuba (CCRD-C), sito en la ciudad de Cárdenas. Quedamos muy impresionados por la labor de la institución en la comunidad y solicitamos una entrevista con su directora.

RGM.Ya tienen mi nombre: Rita María García Morris. Me llamo igual que mi mamá, pero todo el mundo me dice Ritica. Nací en Santiago de Cuba. Mi papá era pastor de un pueblecito, hoy el actual central Urbano Noris. Soy hija de la UMAP. Fui concebida en los campos aledaños al campamento donde él estaba en Camagüey. Estuvo prácticamente tres años y nunca  terminó. Decidió desertar, y se fue.

Vivíamos en Santiago. Él era pastor de la iglesia Bautista. Por diferencias con la iglesia decide salir hacia Matanzas, y ya acá estaban sus antiguos profesores del Seminario. Entonces comenzamos nuestro bregar en la zona occidental. Como pastor ahora de la iglesia presbiteriana, con tres hijos pequeños y mi mamá, que ha sido la persona que nos ha mantenido unidos como familia.

Fue en 1980 cuando llegamos a Cárdenas. La iglesia de aquí es de sostenimiento propio, tiene suficientes medios para hacer el llamado de un pastor.  Para mí, Cárdenas era una ciudad cosmopolita, grande, diferente de todos los lugares donde habíamos estado.

Mis hermanos y yo nos sorprendimos de esta gran ciudad. Y era difícil la vida para tres hijos de un pastor. Fue una época de crisis porque esta era una ciudad permeada por criterios fuertes respecto a cómo relacionarse con hijos de un pastor y el tratamiento a la iglesia.

Venimos de una  familia donde la participación ciudadana en la escuela, dentro de los CDR, donde el sueño de un gran país, de una gran Revolución, estaba presente. Y nos tocó, más que participar, luchar para que nos dejaran participar. Fui una adolescente muy rebelde porque quería hacer y no podía, y porque tenía una familia de pastores y por el otro lado se me abría un mundo desconocido en una ciudad grande donde podías hacer cualquier cosa. A veces no se me permitía por la casa y otras veces no se me permitía dentro de la escuela, del preuniversitario. Algunos profesores me recuerdan y me escriben, y rememoran cómo era que pedía tanto participar, estar. Quizá eso venga de mi padre, un hombre de la clandestinidad, un  hombre deseoso de hacer cambios.

Pedí una carrera para la Unión Soviética porque quería demostrar y hacer cosas, primero como mujer, y segundo, para ser partícipe de todo lo grande que se esperaba de este país. Pero no fui.

Mi padre dijo: “el que no trabaja no come”. Me decidí a ir a buscar trabajo fuera de la ciudad. De las cosas que te ponen en el camino: pido una botella,  y era el director de la fundición de Jovellanos. Me dice que tenía dos cursos de obrero calificado. Se pagaba bien. En aquel momento los obreros ganábamos muy bien. Y me propone  trabajar en una fresadora, o hacer un curso en una  grúa. Decirme grúa fue que se me abrieran los cielos.

Estuve laborando mucho tiempo en la fundición.  Lo recuerdo tan gratamente, que si hoy existiera de nuevo la posibilidad, pediría un año de gracia para formar jóvenes en ese sentido. Pero sueño con hacer cosas mejores.

En una ocasión, en  una empresa en Cárdenas, el director —que hoy es mi amigo—, me dijo que no contrataba mujeres. Fui al Partido, reclamé que no me dejaban trabajar, que yo estaba graduada. Al mediodía me dieron respuesta y empecé. Era la fábrica Horacio Rodríguez, perteneciente a la industria sideromecánica. Siempre fue algo raro ver a una mujer, de dos o tres que habíamos, manejando las grúas. Me enseñó mucho todo aquello.

Estoy muy agradecida a la municipalización. Me hubiese gustado ser ingeniera agrónoma, pero no vino en mi momento. Me hice licenciada en Humanidades. Ahora terminé una Maestría en Dirección Empresarial.

De mi padre aprendí a amar la familia, la Patria, a trabajar, a querer a aquellos que no tienen voz, que a veces está callada y necesita ser escuchada.

