La (otra) política cultural

Por: Giordan Rodríguez Milanés

Desde los barracones hasta las periferias urbanas donde habitaba el incipiente proletariado de La Habana y Matanzas, durante el último cuarto del siglo XIX, se fue sedimentando La Rumba. La poliritmia de los africanos se impuso y evolucionó hasta conformar las esencias identitarias de la nación cubana. España nos legó la danza, la décima, la génesis recitativa que dio origen a La Tonada. Luego ese legado se convirtió en contradanza y danzón, punto cubano. Bailes del chachachá y el casino durante el siglo posterior…

Ni la herencia africana ni la española nos fueron impuestas por centros de poder foráneo. En todo caso esa herencia, contribuyó decisivamente a nuestra emancipación de la metrópoli, como la canción “La Bayamesa” de Céspedes, Fornaris y del Castillo. Fue el resultado estético del sistema de valores sociales en un contexto marcado por la transculturación.

En 1922 surge la radiodifusión cubana. La primera música que transmite  contenía el alma de nuestros genuinos modos de hacer. Los conjuntos soneros, repentistas y trovadores, eran habituales en la programación. El son, la tonada, la canción romántica, la guaracha y el pregón, eran géneros protagónicos.

La radiodifusión cubana pasaba de artilugio artesanal a empresa capitalista mientras se desarrollaba el disco de vinilo y las poderosas industrias disqueras norteamericanas invadían el mundo. Pero la RCA Victor, CBS o Columbia, no lograron desplazar del espectro radiofónico cubano la música de Ignacio Cervantes, García Caturla, Gonzalo Roig, Ernesto Lecuona, Rita Montaner, el Trío Matamoros, Joseíto Fernández, Pérez Prado, Enrique Jorrín, la Sonora Matancera, Benny Moré, el Septeto Nacional y La Aragón, por una razón simplísima: los pueblos de Cuba y Latinoamérica los seguían prefiriendo.

La interinfluencia entre nuestra música y el jazz, por ejemplo, no pudo subsumir la creación criolla sino, por el contrario, nuestra percusión marcaría la mayor influencia foránea que el jazz haya tenido en su historia. Desde que Chano Pozo, Dizzy Gillespie y Charlie Parker interpretaran «Manteca» en Radio Cadena Azul,  hasta la actualidad. Si en Estados Unidos había un Elvis Presley; en Cuba y buena parte de Latinoamérica estaba Benny Moré.

¿Cuándo y por qué la política cultural cubana se apartó de lo nacional? ¿Fue  con la globalización e Internet o mucho antes, con una pretendida y absurda «cerrazón» a todo lo que nos remitiera antes del 59?

Desintegrados los Zafiros y confinado el «feeling» al Callejón de Hamlet. Fracasado el intento de imponer el mozambique como «ritmo de la nueva Cuba». Entre 1968 y bien avanzada la década del 90, estuvieron dormidos en las fonotecas los discos del Benny, el Trío Matamoros, las cintas de Manuel Corona, Sindo Garay, Teofilito y María Teresa Vera. Los émulos de Papito Serguera y Armando Quesada apostaron por el «inofensivo» pop español al estilo de Los Brincos y los Fórmula V, en programas como Nocturno de Radio Progreso, para «competir» contra el diversionismo ideológico anglófono.

(Puede interesarle: Quinquenio Gris: la música “prohibida”)

Desde entonces hasta la actualidad: ¿Cuántas veces en horarios estelares de las emisoras territoriales o nacionales, fuera de programas genéricos o hacia destinatarios específicos, se radió, televisó o amplificó en un espacio público,  con sistematicidad e intencionalidad comunicativa, una rumba, una tonada, un son montuno, una guaracha, un danzón, un bolero interpretado por un trío, una habanera, una bunga, una pieza de órgano oriental…?

Toda una generación de cubanos «del interior» descubrimos que Mata Ciguaraya y Melao de Caña eran obras tan cubanas como La Guantanamera, sólo cuando Oscar de León vino al Festival de Varadero. Tampoco supimos que Polo Montañez existía hasta que triunfó en Colombia. Mucho menos que siempre existió un Compay Segundo, un Mongo Rives, un Eliades Ochoa hasta que a María se le ocurrió salir a las calles de Europa y Estados Unidos, sin pintarse los labios, y de la mano de Ry Cooder.

