Ni con hechiceros ni con caciques… con la tribu y sin permiso de nadie

Por: Alina B. López Hernández

Esta es la segunda vez que cumplo el deber cívico de polemizar con Carlos Luque. No me molesta hacerlo, es un ejercicio aportador para ambos pues el intercambio de opiniones puntualiza enfoques y esclarece malentendidos.

En la primera ocasión me acusó de “enemiga de la verdad”, un auténtico eufemismo para decirme mentirosa. Ahora, en su texto “El hechicero de la tribu, con permiso de Atilio Borón”, me representa como una persona que se cree superior al pueblo por la utilización de la frase, para él “infeliz” de que “Los intelectuales hemos incumplido durante décadas el rol de conciencia crítica que nos correspondía”, tesis que afirmo en el artículo: “Los intelectuales y sus retos en la época actual”.

Si por el término en cuestión Luque considera que juzgo al intelectual como un ser superior, “juez repartidor de los premios y castigos”, que mira al pueblo desde la altura de su inteligencia, refugiado en una especie de caverna de las ideas de Platón, en un cuartel general del conocimiento; quiero tranquilizarlo en ese punto. Acepto, al igual que el pensador marxista Antonio Gramsci, que:

«Es preciso, por tanto, demostrar, antes que todo, que todos los hombres son «filósofos», y definir los límites y los caracte­res de esta «filosofía espontánea», propia de «todo el mundo», esto es, de la filosofía que se halla contenida: 1) en el lenguaje mismo, que es un conjunto de nociones y conceptos determinados y no simplemente de palabras vaciadas de conteni­do; 2) en el sentido común, y en el buen sentido; 3) en la religión popular y, por consiguiente, en todo el sistema de creencias, supersti­ciones, opiniones, maneras de ver y de obrar que se manifiestan en lo que se llama generalmente «folklore»[1]».

La diferencia entre los intelectuales y las personas que no lo son, no radica estrictamente en su nivel de instrucción.

En mi vida profesional ha sido decisivo el ejemplo de mi padre, un obrero mecánico que tiene hoy 78 años de edad. De él adquirí el amor por la lectura, una buena ortografía y la costumbre de cuestionarlo todo. No entiendo que la naturaleza de un trabajo sea mejor o peor. Los factores que pueden tornar embrutecedora una tarea son las condiciones en que ella se desempeñe y la retribución que se perciba por hacerla. Toda labor dignifica. Lo indigno es no poder vivir del fruto del trabajo que realizamos.

Luque nos ilustra en cuanto a la división social del trabajo y desliza la siempre útil insinuación del pecado original: “hay alguna diferencia entre sudar en el surco y sudar leyendo y pensando o buscando en el ordenador”. Depende, estimado amigo, depende de las condiciones.

Quizás en Chile, donde me dicen que usted reside, sea esta la relación arquetípica que se establezca. Pero yo vivo en Cuba, razono desde mis circunstancias y desde mi experiencia. Y mientras redacto en el ordenador la oponencia a una tesis doctoral que contribuirá a la formación de personal calificado, reviso investigaciones como tutora o escribo un artículo para una revista científica cubana; estoy haciendo trabajo voluntario de manera altruista, pues en nuestro país ninguna de esas actividades especializadas se paga, al menos hasta hoy.

Sin embargo un campesino, también como fruto de su labor consagrada y honrada, puede ganar, vendiendo varias cajas de viandas, lo que podrían ser todos mis salarios de un año. De modo tal, hay que ser más reflexivo cuando se valore el desempeño de un tipo de actividad, física o intelectual, para adjudicarle etiquetas que simbolicen en ellas actitudes más o menos revolucionarias.

Pero volvamos al argumento de la conciencia crítica. En mi opinión, esta trasciende una cuestión de intelecto y se encamina hacia la actitud cívica del sector de la intelectualidad, condición que lo lleva a participar activamente en la vida política de sus países y a influir sobre sus contemporáneos.

Si volvemos la mirada a la historia universal y nacional, constataremos que ha sido eminentemente el sector de la intelectualidad, más preparado que otros para reaccionar enérgicamente ante los mecanismos de dominación —dadas su formación jurídica, filosófica, histórica, sociológica, antropológica, etc.—; el que detentó un liderazgo político y encabezó las demandas de trasformación, por vías pacíficas o armadas. Hay excepciones, es cierto, pero ellas confirman la regla.

