A favor del travestismo lexical

Por: Alejandro M. Mustelier

El machismo es un arte, una tradición que cada vez se especializa más; pero es fácil combatirlo: educación, sensibilidad; el simple acto de hacer notar que todos venimos de una mujer y que de una forma u otra forma, es una mujer quien siempre ofrece el sacrificio mayor por la mayoría de nosotros. He ahí cómo combatir al machismo clásico, al histórico, al fácil. Pero hay otra forma más sutil, peligrosa y casi incurable: les hablo del machismo disfrazado de ideas progresistas, de alternativo y de novedoso, sobre todo de justo.

Esta novísima tendencia defiende a la mujer a capa y espada, simula odiar la discriminación y es vocero y líder de los movimientos políticos más avanzados de esa parte del planeta que habla español. Se le puede ver en manifestaciones a favor de los derechos humanos, y en discursos multitudinarios en defensa del socialismo –sí, estoy diciendo que el socialismo es uno de los sistemas más avanzados del mundo-.

Pero no esperen un machismo alardoso y gritón, no. Este es sutil y ha comenzado por influir terrenos tan aparentemente inocentes como el lenguaje. Me explico. Decir el hombre o los niños para referirse en forma genérica a estos grupos etarios, a pesar de que es lo correcto, puede granjearte el apelativo de indolente –o indolenta-. Ahora hay que decir el hombre y la mujer, las niñas y los niños. Y yo pregunto si esto no es una forma involuntaria de segregación.

Acepto que el hecho de que estos términos se generalizaran en masculino tuvo su origen en el machismo primario de la humanidad, pero ha perdido todo significado en este sentido y hoy es solamente una regla que la RAE tiene como vigente. Despertar la inquina y el odio en esta dirección no es sólo una estupidez, sino un desacierto estratégico.

Pienso que la humanidad –y el humanidor- deben luchar por derechos reales: igualdad de sueldos, respeto a la vida de las mujeres, igualdad de oportunidades, igualdad semiótica –esto último nunca lo he visto en medio alguno pero se me ocurrió, permítaseme acuñar el término-… y si estamos dispuestos a desterrar el masculino como referente genérico y con ello modificar el idioma, pues vamos a hacerlo de verdad –que la mujer lo merece- y no tímidamente.

Inventemos un género neutro, digamos, les humanes, les niñes… y así todos contentos. Me parece justo y económico –el primer principio del lenguaje, así como del pensamiento es la economía-. Lo que no es comprensible desde ningún punto de vista es mencionar los géneros cada vez que se hace mención a algo que posea genitales ¿Tienen idea de cuán tedioso puede ser un discurso así?

Todas y todos podemos hablar con nuestras amigas y nuestros amigos para que nuestras hijas y nuestros hijos crezcan en un mundo sin obtusas ni obtusos que defiendan al hombre y a la mujer desde posiciones estériles.

Lo que más me preocupa es que la gente que se adhiere a esta forma –incorrecta- de hablar, es justamente la gente que defiende principios justos. ¿No debería esta gente ser objetiva y amena? El discurso capitalista –y pienso en la publicidad, por ejemplo- es objetivo y ameno. Dejemos de querer ser revolucionarios en la orillita con aro, balde y paleta, y vayamos a lo hondo, que es donde está lo trascendente. Si lo hacemos podemos ganar la batalla.

A toda la gente que defiende el progreso, la inclusión y la igualdad, le digo que no se tomen los masculinos como machistas, sino como voces muy progresistas que a pesar de ser masculinas, tienen a bien travestirse por un mundo mejor. Señor progresista, no le negará la existencia a un travesti, ¿verdad?

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