Las calles son nuestras

Foto: Reuters

Por: Yassel Alejandro Padrón Kunakbaeva

En los últimos días, mucho se ha tecleado sobre lo ocurrido el sábado durante la marcha de los activistas LGTBIQ. Se trata de un acontecimiento triste, que le ha hecho mucho daño a la imagen del país en un momento crítico. A los que defendemos el proyecto social de la Revolución, nos ha dejado sin aliento, decepcionados, fragmentados, en fin, debilitados. Sin embargo, es importante tratar de sacar conclusiones.

Según la versión oficial, el CENESEX suspendió la conga debido a la difícil coyuntura internacional. Esta simple explicación dice mucho, porque muestra hasta qué punto pesa la mentalidad de Guerra Fría en la toma de decisiones políticas en la Cuba de hoy. Frente a las agresiones del imperialismo, algunos funcionarios del Partido y el MININT creen que se debe continuar con una política de “tolerancia cero” hacia las manifestaciones públicas espontáneas, una estrategia claramente sacada del libro del socialismo MADE IN URSS.

La falta de perspectiva de estos dirigentes puede ser, incluso, que les lleve a creer que el mantenimiento de ese esquema de “espacio público congelado” es una ventaja con respecto a otros países como, por ejemplo, Venezuela. Ya habrá alguno que crea que ser así como somos, cerrados, es lo que evita que ocurra en Cuba un fenómeno Guaidó.

La lógica que hay detrás de la suspensión de la conga del CENESEX es, presumiblemente, la siguiente: se debe evitar cualquier posibilidad de conflictividad callejera, la conga puede ser utilizada por grupos provocadores para lanzar al mundo imágenes y mensajes contrarios al gobierno, puede haber respuesta por parte de las iglesias y sectores anti-LGTBIQ, choques urbanos, todo lo cual puede justificar una agresión pacificadora contra Cuba. Solución: no se hace la conga, nadie tiene chance de hacer nada, y le damos al mundo una imagen de tranquilidad paradisíaca.

Este razonamiento es obtuso, y olvida muchas cosas. La primera de ellas, que hace pocos meses se aprobó una nueva Constitución, donde se garantiza el derecho de libre manifestación. En fin, no pueden seguir manteniendo políticas de seguridad típicas del socialismo de Estado clásico, porque está en contradicción con la Constitución. Lo segundo que olvida, es la madurez que ha alcanzado la sociedad civil, y la capacidad que han ganado los grupos opositores para movilizarla. Los resultados de la decisión hablan por sí mismos.

Querían evitar fotos e imágenes que mostraran una Cuba en conflicto y eso fue lo que provocaron

Salieron, a darle la vuelta al mundo, fotos de agentes del orden reprimiendo a manifestantes pacíficos pro-LGTBIQ. Sí, represión, aunque no haya sido con balas de goma ni gases lacrimógenos. Una vez que el CENESEX renunció a la conga, le regalaron ese espacio a grupos alternativos y opositores.

Si hubo alguna mala intención, algún interés provocativo, aun así no hay forma de culpar a los activistas que organizaron la marcha independiente, porque fue el Estado el que golpeó primero, el que lanzó la prohibición. En política los errores no se perdonan, los enemigos del Estado Cubano actuaron bien y esta vez ganaron la batalla simbólica por goleada.

Yo puedo estar seguro de que la Revolución Cubana es el proceso más humanista, el eje de la historia de Cuba. Pero, ¿cómo le justifico a alguien que los agentes del orden golpeen a activistas, en una manifestación dónde no todos eran mercenarios, y que solo exigían el respeto a un derecho humano? ¿Quién puede creer que eso era vital para la seguridad nacional?

Dicen algunos que la marcha fue permitida, y que la violencia solo se desató porque los manifestantes no quisieron disolverse al llegar al final del recorrido. Pero de nuevo, la marcha se aceptó a regañadientes, rodeada de efectivos policiales. Algunos de los organizadores fueron arrestados para que no pudieran asistir. ¿Con qué legitimidad las fuerzas del orden podían exigirles disciplina a los manifestantes, o ponerles un límite en su recorrido?

Todo esto muestra lo urgente que es que se promulgue en Cuba una Ley de Manifestaciones, para que se haga efectivo el derecho constitucional, y todos los grupos puedan utilizar el espacio público para hacer sus actividades, siempre y cuando cumplan con ciertos requisitos. Solo con una Ley como esa, que permita las negociaciones previas y ofrezca garantías, podrá normalizarse la protesta pública y las fuerzas del orden tendrán legitimidad para reprimir a los que violenten el orden social.

La Revolución se hizo para que el pueblo se adueñara de su país, incluyendo sus calles. Las calles le pertenecen a todos, no solo a las organizaciones políticas y de masas autorizadas. La expropiación de la calle y del espacio público en general, realizada por el Estado, es una de las peores herencias que tenemos de la Europa del Este. Es hora de corregir el rumbo y abandonar las viejas mentalidades de la Guerra Fría.

Creo que todavía estamos a tiempo de cambiar. Fue por eso por lo que votamos el 24 de febrero. Si no lo hacemos, corremos el riesgo de vivir una espiral de manifestaciones espontáneas y represión, un remake de mala calidad de lo que fue la historia de los últimos años de la RDA, cuyo final es completamente predecible. ¿Es ese el mundo ideal al que quieren llevarnos los dirigentes que decidieron suspender la conga?

Para contactar con el autor: yasselpadron1@riseup.net

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