Confirmación

Foto: Trabajadores

Por Alina B. López Hernández

Cuando el Presidente Miguel Díaz-Canel informó un aumento de salarios para el sector presupuestado no solo estaba anunciando una medida popular; también se desmarcaba de una constante del discurso político sobre la reforma en Cuba, que la había lastrado al concebir que podía ser posible una transformación de la economía sin mejorar al mismo tiempo las condiciones de vida de las personas implicadas en los cambios.

Durante años, en cada pronunciamiento oficial sobre la actualización económica, se insistió en que primero era necesario lograr un aumento de la productividad del trabajo para que se pensara después en un hipotético aumento salarial. Es posible que los economistas tengan razón y que esta decisión conduzca a una mayor inflación e incremente el déficit presupuestario. Sin embargo, creo que vale la pena correr el riesgo. Es preferible equivocarse intentando hacer algo positivo, y justo, que errar cruzados de brazos como de costumbre.

No importa que el presidente diga al final de cada discurso: “Somos continuidad”, si con su actitud ha comenzado a demostrar que —¡gracias a Dios!—, también podemos, estamos obligados a ser discontinuidad. “Romper la inercia” denomina él a las trasformaciones de los últimos días. En buen español pudiera decirse también “quebrar el inmovilismo”. O al menos empezar a intentarlo, falta mucho aún y no solo en el ámbito de la economía.

Lo extraordinario del asunto es que el Presidente se ha mostrado más activo en favorecer una demanda crucial de los trabajadores que el propio Secretario General de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC). En el artículo “Ventrílocuos”, que escribí a propósito del XXI Congreso de la CTC, celebrado hace menos de tres meses, decía:

En lo relativo a los salarios no se habló seriamente de la necesidad apremiante de aumentarlos o de la declarada reforma general, y si se hizo no aprovecharon para televisar el debate alrededor de una cuestión tan reclamada. Sin embargo, en la Mesa Redonda previa al 1ro. de mayo, Ulises Guilarte admitió que existían inconformidades por no haber abordado ese tema en el Congreso, pero insistió en que para distribuir “la riqueza que es de todos primero hay que crearla y eso se hace con el sudor y las manos de los trabajadores”.

En esencia, quienes supuestamente debieran haber representado los intereses de los trabajadores, se comportaron hasta el final como fieles depositarios de la impopular postura burocrática. Esa actitud del Congreso y sus dirigentes les impide ahora reivindicar como una victoria sindical al susodicho aumento de salarios.

El Secretario General de la CTC intervino ayer en la Comisión de asuntos económicos de la ANPP y caracterizó a la medida “como valiente”. Afirmó también que la misma “refleja la voluntad del Estado cubano y del Gobierno”. Ya todos nos habíamos percatado de que nuestros líderes sindicales no habían tenido mucho que ver en el cambio.

Tanto se echa a ver la incapacidad de los sindicatos y su inoperancia, que mi propuesta es la misma del Che el 5 de diciembre de 1964, en la última de sus reuniones bimestrales en el Ministerio de Industrias:

Por eso, en el momento actual yo diría, incluso, que ya los sindicatos podían dejar de existir; en un tiempo que se probara la acción de los Consejos. Podrían dejar de existir y traspasar sus funciones a los Consejos de Justicia Laboral, que se le agregarían algunas tareas concretas y la gente sería elegida. Realmente, seguro que si nosotros hiciéramos una encuesta, todo el mundo estaría de acuerdo con eso. Los únicos que no estarían de acuerdo, una cosa efectiva, humana, pero mala, es la burocracia sindical que se ha creado (…)[1].

En la decisión del aumento salarial ha pesado más la voluntad política que el desfavorable escenario actual, en el que se aprecia una derechización continental, aumento de las presiones económicas y financieras por parte del gobierno norteamericano y ruptura de contratos importantes para la exportación de servicios, entre otros. Pero es indudable que en la medida ha influido la creciente capacidad de la ciudadanía para defender sus intereses comunes, la visibilidad de las opiniones en los sitios digitales —tanto en los oficiales como en los alternativos— y en las redes sociales.

Esta época, en la que las presiones desde abajo pueden ayudar a nuestro Gobierno a responder a las necesidades de ciudadanos y ciudadanas, confirma que podemos prescindir de una amplia y costosa red de funcionarios y burócratas relacionados con la esfera sindical.

Ellos personifican un lastre para el Estado y para todos los trabajadores, que cotizamos al sindicato cada mes con un porciento del salario que seguramente se incrementará ante el aumento del mismo; lo cual, dado lo poco que hicieron los dirigentes sindicales para conseguirlo, sería una verdadera injusticia.

Para contactar con la autora: alinabarbara65@gmail.com

[1] El Che en la Revolución cubana, t. VI., Editorial José Martí, 2015.

 

Anuncios