Tres reacciones a una conga triste

Foto: Reuters

Ariel Montenegro: Yo usted, hubiera ido a la marcha del Parque Central, y dialogo, y les explico la pertinencia de atrasar el Código de Familia, y luego marcho con ellos, y le cambio el sentido al asunto, y de paso reconozco que suspender la primera fue un error…. Y QUEDO COMO DIOS!

Foto: Yamil Lage/Agence France-Presse

Rosario González: Cuando veo las imágenes de la conga espontánea convocada sin el pregón oficial, apoyando a la comunidad LGTBI, en la tarde  del 11 de mayo en La Habana y su final de golpes y represión, recuerdo las manifestaciones de los jóvenes en contra de Machado o de Batista y las escenas de todas aquellas películas que se hicieron para no olvidar épocas pasadas muy negras. Entonces si todos esos pensamientos llegan a mi mente, algo muy triste está pasando en mi país ahora mismo.

Está mal que dividan al pueblo entre los que acatan órdenes y los que “desobedecen”. Está mal que obliguen a las personas a decidir bandos. Está mal que hagan sentir miedo a quienes emiten una postura. Está mal que el temor a pensar diferente se acrecente porque las formas de represión aumentan. Está mal pedir permiso, pedir votos y buscar justificaciones a lo que está mal. Está mal dividir a la comunidad LGTBI entre los que fueron a la fiesta oficial convocada por el CENESEX y los que marcharon por su cuenta en un día en el que ya era tradición realizar una conga que hasta hace un año demostraba al mundo que en Cuba aquello de apresar a los gays y clasificarlos y excluirlos y vejarlos, es cosa del pasado.

Hay elementos que están cambiando en este juego de gato y ratón de tantos años. El primero es que la sociedad civil ha perdido un poco el miedo, porque las redes sociales se han convertido en escudo que la hace sentir empoderada y segura. Desde la aparición de Internet existe un canal para expresarse y ser escuchados, buscando apoyo en el pueblo y no en los líderes, una oportunidad de denunciar, defender, comentar, disentir y  pertenecer. Aunque a veces estas herramientas, producto de la gran crisis de valores, se utilicen con otros fines, que dejan en evidencia la baja calidad humana de muchos, que les es más fácil intentar ser reporteros que hacer justicia y enfrentar la realidad que tienen justo detrás de la pantalla del teléfono móvil.

Otro factor que ha variado es la capacidad de entender que existe el poder de la convocatoria espontánea y es un derecho del ser humano que no se puede negar. Marchar detrás de una persona y no por un ideal es una práctica que solo alimenta vocación de títeres, manifiesta ante la imposibilidad de discernir entre lo que está bien y lo que está mal, entre lo que es un derecho o un regalo y limita la posibilidad de pensamiento libre, obligando siempre a hacer música aupados por un director de orquesta.

Sin dudas estos indicadores  hacen saltar las alarmas, cambian las reglas del juego, demuestran que la idea de que todos pensamos igual y todos somos iguales es discutible y con fallos visibles y entonces pasa que los que siempre han temido, ahora hacen temer a los que siempre han fomentado el miedo y ante el miedo las armas se disparan solas, la violencia aparece disfrazada de civil, como uno más, como si estuviese bien y fuese tan espontánea como la marcha, pero no, no está bien. La violencia no tiene ni tendrá justificación.

Veo las imágenes del odio y la sangre y los golpes y los gritos y pienso en la importancia del respeto, del cese del uso de la violencia, del fin de la represión, de las detenciones, del miedo, del chantaje, el fin de la máquina de moler cerebros que no piensan como se espera y solo puedo hacer un llamado a la convivencia pacífica, a la libertad en todas sus formas y al sentido común para que en el futuro, este día siga siendo de orgullo, música y celebración y no existan congas tristes marcando retrocesos.

Foto: AP

Giordan Rodríguez Milanés : Del absurdo a la estupidez. ¿Cuántos mercenarios habría? ¿Diez? ¿Cien? ¿Mil ¿Cuántas consignas contrarias a la Revolución se dirían? ¿Diez? ¿Cien? ¿Mil?

¿Qué país libre y soberano sería este si le temíeramos a diez, cien, mil? Porque no nos engañemos: toda forma de represión manifiesta un miedo profundo a perder su estatus en los personeros de las estructuras de poder .

En Bayamo hubo marcha en forma de pasacalle. La policía motorizada la custodió. Se escuchó y vio el júbilo de los LGTBI y sus simpatizantes. Luego unos se fueron a celebrar en grupos de amigos, otros a seguir organizando actividades y la tierra siguió girando, el marabú creciendo y los avestruces pastando.

Ni un solo periodista, reportero o lo que sea contrario a la Revolución pudo acusar al Gobierno y al Partido por nada. Las imágenes de la alegría en la ciudad monumento nacional, que subió a Facebook el promotor Omar Parada, no le dieron la vuelta al mundo con el superobjetivo de demostrar la incoherencia de un gobierno que, no hace ni tres meses, promovió la promulgacion de una constitución que pretende reconocer derechos fundamentales de los ciudadanos cubanos. Las imágenes de La Habana, sí.

La represión selectiva durante la marcha LGTBI en La Habana fue sencilla y llanamente una estupidez. Porque hay que ser honrados, no los reprimieron a todos. No hubo carros-bomba como en Chile durante la dictadura de Pinochet. No hubo gases lacrimógenos ni balas de goma como contra los chalecos amarillos en Francia… Todavía.

Porque si la reacción ante la disidencia radical, sea esta disidencia sincera o pagada por la USAID, sigue privilegiando la torpeza a cambio de los argumentos, o la violencia a la creatividad, digo responsablemente que estarían las autoridades llevando este país al estercolero de la historia. No hay que confundir autodeterminación con soberbia. ¿O es que quieren los represores que perdamos el “Cada día somos más” de la canción de Buena Fé?

Con golpes y detenciones no se fomenta la unidad en torno a un proyecto social que, quiero seguir creyendo, sería cualitativamente superior a cuántos le antecedieron. Con gente de civil abracando disidencias, violando lo establecido por la ley, no se cultiva la adhesión, el respeto o la simpatía por la Revolución.

Ahora podrán aparecer diez, cien, mil tocororos del absurdo a justificar. El mal ya está hecho. ¿Por qué suspendió el CENSEX la conga? ¿No la suspendieron porque querían evitar incidentes violentos y provocadores que atentaran contra los propósitos transparentes del movimiento LGTBI? ¿O la suspendieron porque, en mentes enfermizas de asedio, algunos necesitaban, precisamente, una marcha “alternativa” y esos incidentes para argumentar una injerencia que la historia argumenta de sobra?

Ahora ya pueden venir a por mi. Sigo en Cuba, en Manzanillo. Pueden aunque se decepcionarán por la falta de repercusiones. Puesto que para los represores diez, cien, mil son determinantes por encima de millones, si vienen por mi perderían el tiempo y los recursos: a los medios y papagayos de la USAID no les interesaría mi caso…

Una estupidez.

Se tenía que decir, coño, y se dijo.

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