“Gugulandia” actualizada

Por Mario Valdés Navia

“Cuando la furia de los placatanes

imperaba sobre la faz de la Tierra”.

Hernán Henríquez

De mis recuerdos infantiles y adolescentes hay uno ligado estrechamente a mi vocación de entonces por el dibujo: la esperada lectura semanal de los muñequitos de “Gugulandia”, que aparecían puntualmente en el codiciado Dedeté. Ahora acabo de leer casualmente una entrevista con su creador, el historietista y caricaturista Hernán Henríquez, uno de los jóvenes fundadores del Departamento de Dibujos Animados del ICAIC en 1959. Su divisa profesional me encanta: “Mi humor consiste en obligar a pensar”[1].

El universo creado por Hernán −“Gugulandia”− se ubicaba en una supuesta Edad de Piedra, cuando grandes bestias –los placatanes− amenazaban constantemente con aplastar a los pequeños homo sapiens. Su elenco solo tenía siete personajes que actuaban como arquetipos de todo el género humano: el Gugo y la Guga –la pareja hombre/mujer—; el anti-héroe era el Guerrero, belicoso y cascarrabias; el Rey simbolizaba la ley y el orden; mientras el Brujo, era el único capaz de explicar los fenómenos naturales a su manera.

De todos –menos del Brujo− fue hijo el Piraña, un niño/niña asexuado, voraz y malcriado, que tenía el pelo del Gugo, la piel del Rey, el hueso atado en el pelo del Guerrero y los dientes de la Guga. Representaba la infancia y su futuro incierto. Por último, apareció el Artista, practicante y promotor de todas las artes y representante de un pensamiento simbólico.

Cuánto siento que una creación tan popular como esa no sea relanzada en esta época de animación 3D, multiplicación de productos digitales y conexión por datos móviles. Bien que le haría competencia oportuna a la avalancha de materiales audiovisuales para niños y jóvenes que nos llegan de todo el mundo; muchos de ellos de dudosa calidad y pertinencia para nuestro contexto. Eso de que: “Segundas partes nunca fueron buenas” está más que superado en la era de series por temporadas, secuelas y remakes de todo tipo.

Creo que lo más difícil para rehacer el proyecto de Hernán sería precisamente lo que más me gusta de él. En tiempos en que la inteligencia parece andar de capa caída y se repliega ante la cultura del reguetón, este tipo de humor infanto-juvenil más complejo posiblemente llegue a amedrentar a algunos padres y maestros que lo podrían llegar a considerar una amenaza para la mente débil y facilista de sus pobrecitos retoños.

Si el arte renuncia a hacer pensar, a crear y recrear la realidad en diálogo con el público, solo quedará el entretenimiento banal, y eso solo es válido para un rato, no para siempre.

Para contribuir a esta Gugulandia. Segunda Temporada propongo a sus creadores trasplantarla a la Cuba de hoy. Puesto a inventar en medio de estos calores veraniegos, mantendría el número de siete personajes y los actualizaría. Propongo, en primer lugar, la pareja de: Gugo, un trabajador estatal, flaco y desgarbado, sin estimulación en divisas ni remesas del exterior, pero luchador y jaranero y su querida novia Guga, una hermosa y próspera trabajadora por cuenta propia, dueña de la paladar del barrio y apetecida por todos. El Guerrero sería un joven alienado que vive pegado día y noche a su teléfono petrolero, con banda anchísima, buscando por la web alguna opinión crítica que enfrentar resueltamente con el primer argumento que se le ocurra.

A estos sumaría dos personajes contrapuestos: el Rey, un anciano burócrata retirado que mantiene un discurso trasnochado, lleno de explicaciones y justificaciones para todo, al tiempo que vive de las prebendas que le quedan y las remesas de sus hijos emigrados a Las Vegas, a los que suele visitar periódicamente porque “los extraña mucho”. Por su parte, el Brujo sería un viejo estrafalario, metido a bloguero, que escribe de todo −y de todos− y da recetas rocambolescas para solucionar cualquier problema del mundo actual, desde el cambio climático hasta el arreglo de las aceras de la Habana.

En esta nueva época, el Piraña sería un joven metrosexual de veintitantos años que se comporta aún como adolescente y vive tratando de imitar a sus ídolos de los vídeos de reguetón, mientras gasta el dinero que su madre le entrega a manos llenas. El Artista podría ser un joven pansexual que defiende los intereses de la comunidad LGBTIQ+ y ejerce un arte participativo y contestatario a través de instalaciones y performances que insiste en presentar en espacios públicos, con o sin permiso.

No redacto el guion del primer programa para dejarle el camino libre a nuestros historietistas, pero tengo mis ideas. Si quieren que hagamos una cooperativa no agropecuaria para producir historietas que hagan pensar en los problemas actuales de Cuba, cuenten conmigo. Lo que nos queda de “Gugulandia” agazapado en la mente, hace tanto o más daño que los efectos conjuntos del bloqueo, el cambio climático y las acciones de Trump y sus placatanes imperiales. Por eso es preciso compartir entre todos nuestras coincidencias y diferencias y ponernos, con la manga al codo, a restaurar la cueva, o el techo se nos puede venir encima con el primer terremoto.

Para contactar al autor: mariojuanvaldes@gmail.com

[1] “Gugulandia: parodia de la Humanidad”, entrevista de Arturo Delgado. Juventud Rebelde, 31-1-2019.

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