No afirmo con esto que un verdadero movimiento de cambios pueda ser exclusivamente intelectual, eso sería elitismo puro y negación del papel decisivo de las mayorías. Varela, Céspedes, Agramonte, Martí, Mella, Villena, Guiteras, Fidel, fueron intelectuales que se inmiscuyeron activamente en la vida política de sus épocas, a veces rompiendo no solo con el poder, sino con el modo de hacer política de sus predecesores.

Las mayorías han necesitado, por lo general, del intelectual como líder.

La dualidad del intelectual-político se fragmentó en los modelos de socialismo burocrático. Allí se le exigió al sector una lealtad monolítica, que fue debilitando el ejercicio del pensamiento crítico, esa conciencia crítica que deplora Luque. Especialmente los intelectuales vinculados a las ciencias sociales, ámbito político de sí, fueron apartados de cualquier aportación. Es sintomático que tras la muerte de Lenin el marxismo soviético no diera mucho más allí en su evolución teórica. La mayoría de aportaciones vinieron de pensadores que se desarrollaban en contextos capitalistas.

En nuestra Isla, los intelectuales marxistas que comenzaron a debatir la teoría, nucleados alrededor de la revista Pensamiento Crítico, fueron apartados de sus funciones y, durante años, movidos como personas incómodas de una institución a otra.

La misma afirmación de Luque: “No dejemos de mencionar aquí a los políticos, esa otra función intelectual y otras muchas subespecies que no vienen al caso”, demuestra su confusión al verlos como algo diferente. ¿Qué era Martí, intelectual o político?, ¿qué fue Fidel?

Entre nosotros el intelectual fue dejando de ser político y, desgraciadamente, el político dejó de ser intelectual y se fue consolidando como clase burocrática, instruida, pero no calificada ni para improvisar un discurso. Fernando Martínez Heredia, alertaba que cuando el marxismo se convierte en una ideología de Estado, va mutando de un mecanismo de liberación hacia una ideología de dominación. En esa metamorfosis la intelectualidad cubana tiene una gran responsabilidad. Su incondicionalidad la fue separando de su función política, que es mucho más que aplaudir y apoyar consignas, y le dejaron esa ocupación a la burocracia.

En los albores de las relaciones humanas, los hechiceros de la tribu eran los encargados de explicar aquellos aspectos del entorno que no eran comprendidos. Creaban así una ilusión de realidad. Su otra función era reverenciar a los caciques. Hechiceros y caciques serían el núcleo de las futuras clases sociales gobernantes.

Entre nosotros el discurso ha encubierto muchas veces a la realidad y los intelectuales lo hemos permitido por dos razones: acatamiento acrítico o conveniencias personales. Dejamos de ser políticos y tenemos que recuperar esa función. Esa era mi meditación, más que llamamiento o manifiesto como dice Luque. En ese punto coincido autocríticamente en que hemos sido una especie de hechiceros, aunque no por las mismas razones que esgrime él.

Para contactar con la autora: alinabarbara65@gmail.com

[1] “Todos somos filósofos”, Tomado de El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce, La Habana, Ediciones Revolucionarias, 1966, pp. 11-13.

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Comments

  1. en fin, un muy argumentado artículo, los intelectuales estamos obligados a comprometernos con nuestra vida política, social, económica, es nuestro trabajo pensar la realidad, y hacer por mejorarla, algo mucho más difícil que trabajar en el campo, en la construcción, en una mina, yo los hice todos. Sin permiso, pues Cuba es mía, de mis amigos, de mi hijo, de todos los cubanos, sin permiso, me gusta, me hace sentir bien.

