Un pensamiento serio

Ilustración: Gesha Kim

Por: Manuel García Verdecia

Usualmente publico notas sobre distintos aspectos de la realidad que me interesan y que, creo, pueden interesar a otros. No me creo en posesión de LA verdad (líbreme Dios de tal soberbia) y únicamente presento los asuntos como yo los veo. Por tanto mi fin no es imponer un criterio ni hacer que nadie piense como yo. Solo quiero mover a los demás a reflexionar sobre estos asuntos e incitarlos a realizar sus propias elaboraciones. Siendo así entiendo que alguien discrepe de mis puntos de vista. Siempre que lo haga con argumentos y respeto, pues lo acepto y hasta lo aprovecho para enriquecer mi visión. Lo que rechazo es la superficialidad y el irrespeto.

Hace poco hablé positivamente de Marx y algunos reaccionaron desde una posición contraria y exaltadamente, pero no con razones, más bien burlescamente. Me referí a Marx porque, habiendo leído sus escritos, creo que hay mucho de positivo en ellos y que lo que se ha hecho argumentándolo como marxista ha sido generalmente inconsecuente. No lo hago un santo. Fue un hombre con virtudes y defectos, pero también fue un notable pensador humanista. El propio José Martí en sus palabras a la muerte de aquel dice: “Porque se puso del lado de los pobres merece mi respeto”.

Marx no puso bombas, no hizo fusilar a nadie, no mandó a nadie a campos de concentración ni los obligó a expatriarse, como tampoco propuso la estatalización burocrática y policial de la sociedad. Básicamente pensó que el capital, tal y como se desarrollaba en el siglo XIX, se fundaba en mucha opresión y abuso de una enorme mayoría de seres, por lo que proponía un cambio radical encabezado por los oprimidos para alcanzar una sociedad más equitativa y masivamente justa.

Y su obra ¿fue la panacea universal y eterna para la construcción del paraíso terrenal? Para nada. Fue el análisis razonado de un fenómeno especifico en su momento crucial, el capitalismo industrial. Básicamente un intento de deducir causas a la injusticia socioeconómica derivada de aquel fenómeno y proponer formas para una transformación redentora. Solo otro peldaño en la escala inagotable del conocimiento. Su teoría tuvo tan deficientes expositores y ejecutores que hacia el ocaso de su vida el propio Marx declaró no ser marxista, lo que indica su dialéctica crítica.

¿Se logró la estructura económico-social que él concibiera? No. ¿Por qué? Por muchísimas razones, desde cualidades de la personalidad de los líderes, los intereses de los poderosos, los contextos socioeconómicos correspondientes, hasta la idiosincrasia de los pueblos. De hecho, los desarrollos de la realidad en los siglos XX y XXI han derribado muchos de sus postulados y han hecho necesaria la elaboración de nuevas estrategias teórico-prácticas. Como todo, el marxismo no es ni infalible ni inmutable. El pensarlo así fue el máximo error de muchos de sus seguidores.

Alguien se refirió a que su tumba debe ser custodiada para que no la mancillen. Esto no habla de Marx, sino de la condición humana. Ninguno de sus libros, empezando por su obra mayor, El Capital, da razones para ejecutar barbaries como las apuntadas. Siempre he pensado que no se puede culpar al martillo porque alguien mate a otro a martillazos. Tampoco se puede condenar a libros o pensadores por una lectura fundamentalista y nociva de los mismos.

La Biblia ha sido utilizada para fundamentar decenas de crímenes. Véase, por poner el caso, lo que hizo el Movimiento de Restauración de los Diez Mandamientos de Dios en Uganda el 17 de marzo de 2000, cuando mató a 1000 personas. El Corán ha sido libro principal para organizaciones como Al Qaeda y Boko Haram que han asesinado a miles de ciudadanos en templos, estadios deportivos, comercios y centros de recreación. Un ser tan pacífico y alejado de las ideologías como Jerome Salinger escribió una novela que varios criminales emplearon para justificar actos como el atentado a Ronald Reagan o la muerte de John Lennon. Y no por eso se puede decir que La Biblia, El Coráno El Guardián en el trigal inciten al mal. Es que sujetos con cierto grado de aborrecimiento o perversión necesitan argumentar sus actos con otro individuo, obra u organización para descargo de sus conciencias.

Y sobre la vejación de la tumba de Marx, no es un hecho único. En el cementerio de mi ciudad, numerosas tumbas han sido dañadas, se han robado las macetas de flores, los cristales de los ataúdes, han hecho necesidades fisiológicas alrededor de ellas e, incluso, han hurtado huesos para trabajos de ciertas sectas. Y esos muertos fueron sencillamente personas comunes que no propusieron ningún sistema social, ni mucho menos detentaron el poder. Alguno habló de orinarse sobre la tumba de Marx, pues le digo que no es original. Ya se ha hecho, y bastante, sobre muchas tumbas inocentes. De todas maneras pienso que cada día necesitamos actitudes más responsables, informadas y civilizadas para afrontar los requerimientos cambiantes de la existencia y salir airosos. Creo yo que es lo único que puede mejorar el mundo.

Leer a Marx no daña a nadie, antes bien lo ilustra (porque uno se instruye hasta con lo antagónico, ya que leer verdaderamente es establecer un diálogo con el texto) y, si el individuo no está de acuerdo, pues tal vez se convierta en un pensador interesante que haga propuestas significativas para el mejoramiento humano. Sin embargo el mero choteo, las actitudes irresponsables y el gesto chusco o violento solo consiguen sacar a flote lo peor de la humanidad y estimular a reacciones similares. El choteo engendra choteo. La violencia genera violencia. La estupidez y la malevolencia no son de ningún bando político sino del peor costado de la imperfección humana. Solo la inteligencia y la sensibilidad responsables y cultas producen actitudes generosas y bienhechoras.

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