LJC. El CCRD-C se inauguró en medio de la crisis del derrumbe del campo socialista. ¿Qué se propusieron en aquel momento y qué han logrado hasta hoy?

 RGM. El Centro comienza a trabajar en el 1991. Fue siempre el sueño de Raimundo García Franco, aquel pastor que estuvo en la UMAP. Él pensaba que tenía que haber un lugar donde se trabajara por la reconciliación y los derechos. Que en la medida en que el tiempo transitara y cambiara la situación, pudiéramos trabajar en diferentes temas. Por supuesto, ese momento fue crucial, se atravesaba en el país por un período de grandes necesidades, sobre todo económicas.

Se comienza a trabajar primero desde los predios de la iglesia. Arrancamos buscando donaciones para traer a Cuba. Teníamos un vínculo ya con la obra misionera de Berlín, con Pan para el mundo, con otras iglesias, sobre todo de Europa, y empezaron a llegar grandes donaciones: medicamentos, insumos, camillas, sillones, riñones artificiales, para hospitales. Comenzaron a llegar y a distribuirse desde aquí. Todo lo que pudiera hacer falta en hogares de ancianos, en educación.

Se  tuvo en cuenta también la gran inquietud medioambiental del momento. Se empezó a enfocar el tema del medio ambiente. Con un proyecto financiado por una organización española se trajeron bio-digestores e implementos para recolección de basura.

Hubo un gran proyecto que se llamó Mariposas, motivado por el resurgimiento de la prostitución en Cuba. Nos relacionamos con esas mujeres. Formamos un equipo donde también estaba la FMC, la Fiscalía, la PNR. Pero sobre todo, para estudiar, no para reprimir; para saber cuál era el detonante de aquello. Había que ocuparse del tema de la salud de esas personas. No había entonces un trasfondo de cuidado de salud pública como ahora.

No nos dábamos cuenta de que ya estábamos abordando los temas de violencia de género y familia; de la división de la familia cubana, y de la niñez, porque nos encontramos casos donde eran niñas las que se prostituían. Igualmente teníamos en cuenta la problemática de la tercera edad.

Se fue incorporando el tema de la reconciliación entre Cuba y Estados Unidos. Todo cuanto era posible se abarcaba, ya que las problemáticas eran diversas y complejas. Ha sido un trabajo duro. Somos una institución con sede en Cárdenas, pero su alcance es nacional.

LJC. En nuestro blog fue publicada la historia de una organización feminista llamada Magín que surgió más o menos en la misma época del CCRD-C; sin embargo, y a pesar de todos sus esfuerzos por legalizarse, nunca lograron ser inscritas en el Registro de Asociaciones y fueron obligadas a desactivarse. Sabemos que el Centro tiene reconocimiento legal, y teniendo en cuenta la apertura que ofrece la nueva Constitución hacia un Estado Socialista de Derecho y de que la propia Constitución admite la libertad de asociación. Entonces su experiencia puede servir de modelo a futuras asociaciones de la sociedad civil cubana; por eso nos gustaría compartirla.

 RGM. Fue un largo camino. Habíamos comenzado a trabajar alrededor de diez personas y todo con personal de la iglesia local. Fuimos modelando la misión y la visión de la institución, cómo dirigirla. Teníamosque institucionalizarla aun sin que tuviera personalidad jurídica. Organizamos una asamblea, una junta directiva, para que ella nombrara un director o directora y un vicedirector o vicedirectora. Se crearon estatutos. Pasó mucha gente buena por aquí. El profesor Julio Fernández Bulté y Aurelio Alonso fueron miembros de la junta. Eran personas inteligentes, capaces de avizorar el futuro. También teníamos pastores, gente que tenía que ver con el trabajo del Centro, porque es una institución religiosa, así está inscrita.

Fueron muchos años solicitando la personalidad jurídica, veinte para ser precisos; de trabajar, de demostrar a través del accionar con la propia iglesia cubana con su unidad, su despertar, con temas tan polémicos.

