¿Feminicidios en Cuba?

Por: Yasvily Méndez Paz

El asesinato de la joven Leidy Maura Pacheco Mur, ocurrido en Cienfuegos en septiembre de 2017, aun causa estremecimiento en la población de esa provincia cubana. «A mi niña la secuestraron el martes, la violaron el martes y la mataron el martes», asegura el padre con infinito dolor ante la pérdida de su hija. En aquel entonces, la prensa local dio seguimiento al caso, a pesar de no constituir el modus operandi de los medios oficiales; de hecho, el suceso tuvo mayor resonancia en el país a través de las redes sociales y los medios alternativos. La muerte de esta joven de apenas 18 años no constituye un hecho aislado; otros casos reportados en La Habana, Matanzas, Camagüey y Cienfuegos así lo demuestran.

¿Existen o no feminicidios en Cuba?

El tema ha causado polémica en las redes sociales. Se cuenta con muy pocas cifras oficiales y los casos se divulgan en la población por transmisión oral o se registran por medios de prensa alternativos.

Desde inicios de esta centuria, los feminicidios han sido de interés internacional. La palabra «feminicidio» está en disputa, pero existe un consenso en que el término hace referencia a un tipo de homicidio específico donde un varón asesina a su víctima por razones de género o por el hecho de ser mujer.  Debido a sus características y la connotación que adquiere, el tema ha tenido un tratamiento diferenciado desde el punto de vista jurídico, sociológico, periodístico, entre otros. Autores como Diana E. H. Russell han propuesto varias denominaciones para los diferentes ejemplos de feminicidio, atendiendo a las causas que generan el crimen y los tipos de relaciones que involucran al victimario y la víctima.

Las cifras de feminicidios reportadas en América Latina durante el año en curso no son alentadoras; no obstante, los logros en la región para visibilizar el tema resultan insoslayables. Varios países latinoamericanos los han tipificado como delito: feminicidio u homicidio agravado por razones de género. Ante la gravedad del problema, la ONU ha insistido en la necesidad de que los países de la región den prioridad a las políticas públicas orientadas a prevenir, sancionar y erradicar ese flagelo.

Desde la década de 1990, Cuba ha brindado atención diferenciada a la violencia de género. En cambio, no ha ocurrido de manera similar con los feminicidios, y no se contempla como una categoría jurídico-penal. El Código Penal cubano sanciona con privación de libertad de quince a treinta años o muerte al que mate a otro concurriendo en varias circunstancias, dentro de las que incluye «obrar por impulsos sádicos o de brutal perversidad», pero en su articulado no dedica un tratamiento especial a esta problemática. El tema se ha invisibilizado, lo que genera críticas a través de las redes sociales y medios de comunicación. Tipificar el feminicidio como delito no resulta suficiente para su erradicación, pero no contar con medios oficiales y especializados donde la población cubana pueda acceder a las tasas de feminicidios anuales, es un problema que ha conducido a la especulación en los niveles de información.

Recientemente, medios de prensa nacionales e internacionales se han mostrado esperanzados con este tema. Por primera vez, Cuba reconoce la existencia de feminicidios en el Informe Nacional sobre la implementación de la Agenda 2030. En el documento —presentado en abril durante la reunión del Foro de América Latina y el Caribe sobre el Desarrollo Sostenible— se afirma que «en feminicidios, el número de muertes ocasionadas por la pareja o expareja ha disminuido entre el 2013 y 2016 en un 33%. En este último año la tasa de feminicidios fue de 0,99 por 100 000 habitantes de la población femenina de 15 años y más». Llama la atención que se tomen como referencia esos años y no se incluyan estadísticas actualizadas. Si comparamos los datos proporcionados con otras fuentes podemos corroborar que para el 2016 la tasa de feminicidios en Cuba fue baja en relación con países como: El Salvador, Honduras, Guatemala, México o Brasil, y alta en correspondencia con Perú, Chile o Panamá.

Cuba ha ocultado las tasas de feminicidios para no poner en riesgo la credibilidad del sistema político.

Aun así, las personas quieren conocer y tomar sus propias decisiones, en una era donde es imposible ocultar la información porque llega desde varias fuentes.

Como decía E. H. Rusell, «el objetivo de detallar tales atrocidades no es horrorizar al lector, sino tratar de avanzar en la resistencia a reconocer que las mujeres están viviendo actualmente en una época de crecientes y brutales feminicidios; en la cual el mito persiste entre muchas jóvenes, estudiantes privilegiadas, de que la revolución feminista ha sido cumplida y que tienen las mismas opciones y oportunidades que los hombres». Reconocer la existencia del problema lo convierte en un asunto público que requiere la atención de los gobiernos e instituciones especializadas y, a la vez, permite analizar el tema de manera particular y buscar soluciones que se ajusten a las causas que lo generan. Vale la pena reflexionar al respecto.