¡Qué maravilla es ese papá!

Por: Gabriela Mejías Gispert

Hace varios domingos, el día del padre, recordaba ese dicho popular que afirma: “Papá es cualquiera, Madre una sola”. Tiene tantas interpretaciones como formas de decirlo: cualquiera puede ser progenitor biológico, aunque no se le diga papá; cualquiera puede cumplir la función afectiva que carga la palabra papá, cualquiera puede “dejar” embarazada a una mujer, pero eso no lo convierte en papá… y muchas más.

Sin embargo, madre es una sola ¿Qué vuelve a la maternidad insustituible, que no lo hace con la paternidad? ¿9 meses de gestación y cambios hormonales? No creo que sea diferencia suficiente.

El proceso psicológico de un padre durante esos meses y casi que me atrevería a decir cambios hormonales, por transitividad, es palpable en cualquiera que haya tenido la experiencia de ver a un hombre acompañando el embarazo de su compañera.

¿Cómo sería la lógica del dicho, si son dos madres o dos padres quienes se encargan de la crianza?

La paternidad consciente es un término que se viene mencionando mucho en la Cuba de estos tiempos. Un hito trascendental en las políticas de paridad tomadas en los últimos años lo constituye el Decreto-Ley N° 234 aprobado en el 2003 (hoy N°339), el cual “concede los derechos a la madre y al padre, para propiciar la responsabilidad compartida con la familia para el cuidado y atención del hijo o hija menor de edad” (1)

Sin embargo, desde entonces muy pocos son los hombres que se han acogido a la licencia de paternidad. Es cierto que el decreto, a pesar de ser muy visionario es ambiguo en algunos términos, como no incluir “paternidad” en su título, lo cual puede prestar confusión en cuanto a si son ellos también beneficiarios de las políticas sociales y económicas para garantizar la licencia, pero no es esta la razón por la que tiene tan pocos adeptos.

¿Será que creen que el dibujo animado de la odisea para ser un papá maravilla es real?

La parentalidad va más allá de un proceso biológico. Es un proceso de construcción social acerca de lo que se considera paternidad y maternidad. Como un hecho cultural, juega un papel fundamental el imaginario social, que vendría a ser como aquella gaveta en la que buscamos algo para intentar explicar las acciones y fenómenos sociales, cuyos elementos vamos transmitiendo en el devenir de la realidad social; de la misma forma los reconstruimos y reproducimos.

Dentro de este entramado de relaciones interpersonales e intergrupales quedamos enlazadxs a otras personas con las que interactuamos cotidianamente. En estos círculos se construyen estas realidades: maternidad, paternidad, vinculaciones y sentimientos de pertenencia.

La construcción social de la paternidad en las sociedades occidentales viene aparejada a tres grandes hitos: la ausencia, el carácter periférico y la desvinculación biológica. El padre en sus funciones de proveedor, protector, como cabeza de familia que tiene obligaciones de carácter material. El padre a quien el imaginario social comprende como un ser periférico, ajeno a las funciones nutrientes, afectivas y emocionales del hijo o la hija. ¡Pórtate bien o se lo digo a tu papá!

Todas ellas constituyen los distintos vínculos parentales que vemos a diario, teniendo como consecuencias fundamentales dos efectos no deseados, a los cuales cierto psiquiatra nombró como: “La culpabilidad materna” en la cual el proceso psicoafectivo de los infantes se atribuye como responsabilidad de la madre, siendo portadora de los males cuando estos no tienen los efectos esperados y “la imagen borrosa” de un padre, que queda revestido por un estado de carencia de afectividad, sensibilidad y ternura, que toma una posición de distancia por miedo a entorpecer el trabajo que se le tiene asignado a la madre.

Características parentales transmitidas por una cultura patriarcal donde el rol femenino queda siempre vinculado a lo privado, a lo natural, a lo sensible y lo masculino a lo público, proveedor, hosco, fuerte. Una historia antigua que moldea a los varones desde chicos a estar ajenos a la afectividad ¡que es esa pajarería de ser sensibles!

Llevan a un inevitable juego de policía bueno y policía malo; en el cual ambas partes salen perdiendo.

Una paternidad responsable es una deconstrucción del rol paterno, pero también de la masculinidad como construcción social. Una apuesta a la crianza desde un lugar de paridad afectiva, que propicia un vínculo sano para los infantes, una apuesta a que las próximas generaciones tengan una visión más equitativa de los roles, una mayor sensibilidad para relacionarse, un reconocimiento de sus afectos, sentimientos y qué hacer con ellos.

Es una apuesta a masculinidades menos machistas, donde su responsabilidad no sea “ayudar” sino un rol activo en la educación de sus hijos e hijas. Quizás con esto consigamos que, en un futuro no tan lejano, los hombres no tengan prejuicios para elegir una licencia de paternidad si lo desean.

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