Sí les puedo decir que, quizá por el trabajo que se venía haciendo, tuvimos el apoyo de la Oficina para los asuntos religiosos del Comité Central del PCC, y también del Ministerio de Justicia. El Centro pudo lograr su objetivo, poco a poco logró acceder a cuentas bancarias en divisas y en moneda nacional. Adquirió las propiedades en las que hoy radicamos, se le compró el terreno al Poder Popular y se fue preparando la instalación.

A lo largo de veinte años fueron presentadas diversas versiones de estatutos, y sostuvimos conversaciones con el Ministerio de Justicia. No fue fácil, pero creo que el Centro mostró una labor continua, colaborativa –donde el Consejo de Iglesias de Cuba y el Centro Martin Luther King Junior tuvieron gran influencia—. Fue el trabajo de muchas personas, con mucho acompañamiento institucional.

Hubo que superar momentos tensos. Se nos pidió cambiar el nombre, por ejemplo, ser Centro de Reflexión y Diálogo. Eso nunca se aceptó, lo que demoró el proceso. Los estatutos también fueron un factor ralentizador.

A pesar de la demora no nos detuvimos, el Centro se fue convirtiendo en un lugar grande. Se fue ampliando a la vista de las autoridades.

También hemos estado presentes en muchas de las situaciones que se han dado en el país. El director anterior fue uno de los que más fuertemente apoyó el regreso del niño Elián. Se han apoyado causas en cada momento. Eso no quiere decir que no haya aspectos con los que no estemos de acuerdo. Sobre todo el tema de los derechos. Asuntos que han llegado con la Constitución.

LJC. Como usted ha explicado, el Centro desarrolla un trabajo que se despliega en varios sectores de la vida social y cultural. En este nuevo escenario, con la Constitución de 2019, cuáles son sus principales líneas de acción.

 RGM. El cambio de Constitución no ha hecho que el Centro cambie su camino; más bien en el Centro esperábamos mucho más de la Constitución. No quiere decir que esta no sea mejor que la anterior.

El trabajo ha crecido y es casi imposible llevar todo lo que se hace con la cantidad de personal actual, que es poco.

Trabajar por los derechos, con los derechos, es fundamental. Soy del criterio que derechos es todo: por el medio ambiente; contra la violencia de género; en favor de los afro-descendientes, de la comunidad LGBT, de los residentes en comunidades rurales donde nadie sabe cómo se vive, y donde se ven casos que yo nunca pensé que existieran; apoyar a los emprendedores, es derecho; intentar cambiar algunas leyes para que tu municipio sea mejor; porque los líderes tengan que cambiar, es derecho.

Y si alguna herramienta tenemos hoy es precisamente la comunicación. Lo otro es la reconciliación. Estamos en un momento donde ir a todos, construir entre todos, el país lo necesita para crecer, para que las cosas cambien, cambien en positivo, para mejorar. No soy amiga de las grandes campañas, me gusta trabajar desde abajo.

LJC. Vemos al Centro con una amplia labor, y que en ocasiones pisa terrenos polémicos, con posturas políticamente complicadas. ¿Cómo logra seguir el Centro y mantener su imagen a pesar de eso?

 RGM. El Centro camina porque no es él nada más. Tiene sus relaciones con las autoridades del país, los gobiernos municipales, provinciales, el gobierno nacional. Tiene muchas sinergias. Aquí cabe el trabajo con todos, siempre que sea un trabajo para bien y que mejore el estatus del ser que hoy vive en Cuba. Tenemos sinergia con la FMC; con los Ministerios de Salud, Educación y Agricultura; con las universidades, en fin, con el Estado cubano. La base del respeto a la ley, a lo establecido, al relacionamiento directo, a la transparencia, ha ayudado también.  No estamos de acuerdo en todo. Hemos tenido nuestras diferencias con el gobierno, pero colaboramos. La historia del Centro ha servido para que otros estén a punto de obtener su personalidad jurídica.