  2. Es muy interesante el debate. Y el tema es fabuloso. Permítanme referirme solo a un aspecto metodológico del análisis: cualquier absolutización o planteo categórico queda entrampado en los marcos del positivismo, que ya ha sido rebasado por otras epistemologías. Incluso los representantes de las llamadas ciencias exactas –por ejemplo, los matemáticos– evitan ya tal enfoque, a partir del estudio de lo complejo y lo difuso. Por eso los análisis actuales, quizá más en ciencias sociales, deben tener muy en cuenta las perspectivas epistemológicas de la complejidad, el enfoque sistémico, la transdisciplinariedad, los Estudios CTS+I, la dialéctica marxista, entre otras, que nos permitirían superar el paradigma de la simplicidad. Así nos evitaríamos algunas discusiones que pueden ser escolásticas o, sencillamente, pueden estar provocadas por falta de información veraz, de conocimiento preciso o por la necesidad de elevar la cultura científica, lo que necesitamos todos. Recordemos que el fortalecimiento real y efectivo de la relación entre ciencia y política (esta última en su sentido más amplio) sigue siendo una asignatura pendiente en el mundo, incluyendo, por supuesto, a Cuba, aunque se estén dando en esta algunas señales de comenzar a resolver el problema. Hay otros aspectos puntuales de mucho interés, pero me limito a este comentario. ¡Que viva la polémica!

  3. Enhorabuena por su magnifico articulo, se puede decir mas alto pero no mas claro
    Espero que siga contribuyendo a ilustrarnos, especialmente a quienes no somos ni hechiceros ni caciques

    En cuanto al escrito del Sr. Carlos Luque, es suficiente para saber que trae en su alforja leyendo el fragmento del discurso de Carlos Rafael Rodriguez que incluye  al inicio:
    1. En Cuba solo el Partido pudiera reclamar el papel de conciencia critica
    2. Los intelectuales deben limitarse a ser «testigos de la verdad»

  4. El pecado original de la intelectualidad, no es que sea superior en algun sentido moral al resto del pueblom, es que cuenta con las herramientas y a veces el tiempo que no tienen el trabajador manual para cuestionar el poder, por ello se le compra o machaca, según su comportamiento.

  5. El magnífico post de la profesora Alina me indujo a leer el bodrio de Carlos Luque Zayas Bazán en Rebelión.
    Digo bodrio, porque aparentemente ignora las esferas de la conciencia social, al decir de Marx, la esfera de la ideología, esa que es elaborada y formulada teóricamente por intelectuales y que concentra en su esencia los intereses de la clase social para la cual se elabora y formula, ya sean de uno u otro partido de esa misma clase social, y la psicología social, cuyo origen se encuentra en las costumbres, hábitos, tradiciones y hasta en la moda y por tanto, no es elaborada teóricamente y por supuesto, no tiene un autor o grupo de autores que sean capaces de refrendar la legitimidad de su origen.
    De esta forma, mientras exista la diferenciación entre el trabajo intelectual y el trabajo manual, diferenciación que sólo dejará de existir en la sociedad comunista cuando se alcance la altísima productivdad del trabajo humano que esa formación económico social, sine equa non, requiere, también existirán las diferencias sociales y por tanto, la contraposición de interereses de clase que dan origen a la elaboración de las ideologías y éstas, necesariamente tendrá que realizarse por los intelectuales como plataforma de acción de la clase obrera y campesina, en su lucha por mantener -en el caso de la sociedad socialista- el poder político alcanzado en los enfrentamientos hasta violentos contra la burguesía, el capital y el imperialismo, para desarrollar las fuerzas productivas y las relaciones de producción nuevas que hagan irreversible el socialismo.
    Por supuesto, el entramado social donde se entrecruzan las tendencias de las ideologías en pugna, así como la psicología social de las masas con sus diferentes y a veces contrapuestos valores reguladores de la actuación de los seres humanos, hace que los más instruidos y cultos defensores del ideal comunista, haciendo uso de aquello que Sócrates nos decía de que «el conocimiento es la virtud y sólo si se sabe, se puede divisar el bien» entonces deben estar atento a cuanto indicio de desviación del ideal socialista aparezca para exponer la alternativa en la lucha para contrarrestar el efecto regresionista enmascarado bajo «cantos de sirena» y manipulación de los eternos enemigos del socialismo como futuro de la Humanidad.
    Esos son los que ejercen la conciencia crítica, sin esperar a cambio dádivas, ni recompensas, como nunca las esperaron nuestros próceres que nos legaron la conciencia de Patria.
    Y qué se quiere?? Un rebaño de intelectuales con conciencia ACRITICA?? Esa conciencia que encubre una actitud simuladora y fraudulenta, cuando no es cobardía política?
    Es acaso cívico no exponer la discrepancia, porque, en el mejor de los casos de buena fe, confían en que los «elegidos» van a reelaborar y reformular la ideología y lo harían no para defender «la silla» o «el puesto», sino porque son los «responsabilizados» mesíanicamente para esa tarea??
    No, no es cívico ni honesto esa conciencia acrítica y buen oficio le hacen a los enemigos del socialismo con su «callada manera».
    Como dice la profesora Alina, la filosofía marxista y la economía política del socialismo quedó estancada y anquilosada bajo el stalinismo donde quiera que hubo tal régimen y sólo
    en los países donde los comunistas luchaban contra el capital, se elaboraron ópticas marxistas actualizadas y tambien fueron excomulgadas por las Internacionales Comunistas
    comandadas por los emisarios de Stalin bajo la ruín acusación de «revisionistas».
    Ah! pero por conciencia crítica no se puede entender la labor subversiva que conduzca a la división de las masas, a abonarle el terreno al insomne enemigo del Socialismo y de los Pueblos, sino a la invitación de repensar constructivamente nuestras estrategias bajo la óptica del marxismo y denunciar, en ese debate, los intentos reformistas conducentes al capitalismo como fatalismo histórico y geográfico.
    Hay que leer las cartas de José Martí a Máximo Gómez y a otros de sus compañeros de lucha, como también sucedió con Fidel, el Che, el PSP y el Directorio Revolucionario y comprender que en esas polémicas había conciencia crítica con todo el valor que se requiere para ejercerla con honestidad y por el porvenir de la Patria.