No fueron los think tank imperialistas los que nos hicieron creer que la música de Silvio, Pablo, Santiago, Vicente Feliú, Osvaldo Rodríguez (hasta que le dio por emigrar), Miriam Ramos y Amaury Pérez, sólo servía para actos políticos o fechas patrias, para duelos oficiales y días de la defensa. Mientras en los programas jóvenes de las emisoras territoriales se siguió la vida y milagro de Rudy La Scala, Michael Jackson, Celine Dion o Los Bukis, se limitaba/censuraba a Pedro Luis Ferrer, Carlos Varela y luego Ray Fernández. O se «barajan» las canciones del disco Extremistas Nobles de Buena Fé y Frank Delgado.

Así se fomentó esa inapetencia por lo propio, lo cubano o caribeño. Y tal inapetencia se refleja, en la actualidad, en las preferencias creativas de la mayoría de nuestros egresados de las academias musicales, o graduados de nuestras facultades de comunicación audiovisual.

Sin soslayar su influencia, no es sano explicar únicamente con la globalización y las trasnacionales del entretenimiento, que en las vitrolas de los años 50 un chileno llamado Lucho Gatica cantara nuestros boleros, y ahora en nuestras guaguas de Transtur o VíaAzul, los turistas de Chile o cualquier otra parte, oigan el peor reguetón o trap, en vez de música cubana auténtica y de calidad. No por casualidad, los agoreros del odio entre cubanos, presionan desde Miami para eliminar el intercambio cultural entre las dos orillas. Tal es el poder humanizante de la música cubana más auténtica y de mayor calidad. Ellos lo saben. Nosotros, a veces, lo olvidamos en términos de promoción mediática.

Hay que “mirarse por dentro”, -como la letra de aquella canción del grupo Moncada-, artistas, funcionarios y dirigentes de los medios de comunicación, no sólo en el ámbito capitalino, sino en todo el país. Se ha avanzado mucho en el vínculo entre el Instituto de la Música y el ICRT -el mejor ejemplo es el Canal Clave de la TVC-, pero el camino para glorificar lo nuestro es largo y complejo. Este pasa por la mente y los corazones de muchos, acaso mal formados estéticamente, con los que habrá que lidiar, cautivar y seducir desde lo auténtico, en un mundo cada vez más a expensas del mercado cultural, con distancias comunicativas cada vez más reducidas por la tecnología.

No podemos reescribir nuestros errores en el campo de la cultura pero sí evitar otros nuevos. Que nuestra política cultural, en lo que se refiere a la música, sea una sola. Y que la banda sonora que algún día contará la historia de este país, sea la misma que suena en la radio.

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Comments

    1. Cuba es el país de las prohibiciones y absurdos. La música anglosajona, los peludos, los pantalones apretados, los rockeros, trovadores, homosexuales, intelectuales, disidentes, todos cogieron y siguen cogiendo lo suyo.

      Todavía no hay disculpa oficial por la UMAP. Año 2019.

      1. Tengo casi 58 años y toda mi vida ha estada ligada a la música, aunque no soy músico. Mi padre fue empleado de Umara y Lastra, no sé si se escribe así, pero si sé que siempre hubo TV, tocadiscos y artefactos sonoros de todo tipo, por lo que escuché desde muy pequeño mucha música. Vivo en El Cerro, donde la rumba arrolladora colmaba cualquier esquina, no se tampoco cómo, pero había tambores, cencerros y claves en cualquier noche de verano, sin conocerse casi o nada las personas salían y se divertían a su modo. El estadio albergaba hasta dos orquestas que avivaban a la multitud que además de ver el juego gozaba. El carnaval era jolgorio y alegría, competencia y algarabía de muchos, la serpentina, el confetti y los disfraces cautivaba, había pobresa y necesidad, pero la cultura la llevaba el pueblo en sus adentros, hoy todo está perdido y no podemos soñar con la onda de los 50 pués muchos maestros han desaparecido sin dejar el relevo, que en ocaciones era debido a la necesidad, que como se decía hace parir hijos machos, hoy no hay tiempo, la supervivencia de lo lleva todo. Esperemos que los nuevos vientos ayuden a elevar la cultura que no es sólo escribir y leer, que no se hace bien que digamos.
        Ojalá los autores y cantores empíricos como el Beny vuelvan a hacer sonar las emisoras, que ya casi no se oyen. Gracias.

