Por Jalisco ¡lo más grande!

Foto: Dazra Novak

Por: Escrutinio Arévalos

En una ocasión, Albert Einstein dijo que la palabra progreso no tiene ningún sentido mientras haya niños infelices. Ahora hagan un experimento sencillo: intenten explicarle a un niño la palabra “progreso”. Eso es exactamente lo que llevo tiempo intentando hacer con mi sobrino cada vez que me pide que lo lleve a jugar. Para mí, que vivo apenas a dos cuadras del Jalisco Park, sería demasiado fácil cumplir con sus prerrogativas, pero no. Conspira el universo y todo se va a bolina. Entonces tengo escasas opciones para con un vejigo de tres años dados mis ingresos: Llevarlo al parque a que “mataperree”, o llevarlo al parque a que “mataperree”. No tengo de otra.

Cuando tenía su edad y durante unos pocos años más, el Jalisco Park fue mi jungla, mi sabana, mi canal interoceánico, mi pico más alto. Esa feria de atracciones moderna de La Habana (como supuestamente fue concebida hace más de noventa años), es hoy trendig topic del “…desarrollo infame de la desmemoria”, como dicta una canción de un amigo trovador.

Para “cabalgar” sobre “el dinosaurio” de Monterroso, he de destacar que cuando el Vedado comenzaba a despertar, el Jalisco Park ya estaba allí. Construido inicialmente en un terreno en 23 entre L y M, Vedado, donde décadas después fue levantado el hotel Habana (Hilton –revolución– Libre). El Jalisco Park sería reubicado poco tiempo después en su locación actual, 23 y 18. En sus comienzos contaba con aparatos eléctricos de última generación y hasta con una casa de espejos.

Juro haber visto en alguna de sus raras esquinas una placa que identificaba el lugar y año de construcción, 1927. Hoy en día, en su entrada principal resaltan, amén del desgastado logo y nombre del parque, par de eslóganes de Recreatur, la empresa de turismo y recreación de La Habana que administra el lugar.

Uno de los eslógans de dicha empresa advierte, “Recreatur: hace realidad sus espectativas”. He de decir que el procesador de texto Microsoft Word hizo el cambio automático de la “s” por la “x” (editado en Español internacional). La volví a cambiar e inmediatamente subrayó en rojo la palabra mal escrita, justo antes de confirmarla, “agregándola al diccionario”. Espectativa. Lo raro, o ya definitivamente no, es que ese cartel está allí desde quién sabe cuánto.

Así comienza, desde la entrada al parque, un vía crucis que pica y se extiende

Los “caballitos”, tiesos. Los “carritos locos”, cansados de dar vueltas en círculos, andan en huelga por falta de mantenimiento desde Ñañaseré. La “laguna con los botecitos”, donde recuerdo que mi principal diversión era hundir mis dedos en el agua fría, mientras veía pasar la sonrisa de mis padres, sin botes y sin agua. El parque de los columpios, donde eran usuales las murumacas y las caídas, corroído por el óxido. Lo único que estructuralmente se mantiene en pie, y porque es de cemento, es el escenario central, en el que por muchos años la compañía del “Payaso Azul“, con el meloso “Oso jacarandoso” divirtió a decenas de niños en las tardes de sábados y domingos con sus canciones y juegos de participación.

Y entonces, al final, tantas veces resucitados, están los tres vagones de la “montaña rusa” (¿cuántos coches habrán sido en principio?), que antes fue americana, soviética, luego de la Asociación Nacional de Inventores y Racionalizadores (ANIR) y ahora de las espectativas del tiempo. Y la “estrella polar”, con sus seis puntas en una eterna cuesta abajo buscando mejores vistas quizás, hacia esa parte del cementerio de Colón, que paradójicamente queda a un costado del parque, como mirándose mutuamente de reojo.

Existe un documento llamado OBRAS Y PROYECTOS PARA LA CELEBRACIÓN DEL 500 ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DE LA VILLA DE SAN CRISTÓBAL DE LA HABANA. Fue “divulgado” por la Asamblea Provincial del Poder Popular, llegando al que suscribe de manera subrepticia. Contiene un paquete con 186 sitios para su embellecimiento, restauración, recuperación, reparación y/o transformación. En la categoría de “Parques a rescatar e iluminar” hay 50 de estos, más ninguno de ellos es el Jalisco Park. Y existir es ser percibido.

Las excusas de siempre. Las entidades encargadas sostienen que entre sus prioridades tienen a la Isla del Coco (municipio Playa), Parque Lenin, (Arroyo Naranjo) y el José Martí (Alamar), instalaciones de mayor complejidad tecnológica ya que algunos aparatos requieren piezas de importación y tienen que cumplir determinados requisitos. Es menester aclarar que Recreatur, subordinada a la Unión Provincial de Comercio y Gastronomía de La Habana y esta a su vez al Consejo de la Administración Provincial (dígase “entidades encargadas”), es responsable de los parques Isla…, José…, Candado Park, Nené Traviesa, y el Jalisco Park. ¿Pero qué podemos esperar de ella cuando un simple cartel incurre en tan bochornosa falta? Agárrense de la brocha que nunca hubo escalera.

En los carnavales y ferias del país hay aparatos de fabricación criolla donde, en dependencia de la edad y responsabilidad de cada cual, se puede montar gente de todas las edades. A pesar de que aquellas “bestias de yerro” chirrían y no parecen en modo alguno seguras, los “técnicos” de cada uno de esos aparatos tienen que agregar bolsillos a sus pantalones y camisas de lo embolsados que se van. Y no estamos hablando para nada de fiestas “paganas” o fuera de la ley. Auspiciadas y todo por el gobierno de cada provincia.

Entonces uno se pregunta, si estos cuentapropistas tienen la capacidad y los recursos para crear todo un parque temático, ¿por qué no contratarlos precisamente para que arreglen los equipos del Jalisco, quizás y hasta con el apoyo de la ANIR? O incluso, los manejen ellos mismos con el impuesto correspondiente. ¿No sería una manera de revertir la situación de Jalisco? 

Sí, ya me dirán que no es así, que todo eso pasa por un proceso inversionista millonario y por nuestro sistema burocrático fractal, donde de nuevo el parque no es prioridad. O que Escrutinio Arévalo se toma a la ligera las decisiones del gobierno. Lo que sucede señores, es que las “coyunturas internacionales” y la voluntad política, son capaces de crear en este país una fábrica de disidentes con aparatos ideológicos de última generación y hasta con una casa de espejos ¿les parece haberlo leído antes?

Por lo pronto sigamos intentando explicarle a nuestros hijos, a como dé lugar, la palabra progreso.

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