  6. El magnífico post de la profesora Alina me indujo a leer el bodrio de Carlos Luque Zayas Bazán en Rebelión.
    Digo bodrio, porque aparentemente ignora las esferas de la conciencia social, al decir de Marx, la esfera de la ideología, esa que es elaborada y formulada teóricamente por intelectuales y que concentra en su esencia los intereses de la clase social para la cual se elabora y formula, ya sean de uno u otro partido de esa misma clase social, y la psicología social, cuyo origen se encuentra en las costumbres, hábitos, tradiciones y hasta en la moda y por tanto, no es elaborada teóricamente y por supuesto, no tiene un autor o grupo de autores que sean capaces de refrendar la legitimidad de su origen.
    De esta forma, mientras exista la diferenciación entre el trabajo intelectual y el trabajo manual, diferenciación que sólo dejará de existir en la sociedad comunista cuando se alcance la altísima productivdad del trabajo humano que esa formación económico social, sine equa non, requiere, también existirán las diferencias sociales y por tanto, la contraposición de interereses de clase que dan origen a la elaboración de las ideologías y éstas, necesariamente tendrían que realizarse por los intelectuales como plataforma de acción de la clase obrera y campesina, en su lucha por mantener -en el caso de la sociedad socialista- el poder político alcanzado en los enfrentamientos hasta violentos contra la burguesía, el capital y el imperialismo, para desarrollar las fuerzas productivas y las relaciones de producción nuevas que hagan irreversible el socialismo.
    Por supuesto, el entramado social donde se entrecruzan las tendencias de las ideologías en pugna, así como la psicología social de las masas con sus diferentes y a veces contrapuestos valores reguladores de la actuación de los seres humanos, hace que los más instruidos y cultos defensores del ideal comunista, haciendo uso de aquello que Sócrates nos decía de que «el conocimiento es la virtud y sólo si se sabe, se puede divisar el bien» entonces deben estar atento a cuanto indicio de desviación del ideal socialista aparezca para exponer la alternativa en la lucha para contrarrestar el efecto regresionista enmascarado bajo «cantos de sirena» y manipulación de los eternos enemigos del socialismo como futuro de la Humanidad.
    Esos son los que ejercen la conciencia crítica, sin esperar a cambio dádivas, ni recompensas, como nunca las esperaron nuestros próceres que nos legaron la conciencia de Patria.
    Y qué se quiere?? Un rebaño de intelectuales con conciencia ACRITICA?? Esa conciencia que encubre una actitud simuladora y fraudulenta, cuando no es cobardía política?
    Es acaso cívico no exponer la discrepancia, porque, en el mejor de los casos de buena fe, confían en que los «elegidos» van a reelaborar y reformular la ideología y lo harían no para defender «la silla» o «el puesto», sino porque son los «responsabilizados» mesíanicamente para esa tarea??
    No, no es cívico ni honesto esa conciencia acrítica y buen oficio le hacen a los enemigos del socialismo con su «callada manera».
    Como dice la profesora Alina, la filosofía marxista y la economía política del socialismo quedeó estancada y anquilosada bajo el stalinismo donde quiera que hubo tal régimen y sólo en los países donde los comunistas luchaban contra el capital, se elaboraron ópticas marxistas actualizadas y tambien fueron excomulgadas por las Internacionales Comunistas comandadas por los emisarios de Stalin bajo la ruín acusación de «revisionistas».
    Ah! pero por conciencia crítica no se puede entender la labor subversiva que conduzca a la división de las masas, a abonarle el terreno al insomne enemigo del Socialismo y de los Pueblos, sino a la invitación de repensar constructivamente nuestras estrategias bajo la óptica del marxismo y denunciar, en ese debate, los intentos reformistas conducentes al capitalismo como fatalismo histórico y geográfico.
    Hay que leer las cartas de José Martí a Máximo Gómez y a otros de sus compañeros de lucha, como también sucedió con Fidel, el Che, el PSP y el Directorio Revolucionario y comprender que en esas polémicas había conciencia crįtica con todo el valor que se requiere para ejercerla con honestidad y por el porvenir de la Patria.