          1. Muchas gracias, le agradezco, pués nunca molesté a mi padre indagando sobre su paso por este lugar del cual solo escuché algunos comentarios.

  1. Giordan Rodríguez Milanés, saludos. Gracias por tu articulo. Tenemos que mirarnos por dentro y mucho, coincido plenamente contigo.

    No relacionado con el articulo pero aquí va: … se siente muy bien el blog en los últimos días, tranquilo, sin que nadie este ofendiendo a uno u otros comentaristas, por sus ideas o comentarios, o acusaciones de tal tipo y las conocidas faltas de respeto.

    Todos sabemos a que me refiero 🙂

    Gracias por permitir unos días tranquilos!

  2. Tengo casi 58 años y toda mi vida ha estada ligada a la música, aunque no soy músico. Mi padre fue empleado de Umara y Lastra, no sé si se escribe así, pero si sé que siempre hubo TV, tocadiscos y artefactos sonoros de todo tipo, por lo que escuché desde muy pequeño mucha música. Vivo en El Cerro, donde la rumba arrolladora colmaba cualquier esquina, no se tampoco cómo, pero había tambores, cencerros y claves en cualquier noche de verano, sin conocerse casi o nada las personas salían y se divertían a su modo. El estadio albergaba hasta dos orquestas que avivaban a la multitud que además de ver el juego gozaba. El carnaval era jolgorio y alegría, competencia y algarabía de muchos, la serpentina, el confetti y los disfraces cautivaba, había pobresa y necesidad, pero la cultura la llevaba el pueblo en sus adentros, hoy todo está perdido y no podemos soñar con la onda de los 50 pués muchos maestros han desaparecido sin dejar el relevo, que en ocaciones era debido a la necesidad, que como se decía hace parir hijos machos, hoy no hay tiempo, la supervivencia de lo lleva todo. Esperemos que los nuevos vientos ayuden a elevar la cultura que no es sólo escribir y leer, que no se hace bien que digamos.
    Ojalá los autores y cantores empíricos como el Beny vuelvan a hacer sonar las emisoras, que ya casi no se oyen. Gracias.

  3. Tengo permitido opinar? Desearía una confirmación pués no puedo cumplir mi intención. Saludos. Gracias

  4. Disculpe, pero no podía publicar, creo que por la hora hay un poco de conversión. Gracias una vez más Disculpe.

  5. Demasiado absoluto que hace perder la objetividad, esos mismos anhos que el autor plantea «hasta bien entrados los noventa» fueron los anhos en que por radio, television y otros espacios se promovia musica cubana variada y buena: Los Van Van, Adalberto, Irakeres, Danden, NG la banda, Sintesis, Elio Reve, la original de Manzanillo, Moncada… Tambien otros y otras como Omara, Elena, Moraima, Lourdes… Fueron anhos donde brillaron Celina y Reutilio, el jilguero, …
    El premio Guzman promovia la musica cubana anho tras anho.
    Silvio y Pablo estabn muy, pero muy lejos de ser solo musica de actos y por el contrario eran la musica de seleccion de los espacios universitariuos, Tambien tenemos a Mayahuacan, Gerardo, Tosca, Sara, Eduardo … Fueron los anhos que descubrieron a Santiago Feliu. Fueron los anhos de explosion de un jazz latino que recupero raices cubanas y se proyecto en muchos espacios diversos.
    El autor focaliza un parte anecdotica del problema y lo generaliza y proyecta mas alla de su vigencia en tiempo y espacio para terminar distorsionando una realidad mas rica y compleja.