Pienso que es algo de paciencia. No le pido a nadie que la tenga, pero ese trabajo, es lo que da a la meta. No es una  carrera, es el día a día, y han sido muchos años de no desesperarse. Lo más importante es la tenacidad, la conversación con la autoridad —no es bueno dar la espalda a la autoridad—. Conversar, llegar a entendimientos comunes, y no hablo de claudicar. El Centro aboga porque las nuevas instituciones y proyectos estén legales y trabajar sobre la legalidad. Y por último, la unidad. Si el centro hubiese trabajado solo, no estaría aquí.

LJC. Hace poco hablaba del apoyo del Consejo de Iglesias. Estamos viviendo algo excepcional, y es la división de la iglesia. Aparece la Alianza de Iglesias Evangélicas de Cuba. ¿Qué opinión le merece esto?

 RGM. Yo y el Centro somos hijos del ecumenismo cubano. Para mí, es un acto de valentía: Asociarse era un secreto a voces. Porque hay iglesias que nunca fueron miembros del Consejo, y porque hay iglesias que decidieron separarse del Consejo y aun así aparecen en su manifiesto.

Personalmente no creo que la división ayude a nadie, con todo el respeto que merece la Alianza. Creo que se debió conversar, que debimos estar atentos, oír cuáles eran sus pedidos y que debieron llegar a consensos, porque dividir la iglesia es dividir la Patria, es dividir a Cuba, independientemente de lo que cada cual predique,  cada cual pida, cada cual se haga eco en sus acciones.

Si tuviera que tomar partido, lo haría por el Consejo de Iglesias de Cuba. No por ser el Consejo, sino porque están otros hermanos de fe. El Consejo no es perfecto, pero las divisiones tampoco.

De hecho, no nos hemos pronunciado, pero el CCRD-Cuba se lanza como espacio de diálogo y reconciliación donde la Alianza y el Consejo pudieran venir a conversar y reunirse, porque creo que el momento no es para divisiones, sino para escucharse. De alguna manera, sin estar en todo de acuerdo, si viene de la iglesia, el centro es Jesús, es la unidad, es la fe, es la solidaridad. Por eso se debe conversar. Creo que el Consejo debe escuchar. Estamos en una Cuba diferente, y no solo las evangélicas, otras tantas pueden decidir unirse. La unidad es lo primero, y hay de parte y parte. Lo bueno es que hay voces diferentes, amén de todo el trasfondo que pudiera tener, y además, me parece que está muy bien organizado. Pero sí creo que el Consejo es la institución que por años ha unido y ha llevado la voz de la unidad de la iglesia cubana y lo que tiene que hacer es revisarse para seguir siendo líder, porque si algo tienen que hacer las instituciones, es mirarse, cambiar y crecer.

LJC. Sí, ese ejemplo de la iglesia puede servir para otras instituciones, no solo religiosas sino políticas.

 RGM. Yo fui delegada dos años. No lo fui más. No porque no quisiera, sino porque llevar una voz cantante, fuerte, que pidiera respuesta a lo que está sucediendo en mi municipio y esto no causó la mejor impresión. Es necesario pedir claridad sobre dónde están los presupuestos, pedir cuentas, pedir justificaciones, el por qué de los cambios y de las decisiones arbitrarias. Y la Asamblea tiene que ser pública, difundida en la radio local, en los medios.

LJC. Llama la atención que el Centro convoque a un encuentro de intelectuales y académicos en un momento en que en el país no parece haber una apuesta por ese sector como actor de llevar a Cuba adelante, donde se sigue apostando por la figura del cuadro y el modelo de obediencia. ¿Por qué auspician ustedes la creación de esta red yqué esperan de ella?

 RGM. El centro venía haciendo estos encuentros desde hace tres años un poco más a puertas cerradas, con encuentros más desde lo jurídico, para discutir y aprender. Creemos que el cambio en Cuba viene no desde los intelectuales solos, sino que hay que incluir a aquellos líderes que tienen voz, que lideran procesos de cambios, no solo de gobierno, sino cambios necesarios. Es increíble que hayamos estado sin conocer las leyes de los Consejos Populares, donde el delegado podía proponer cambios sustanciales, y no se usaba.