  7. Uno puede o no estar de acuerdo con algunas tesis e ideas intercambiadas entre ambos. Pero me llama la atencion de que ya he visto algunos articulos y gente q escribe posts aqui que la han atacado mas o menos sutilmente, usando calificativos y encasillandola en el bando de «los otros», etc. Y como ella , a juzgar por lo que leido de ella y sobre ella, predica con su ejemplo lo que dice y le pone los puntos sobre las ies a quien tenga que ponerselos (y muy bien puestos), para mi tiene el voto para hechicera.

  8. Leo un comentario escrito, supongo, desde Tierra de Violencia -qué gran estadista es Trump y qué discurso a la Nación el de ayer, hablando armamento, arrasar, conquistar, etc..- que dice: » se siente muy bien el blog en los últimos días, tranquilo, sin que nadie este ofendiendo a uno u otros comentaristas, por sus ideas o comentarios, o acusaciones de tal tipo y las conocidas faltas de respeto.»
    Me uno a ese deseo de paz y tranquilidad y así las cosas,leo que otro comentarista dice que el artículo de Carlos Luque Zayas Bazán en Rebelión es un bodrio.
    Usar bodrio no me parece grave ni mucho menos, como tampoco lo es decir que «ustedes», un colectivo tan definido en el contexto de este foro, están encantados con «los nuevos tiempos» y supongo que creen que todo el monte es orégano.. y ven estupendo poder decir cosas tan radicalmente falsas como que «Cuba es el país de las prohibiciones y absurdos»… Es decir, no ofensas, no malos modos, etc. pero sí es aceptable mentir, tergiversar, incidir sin descanso en tratar de mostrar algo que está en el imaginario de los enemigos de la Revolución cubana: el socialismo cubano es penoso….detestable, sujeto a ser eliminado…
    Es evidente que esa posicionamiento casi cainita, no es ni mucho menos es de los autores de LJC, pero ¡qué bien les va a ustedes leer algunas cosas¡

    1. Usted no cambia, pero aun así bienvenido. Por cierto nadie lo extraño, pues es igual al socialismo cubano 🙂

      Saludos, mr seudónimo.

  9. No comparto todos los criterios de la autora,
    Pero una y otra vez Alina los sacude de arriba a abajo con argumentos como puños que no pueden esquivar. No ha sido solo en esta ocasion.
    Señores es hora de darse cuenta de la infame funcion de ciertos sujetos en esta hora crucial del pais. Lo he dicho, son los voceros de la nueva clase social y portadores ellos mismos de cierto poder politico que viene dado de su funcion de comisarios culturales y defensores a ultranza del status quo. Deben ser desenmascarados sin contemplaciones ni paños tibios.

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