    1. Ernesto, en 1994, exactamente en el mes de Junio, todas las emisoras de la Radio Cubana, recibieron una circular firmada por Josefa Bracero, vicepresidente del ICRT, que hacía referencia a un estudio realizado por ese organismo que llegó a la conclusión de que, y cito: «la sonorización de la mayoría de nuestrad emisoras está cargada de elementos extranjerizantes». Como resultado, esa propia circular orientaba que el 100 porciento de los temas de presentación y despedida de los programas de radio se hicieran con música cubana pues la imagen sonora de estas era muy similar a las de Miami. Todos los que en esa época eran, como yo, directores de radio en alguna emisora territorial, saben de que hablo. Si esa circular fue necesaria, fue por la distorsión existente en la difusión musical hasta esa fecha. Luego, en 1996, se reconoció en el taller teórico del Festival Nacional de la Radio -en el cual este servidor participó-, que era un autoengaño la aplicación de los llamados porcientos de la política de difusión musical de nuestras emisoras. Y la dirección de música de la Radio Cubana comenzó a orientar tomar medidas drásticas con los incumplidores con el 50 porciento de música extranjera y 50 porciento de música cubana en los programas para jóvenes, y 30 y 70 en el resto. Luego, en 1998, se orientó que 15 y 85 para las emisoras municipales, 30 y 70 para las provinciales y 50 y 50 para las nacionales. Si hubo que orientar aquello, establecerlo como requisito de obligatoriedad, por algo sería. Le sugiero antes de pretender que yo distorsiono la realidad -ya que le encanta como razono, como me dijo el otro día en SC-, que razonemos juntos a partir de el análisis de los discos de vinilo y cintas de envíos con música para las emisoras territoriales desde la década del setenta hasta que dejaron de hacerse a principios del siglo XXI, y establezcamos por las muestras aun archivadas y los tarjeteros cuáles eran las prioridades. Usted tiene razón respecto al llamado boom de la difusión de la llamada salsa, el son y la timba entre 1993 y 1999 -apenas seis años-, sobre el por qué de ese boom le sugiero el documental «Yo soy del son a la salsa» de Rigoberto López y una antrevista a Juan Formell aparecida en un número de La Gaceta que no pudiera precisar ahora. Pero ese boom marginó otras músicas en la radio, otras músicas cubanas que siguieron confinadas a los programas genéricos, que es lo que planteo en mi texto, algo que todavía existe en nuestros dias. Sino, trate de escuchar un danzón o un sucusucu en un programa de esos llamados «estelares» También usted tiene razón cuando habla de la trova en los espacios universitarios, a lo que yo podrìa agregar Casa de las Américas y el Centro Pablo pero… ¿Y el resto de los espacios institucionales no responden a la misma Política Cultural? Vamos a revisar juntos las fonotecas de las emisoras territoriales, y vamos a ver cuántos discos de trovadores que no fueran Silvio y Pablo llegaban en los envíos de la dirección de música de la Radio Cubana, y vamos a revisar las producciones musicales.
      No fue hasta 1995 que llegaron a las fonotecas un conjunto de 25 cintas con música de la trova tradicional cubana que incluían grabaciones de Beny Moré con la RCA Victor, que fueron confinadas a programas llamdos de «música del recuerdo». La excepción, la fonoteca de Radio Progreso, cuyo colectivo de directores de programa sí tuvieron siempre una sólida formación en defensa de los valores nacionales, y sus fonotecarios han custodiado y preservado su archivo.
      Si usted quizás se toma el trabajo de volver a leer, notará que no generalizo cuando hablo de los medios -no de las instituciones de la cultura- y, dentro de los medios, fundamentalmente, los territoriales.
      En mi penúltimo párrafo reconozco que en la actualidad hay un mejor vínculo entre las instituciones de la cultura y los medios, también pude mencionar a Radio Taíno. Sin embargo, todavía, es una rareza escuchar por nuestras radios territoriales a Ray Fernández, Pedro Luis Ferrer, Frank Delgado, Xiomara Laugart, Carlos Varela, Vicente y Santigo Feliú, Freddy Lafita, Ariel Barreiro, Leonardo García, las canciones de amor y las guarachas de Eduardo Sosa, la steel Band de El Cobre, la música de Benito de la Fuente o Pepe Ordaz -a no ser Son para ti-, Wilian Vivanco -más allá de Lo Tengo To Pensao-, Charlie Salgado, Richard Gómez, Ivette Cepeda y pudiera mencionar a muchísimos mas…
      Y por supuesto que el fenómeno es mucho mas complejo, mucho más complejo que culpar a la globalización y el dominio trasnacional del mercado…. Si precisamente ed lo que he dicho.
      Y acabo de violar mi palabra de nieto de comunista de mo volver a comentar en este forum, pero supingo que tratándose de un comentario respetuoso, uno podía ser autoflexible.