Y esta red es para sumar más a todos aquellos que de alguna manera trabajen no solo el activismo, sino el poder empoderar, el querer cambiar, el querer proponer. ¿Por qué no invitar también a decisores? Nos escuchamos, dialogamos. El Centro propuso muchos cambios al Proyecto de Constitución y nos sentimos reflejados en muchos ellos. Creo que es un buen momento para unir, conocer. Si ahora mismo nos preguntamos cuánto conocemos de leyes veremos la pertinencia de un curso sobre los fundamentos del estado de derecho y sobre derechos humanos. Por eso es importante reunirnos. Y para convocar a un mayor público debemos ir organizando a grupos de personas que conozcan. Creo que se está en un momento donde se pudieran presentar cambios.

LJC.¿Cuáles son sus expectativas sobre la red?

 RGM. La mayor expectativa es que funcione, que no quede aquí. Que todos los que estamos ahora y los que quedamos ayer en invitar nos veamos en diciembre, con resultados. Fue muy bueno que alguien destacara en el encuentro que no somos los únicos en trabajar estas cuestiones, como los que han tratado en las sesiones de la red.

LJC. Recientemente se anunció por parte de sus creadores, el cierre del proyecto Cuba Posible. Cuéntenos un poco sobre su relación con el mismo.

 RGM. El Centro, cuando Leinier y Roberto salieron de Espacio Laical, le planteó que por qué no hacíamos algo juntos. Ellos son personas muy preparadas del campo eclesial, pero con muchos estudios sociales, jurídicos,  y comenzamos a hacerlo, y realmente Cuba Posible creció rápido. Y al crecer tan rápido, nos dimos cuenta que necesitaba también libertad para hacer, para hablar, y caemos en el campo de que al tener nosotros personalidad jurídica debemos respetar ciertos preceptos y estatutos, el objeto social, y se decidió que ellos se desplegaran solos para que pudieran hacer su trabajo.

Para mí es una pena que hayan tenido que cerrar. Solamente ellos sabrán las razones reales de haber tenido que salir del espectro del debate cubano. Hicieron un trabajo muy valioso, yo conservo todos los cuadernos que publicaron. Pero ahí es a donde voy, creo que un proyecto cubano, en Cuba, que crea que puede trabajar sin alianzas, no va a sobrevivir.

LJC. Cuando mencionábamos la Alianza, hay un tema importante que es la llamada Teología de la Prosperidad, especialmente en iglesias evangélicas. Existe preocupación nacional e internacional con estas nuevas iglesias. ¿Qué piensa de esa Teología de la Prosperidad, que la iglesia ofrezca al acercarse a Dios un camino de emprendimiento?

 RGM. Si fuera un camino del emprendimiento y del trabajo, yo estaría más de acuerdo con la Teología de la Prosperidad; pero el ser bueno para que Dios nos dé prosperidad nunca lo voy a entender. Creo que la idea de la prosperidad es un método que están utilizando muchas iglesias, con todo el respeto que se merecen, para hacer creer al ser humano que su vida va a mejorar a partir de su creencia, más bien, a partir de estar dentro de esa iglesia. No estoy de acuerdo.

Siempre he creído que Dios es un Dios de oportunidades, de trabajo, es un Dios de creación; pero no un Dios de si crees en mí, vas a estar bien. Dios tiene respuestas, sí, tal vez, o no, para mí como creyente.

No estoy de acuerdo con esa famosa Teología de la Prosperidad. Soy un poco más conservadora con la cuestión de la alabanza. A mí las estridencias me desmotivan totalmente. Para nada sigo al pie de la letra todo lo que dice La Biblia. Soy una mujer de fe que cree en un Cristo viviente. En un Cristo de trabajo, unidad. Creo en la iglesia y en la fe. Creo en la familia siempre que sea una buena familia, cualquier tipo de familia. Creo que la iglesia es más que lo que literalmente dice La Biblia. Entonces sí creo en una comunidad de fe colaborativa, respetuosa, trabajadora, de alianzas, cambiante, de acuerdo a los tiempos. El hombre fue creado por Dios, pero el centro del ser humano es el propio ser humano.

LJC. Gracias por su tiempo Rita, nos vemos en diciembre.

Anuncios