Comunista: con problemas ideológicos

Foto: Anson Tang

Por: Giordan Rodríguez Milanés

«Soy militante de los de verdad, un revolucionario que no hace concesiones» se enorgullece El Girovagante delante del consejo de dirección. «Mis convicciones no me permiten eso de andar criticando las decisiones de EL PAÍS, ni de la REVOLUCIÓN. La crítica y la religión sólo le hacen el juego al enemigo”.

Mientras: los trabajadores bajo su  guía no tienen agua potable en su centro. Deben aceptar que más de la mitad de la gasolina del auto estatal se use para resolver los problemas personales del «Jefe». Problemas tan personales, como mandar a su chofer en busca del hijo al politécnico, y llevarlo a casita a defecar porque «al niño no le gusta el baño de la escuela».

Tengo un amigo.

Nunca se ha jactado de ser revolucionario ni militante comunista aunque lo sea desde los 14 años y ya pase de los cincuenta. Cuando ha tenido que embarrarse las manos para pintar el centro de trabajo, lo ha hecho. Cuando hubo que picar marabú, se pasó ocho meses movilizado entre mosquitos y mala alimentación, durmiendo casi a la intemperie. Mi amigo tiene la más alta calificación técnica en su profesión y lo demuestra cada día con la calidad de lo que crea.

Cuando se trata de un asunto de “Patria o Muerte” -que, extrañamente, está fuera del Plan de Producción de la emisora- no quiere cobrar por su trabajo.  Cada mes tiene que hacer malabares para vivir con el salario que le pagan. No puede usar camisetas Adidas -como el Girovagante- ni le alcanza para comprarse un móvil. A mi amigo el gobierno no le ha otorgado un apartamento en el centro de la ciudad.

Los hijos de Mi Amigo no tienen un auto estatal a su disposición para ir a casa a… ya saben. Se han hecho a pulmón: uno es bodeguero, otra es oficinista, una tercera se casó con un extranjero y más o menos cambia la precariedad por la nostalgia. En casa de Mi Amigo escuchan música de la trova tradicional y a Silvio, Pablo, Sara Gonzalez, Omara Portuondo, Liuba María Hevia, Ray Fernandez, Frank Delgado, y se habla de Félix Varela, José Martí, Rubén Martínez Villena, Cintio Vitier y Leonardo Padura. En los consejillos de dirección del Girovagante se habla de La Belleza Latina, los Grammy latinos, los restaurantes privados y la entrada de los cruceros a La Habana.

Para el Girovagante, Mi Amigo tiene problemas ideológicos

Porque Mi Amigo se atreve, en primer lugar, a ser mi amigo y a decirlo, a recibirme en su casa y compartir un pan con croqueta conmigo. Porque expresa en las asambleas sus desacuerdos, tiene dudas, se hace preguntas y lo expresa públicamente. «Y un revolucionario de verdad no anda cuestionando las cosas, sólo defiende la revolución sea lo que sea», dice el Girovagante cuando se refiere a Mi Amigo.

Hace unos días nos encontramos Mi amigo y yo. Llora. Literalmente llora.

“¿Qué carajo pasa contigo?” -no me gusta ver a nadie llorar y menos a un negro noble y ‘entimbalao’ como éste.

“Me sancionaron por el Partido, me trataron de mentiroso. Yo no soy ningún mentiroso, cojones”.

Y sobre lo sucedido no puedo arrancarle una palabra más.

“No puedo decirte. Te conozco. Irás corriendo a publicarlo”.

“Y si lo publico, qué?” Le digo retador.

“No, coño, porque lo van a generalizar los ‘malos’, van a decir toda esa mierda de que la Revolución devora a sus propios hijos. ¡Y no es la Revolución, coño, son los que viven de ella…!”

Y calla. Y se marcha.

Al rato alguien me cuenta lo sucedido con detalles. No puedo publicarlo por respeto a la voluntad de Mi Amigo.

Sólo digo que para el Girovagante y su núcleo del Partido, Mi Amigo tiene problemas ideológicos por exigir agua potable, pedirle a El Girovagante que rinda cuentas del combustible que usa,  que explique a dónde va la asignación de alimentos para el desaparecido pantry del centro y que responda las inquietudes de los trabajadores. Pero sobre todo, por ser mi amigo.

Anuncios