      1. Hola Giordan, volvi a leer tu nota y tienes razon que haces hincapie en la difusion fuera de la capital. De eso se muy poco y por tanto no opino. El tema sin embargo de mi » queja» lo considero aun valido. Con demasiada frecuencia en los analisis pecamos de un sesgo muy fuerte hacia la tesis que de antemano queremos defender y soslayamos los elementos que pueden contenderla. Sin entrar en circulares y resoluciobes que desconozco, por no ser del gremio, puedo decir, como espectador activo, que en los ochenta, noventa, siendo adolecente descubrimos a Sintesis, a Amaury, a otros que desde la TV y la radio nos abrieron un espacio desconocido hasta entonces en el rock cubano. Tu mismo hablas de los VanVan entre otros, las razones de esa divulgacion pueden ser validas o no, tu apuntas a un documental que consideras esclarecedor, pero el fenomeno de la divulgacion de esa musica propia existio y eso es un hecho objetivo. Senhalo que tu articulo es absolutizador, no mendaz, y en eso radica lo que considero distorcionador. Es interesante tu comentario oorque da un contexto que estaba ausente en el texto original. Creo que cuando uno escribe algo, luego debe dejarlo reposar para empezar a verlo desde la perspectiva opuesta y, desde esa mirada, hallar que le falto por nuestros propios sesgo. No es consejo que siempre sigo yo.mismo pero trato. De cualquier manera gracias por inducir el intercambio.

        1. Ernesto, respecto al sesgo, toda la razón tiene usted. Yo mismo me he cuestionado muchas veces la objetividad de toda construcción conceptual y sus argumentaciones. Anduve tan atormentado con eso que una vez le pregunté a una doctora en psicología, asesora del MINCULT, que nos impartía un taller sobre ingeniería cultural, hasta qué punto un diagnóstico basado en el paradigma investigativo cualitativo se acercaba a la realidad tanto como uno basado en el postivista, o viceversa; y su respuesta me devolvió la tranquilidad: «Ningun acercamiento a la realidad es ascéptico, siempre está sesgado por nuestras vivencias». De modo que, desde entonces, aprendí a manejar mis propios sesgos, a manejarlos con buen humor y espíritu autocrítico, y un poco de ligereza. Yo, como Lezama, creo que toda verdad debería ser conciliada, conversada -era la palabra que él usaba-, de modo que aprovecho estos espacios para socializar mi verdad sesgada, y enrriquecerla con otras verdades sesgadas por las vivencias, como la suya en este caso concreto. Porque el hecho de que usted haya descubierto y desarrollado su apreciación por Irakere y Amaury Pérez, a través de la Radio (su vivencia) no demuestra que la Radio Cubana, en tanto sistema, no haya estado fallando en el componente cultural de su misión, como se ha estado advirtiendo, por ejemplo, congreso tras congreso de la UNEAC y la AHS. De tal modo, de sesgo en sesgo, y de aproximación a aproximación, como la relación ensayo-error, uno va aprendiendo y acaso contribuyendo a que otros aprendan. Creo que abajo, en mi respuesta al joven Ernesto, doy otros argumentos que, por razones de espacio, no podía incluir en el artículo. No obstante, nunca dije que no se divulgara en absoluto esa música, sino que habría que buscar en su sesgada promoción -y hablando de sesgo- una de las causas de por qué hemos estado siendo vulnerables a la imposición de gustos y mercados desde las trasnacionales. Bueno, al menos es eso lo que intenté decir con: «Ellos lo saben. Nosotros, A VECES, lo olvidamos.

