LJC en la industria del porno

Por Dolores Ibárruri

Mientras hacía mi tesis de grado hace muchos años –no diré cuántos para que no adviertan mi edad— averigüé que el famoso Paquete Semanal es distribuido por cinco grandes paqueteros que se encargan de armarlos con el contenido que decidan y una red lo hace circular por toda Cuba.

Que si el paquete se conforma desde la UCI –Universidad de Ciencias Informáticas— y de ahí sale a los repartidores; que si se bajan los contenidos desde “los canales” que se alcanzan con grandes antenas proporcionadas por “el enemigo”; que ese mismo “enemigo” paga el Internet a quienes arman el Paquete; que si se aprovecha la conexión desde los trabajos en oficinas estatales –entre otros mitos que prefiero dejar en el imaginario popular—, afloraron como posibles maneras de distribuirlo, durante la extensa investigación que se prolongó casi un año.

Pero eso no es lo que más me quedó. Al entrevistar a uno de esos grandes paqueteros y preguntarle sobre en qué se basaba él para estructurar y depurar el contenido que ponía –al menos en el suyo— me dijo:

—Mira mami menos pornografía y contrarrevolución yo pongo de todo. No quiero problemas. Tú no ves que si pongo algo de eso me tumban el negocio. Yo no quiero lío’ con nadie. Yo aquí tranquilito en lo mío.

Desde 2017 la revista La Joven Cuba (LJC) se distribuía a través del Paquete pues no todo el mundo podía tener acceso a Internet y sus creadores consideraron este como un espacio más para llegar al público lector interesado en temas sociales y políticos cubanos analizados y contados por la juventud del país.

El año pasado dejaron de salir porque se quedaron sin recursos y sin colaboradores suficientes para generar tantos contenidos. Entonces, LJC se quedó solo con su página web.

Hace algunos días estaba comentando con un amigo y me dijo que necesitaban volver a entrar en el Paquete, hoy que tienen un grupo más grande de colaboradores y que pueden sostenerlo.

Soy una persona a la que se puede llamar “apolítica”. No me gusta ni un poco meterme en esos temas pues considero que es maravilloso conservar amistades. Tengo como principio no hablar de religión ni de política con ningún amigo para no perderlo. Lo mío es la literatura. Pero me pareció buena idea ayudarlo con el tema de su (re)inclusión en el Paquete.

Antes de salir a lucharle un puesto a la revista, leí algún que otro artículo, solo por saber qué era lo que debía defender por mi amigo.

Cuando llegué al mismo gran paquetero al que había entrevistado durante la tesis me dijo:

—Mira, ni me hables de esa gente. Tengo orientaciones de no poner nada de esa revista aquí.

—Pero y eso por qué. ¿Dónde está el problema?

—Ni idea. Pero mi respuesta es no. Tú no ves que vinieron algunos funcionarios a advertirme y me dijeron que no.

—Chico, pero tú no me decías que lo único que no ponías en el Paquete era porno o contrarrevolución.

Me fui y me quedé pensando en por qué la revista ya no podía salir en el Paquete. Volví sobre los textos. Leí y releí todo lo que pude de la web y por más que intenté comprender no pude. Sigo sin ver la contrarrevolución por ninguna parte.

Espero que los que estén detrás de la LJC tengan mucho éxito en la industria del cine XXX.

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