  6. Eres muy absoluto en tus conclusiones. Los ritmos y géneros antes de 1959 se mantuvieron y evolucionaron durante la Revolución. Tienes razón grandes como Chano Pozo fueron influencia innegable en el Jazz (Una calle en New York lleva su nombre) y un joven cubano como yo lo conoce y disfruta, nadie me lo prohíbe.
    Irakere, fueron fieles exponentes de la música cubana y evolucionaron en género, así lo hizo también VanVan.
    Beny, es símbolo en Cuba, centros nocturnos, estatuas, y muchos remix como el de XAlfonso (XMore) le hacen homenaje diario.
    Es cierto debemos defender y promover más nuestra música, pero la guerra cultural existe. Y en determinado momento de nuestra historia tuvimos que cubrirnos como boxeador con su espalda en la esquina del ring. Eso implicó dejar de hacer mucho para proteger lo poco que teníamos.
    En estos momentos como nuestro presidente explicó la cultura y la Revolución tienen la capacidad de promover, desarrollar, exponer, defender. Ha pero es real, Con la Revolución todo.
    Esta es mi humilde opinión, la de un joven cubano que defiende a su país, que aunque tenga problemas, no más que el resto, es mi país, mi cultura.

    1. Eduardo, una cosa es la evolución formal o estilística de un complejo musical y sus géneros, otra es la promoción mediática de sus esencias. Yo hablo en mi artículo de promoción mediática y de industria cultural, no cuestiono que se haya seguido cultivando o se haya actualizado determinada forma o estilo. Todos los días, en parques y rincones citadinos, en este país trovadores practicamente desconocidos cantan lo más valedero de la cancionística cubana, y sus propias creaciones. Podría mencionarte ahora mismo a una treintena. Pero todos los dias esos trovadores no se ponen en la radio, no se escuchan en las actividadea culturales de nuestrad escuelas y universidades. No aparecen en los programas «estelares» de nuestra televisión. Y que no estén en esos espacios no es ni remotamente culpa de la guerra cultural que nos impone el imperialismo, ni de las transnacionales.
      Hagamos una encuesta, preguntemos entre los moradores del edificio del ICRT por la Steel Band del cobre, por Camagua, por cualquiera de los magníficos trios de Manzanillo y Santi Spíritus, por cualquiera de los septetos de Las Tunas, por la Tumba Francesa, por la melcocha que todavía cultiva Guasimal. Entonces se sabrá si soy absolutista o no. Tratemos de ver el Jilguerito fuera de Palmas y Cañas, o de escucharlo en la Revista ¿Cultural? «Así» de RR, o al órgano de Los Hermanos Ajo en 23 y M.
      Entonces se sabrá si soy absoluto o no. Parémonos en cualquier esquina repartera de La Habana a escuchar si se tararea al Septeto Santiaguero igual que a Los Cuatro, o si se baila con Yoruba Andabo como con El Chacal. Entonces se sabrá si soy absoluto o no. Y lo verdaderamente interesante es que, casi todos esos que he mencionado, (El septeto santiaguero, Yoruba Andabo, Obbiní Batá, Camagua…) han sido muchas veces premiados y promicionados, precisamente, por las plataformas de la industria cultural con la cual el imperialismo nos penetra. ¡Vaya paradoja!

  7. Amigo periodista, el famoso callejón habanero se nombra HAMEL, y no Hamlet como el de.Shakespeare.
    Sería bueno rectificarlo para no confundir a los lectores. Saludos

  8. Saludos Giordan Rodríguez Milanés.
    Leí con mucho interés y agrado su artículo «La (otra) política cultural»
    Como siempre disfruté de esta nueva entrega de La Joven Cuba.
    Aprovecho para felicitar a todos los que escriben para esa redacción porque lo hacen de manera seria, respetuosa y elegante, para referirse a los difíciles y complejos problemas de nuestro país,los que siempre han repercutido con más fuerza en el pueblo,y me parece excelente el trabajo que realizan para ayudar a reflexionar, y reaccionar positivamente, a nuestro gobierno.
    En esta, además de felicitarlos a todos, deseo ayudar y defender, humilde te, su trabajo, por lo que le refiero que la calle de Centro Habana que menciona en su trabajo es CALLEJON DE HAMEL.
    Para estar más segura busqué en mis mapas.
    En algunos aparece con una sola M y en otras con dos (deberían ponerse de acuerdo los cartógrafos o los que confeccione estos documentos porque es un lugar de gran historia y cultura), pero como no debe aparecer nunca es como Callejón de Hamlet
    Disculpe mi intromisión. Sí le envío esta noticia es porque quiero que a La Joven Cuba, más que a cualquier otra redacción se le pueda señalar ningún error.
    Mi mayor deseo es que continúen ayudando a abrir caminos lúcidos a esta nueva dirigencia de nuestro país, en la que confío y tengo puesta mis últimas esperanzas.
    Al leer La Joven Cuba me siento gratificada de que continúen cuidando la obra que comenzó en 1959,y que por problemas que no es necesario explicar aquí, nuestra generación modelo 1942, no tuvimos la oportunidad de hacer la crítica constructiva que ustedes hacen.
    Agradezco la cortesía de la amiga suscrita a La Joven Cuba.(en cuanto yo pueda tener internet, será lo primero que haré), que les está pasando está nota mía.
    Saludos para todos. Nilda Bouzi Torres.

    1. Muchas gracias, Armonia. Tanto este servidor como mi editor pasamos por alto el dislate. En mi caso, por el imperdonable error de confiar demasiado en mi memoria semiológica. He pasado por allí, y ahora que usted me lobhace notar, la verdad es que nunca me detuve a averiguar cómo se escribe correctamente. Muchas gracias por la rectificación.

  9. No se si en Cuba pasaron la exelente y muy premiada serie Breaking Bad.Tiene como seis temporadas y al menos una decena de capitulos cada una y todos son exelentes en todos los sentidos.
    Es una estrategia de la serie, muy acertada por cierto, poner temas musicales en momentos en que la trama se esta desarrollando una escena sin dialogo. Todo tipo de musica que va desde diferentes temas de la musica norteamericana de todo tipo hasta temas de otras latitudes.
    Hay una escena donde se recrea la destruccion del RV utilizado por los protagonistas como laboratorio en susu inicios. La musica utilizada es una cancion de los Zafiros. Cuando comienzan las maquinas a desmantelar el vehiculo resuena la cancion……. «He venido a decirte, que te sigo queriendo, He venido a decirte que te sigo amando, que te sigo………..»y la escena termina solo cuando termina la cancion.
    Por que quitaron a ese grupo fantastico de las emisoras?. Por que murieron desarrapados si la gente nunca dejo de apreciar su musica?. Como es que ninguna pelicula cubana o documental utilice en sus temas musicales ese tesoro que desaparecio como por arte de magia. Por que tuvo que venir una serie norteamericana a hacerles honor a los famosos mulatos de los barrios pobres de la Habana y desenterrar su musica para que el Mundo les conozca?..
    No importa. Cuando nadie se ocupe de esos que diabolicamente trataron de borrar las costumbres y la cultura de un pueblo y sustituirla con mitos y fantasmas extranjeros o inventados, todavia habra quien pregunte por esos de… «por tu amor soy capaz, de efrntarme a cualquiera……» .

    1. Sanson, hay una película cubana, producida por el ICAIC, que narra la historia de Los Zafiros.. «Zafiro: locura azul» se llama. Ciertamente durante toda las décadas del setenta y ochenta los zafiros fueron «desaparecidos» de la radio cubana, pero nunca estuvieron en la larga lista de prohibiciones del ICRT.

  10. Bueno, desaparecerlos hizo el mismo efecto que prohibirlos. Cuestion de palabras.
    Yo vi segmentos de la pelicula a la que te refieres y hasta annos despues se formo un grupo que llevaba el nombre y los imitaban cantando sus canciones. A lo que me refiero es a las decadas que estuvieron desaparecidos y al hecho de que nunca se les dio el lugar que se habian ganado en nuestra cultura por sabe Dios que razones.

  11. No por casualidad, los agoreros del odio entre cubanos, presionan desde Miami para eliminar el intercambio cultural entre las dos orillas. Tal es el poder humanizante de la música cubana más auténtica y de mayor calidad

    Cual intercambio ???

    mas que un intercambio cultural,se necesita eliminar prohibiciones para insentivar el comercio entre cubanos de ambas orillas y hacer mejorar la calidad de vida de vecindarios enteros en la Isla

    Donde menciona usted a Celia Cruz y otros ? ni siquiera dejarla entrar para ver a su madre le permitireron.

    Quienes odian a quien ?

    medio millon de cubanos viajan a Cuba pagando un pasaporte que es super caro y aguantando caballadas y ladrones en las aduanas del pais para compartir un tiempo con sus paisanos y familiares

    Le zumba el mango…..

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