A 25 años del histórico concepto “Casa Cuba”

Foto: EFE

Por: Julio Pernús

Dedicado a Monseñor Carlos Manuel de Céspedes y García-Menocal

En medio de una tangible revolución digital, salió una película española donde uno de sus personajes le decía burlándose a su novia: “mira, mi amor, si no apareces en la Wikipedia,[1]es un signo fehaciente de tu bajo aporte cultural a este planeta.”[2]Antes de disponerme a realizar este artículo, me tomé la tarea de indagar sobre Monseñor Carlos Manuel de Céspedes en la enciclopedia antes mencionada, constatando que sobre él hay sólo un párrafo y nada sobre la metáfora “Casa Cuba”, quizás, su mayor aporte intelectual al imaginario subjetivo de la cultura cubana.

Entonces, me sumerjo en estas líneas, con la esperanza de ser parte de un esfuerzo mayor de nuestra Iglesia católica, por homenajear a ese sacerdote ejemplar que soñó una Cuba diferente. Y me permitiré intentar conjugar sus ideas con algunos procesos culturales que se dan en la actualidad, porque la historia es una linterna imprescindible, cuando intentamos desde el pasado, alumbrar el presente y futuro de los nuevos complexus nacionales.

Corría el año 1994, con una realidad desafiante, todo el pueblo cubano inmerso en una lucha por su supervivencia, en medio de la peor crisis económica de nuestra historia contemporánea; es en ese contexto, cuando el entonces vicario de la Habana, pronuncia una conferencia[3] magistral durante la Segunda Semana Social Católica y allí esbozó un discurso bien interesante para explicar su concepto de “Casa Cuba”.

En una ocasión, le escuché decir al escritor Eduardo del Llano que dentro del ecosistema  cultural cubano existe una especie de tres listas imaginarias, pero con consecuencias reales; esta realidad, narrada por el autor de los cortos de Nicanor, en ocasiones no difiere del todo de la que percibimos dentro de nuestro ambiente eclesial o al menos así lo enfatiza el propio tataranieto del padre de la Patria durante su conferencia Promoción Humana, Realidad Cubana  y Perspectivas, presentada del 17 al 20 de noviembre de 1994 en La Habana[4].

La lista blanca está integrada por aquellos artistas que son reconocidos por su compromiso patriótico y su incondicional apoyo en cualquier tarea que se le oriente; la lista negra es habitada por esos personajes de la cultura que han sido catalogados como desafectos y acusados de irreconciliables con el proceso, y por supuesto, también existe una lista gris, donde son ubicados algunos artistas e intelectuales que no saben muchas veces cómo han llegado allí sus nombres y si podrán alguna vez salir, en ocasiones sus vidas tienden a ser sumergidas para siempre en un mar profundo de incomprensión, con la única esperanza de ser rescatadas por el paso insoslayable del tiempo.[5]

Luego de conversar y leer los criterios de varios de los amigos y seguidores del padre Céspedes, me atrevo a decir que el pensamiento cespediano navega con bastante regularidad entre la lista blanca y gris, sólo espero que como me dijo un profesor universitario, su legado sea de alguna forma rescatado y transmitido a las nuevas generaciones que no pudieron conocerlo.

Para comprender mejor la integralidad de la metáfora “Casa Cuba”, se hace necesario explorar las raíces de su creador. Monseñor Carlos Manuel de Céspedes era descendiente directo de Carlos Manuel de Céspedes del Castillo, el Padre de la Patria. En su currículo vitae destacan tres doctorados: Filosofía y Derecho por la Universidad de La Habana y Teología en Roma, los estudios de este último coincidieron con la realización del Concilio Vaticano II (1962-1965). Esto le permitió ser partícipe de aquel magno evento que puso a la Iglesia en consonancia con los signos de los tiempos; las enseñanzas del Vaticano II, sin dudas, marcarán su vida.

No podemos pasar por alto su labor en pos de la realización del Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC -1986), en esa ocasión fungió como responsable de atención a los medios de comunicación y sus conferencias de prensa son recordadas con gran entusiasmo por varios de los periodistas que asistieron al evento. Muestra de lo antes expresado es que mientras investigaba para mi tesis de maestría, sobre el proceso reflexivo de mayor trascendencia para la Iglesia cubana, Rosa Notario, una de sus protagonistas me dijo: “en ocasiones, tratábamos de salir un poco más temprano los participantes del ENEC para poder asistir a las conferencias de prensa de Mons. Carlos Manuel de Céspedes, en ellas se daban unos debates interesantísimos y él las conducías con una sapiencia inigualable.”[6]

Su labor intelectual lo imbuye en la realización de textos con un gran valor cultural, sobre todo: “Pasión por Cuba y por la Iglesia. Aproximación biográfica al P. Félix Varela; para muchos académicos su obra es una referencia obligatoria para comprender la vida del “que nos enseñó primero en pensar como cubanos.” Como reconocimiento a su acervo cultural se le concedió un puesto en la Real Academia de la Lengua Española en la silla correspondiente a la letra U. Un dato curioso, luego de su muerte, su asiento ha sido ocupado por el escritor Leonardo Padura, quizás otro de nuestros grandes personajes culturales que navegan por esos mares blancos y grises, desde hace años.

Los contextos para los científicos sociales son trascendentales, la Segunda Semana Social Católica efectuada en la Habana de 1994, mapeaba un país con una desaceleración de un 35% en su Producto Interno Bruto nacional. La Isla se resistía con uñas y dientes a ser protagonista del conocido Fin de la Historia de Francis Fukuyama, pero a cambio se generaba una situación especial que de sólo imaginarla le mete miedo al susto, diría un amigo. Hablamos de un país, sin muchas opciones comestibles, con “alumbrones”, en el período donde se materializa la crisis de los balseros y una serie de protestas sociales cuya mayor expresión es el episodio conocido como el maleconazo. Pocos estadistas mundiales se arriesgaban a decir que el sistema socialista cubano resistiría años más, máxime cuando el liberalismo pululaba por todo el continente latinoamericano a sus anchas, resistir, a todas luces parecía una utopía.

Sin embargo, cuando uno indaga entre varios textos de amigos del intelectual sacerdote capitalino, se puede dar cuenta de que siempre creyó en la supervivencia del proceso revolucionario. Sobre todo, y esto puede ser una provocación a releer sus textos, porque veía los valores positivos del socialismo en medio de la compleja realidad cubana; sería interesante contrastar esto con la valoración que se hace en el documento final del ENEC, de los aportes del socialismo a la Iglesia en Cuba[7]. Esto no quiere decir que no ejerciera una crítica ferviente sobre puntos a mejorar, pero al parecer, y la vida le otorgó la razón, para él, era un error histórico, incluso en medio de aquellos famélicos años, imaginar nuestra Isla dirigida por el concierto neoliberal que imperaba en el mundo y sobre todo en nuestra región.

La construcción de una “Casa Cuba”

Para varios de los estudiosos del pensamiento cespediano, durante los últimos años de su vida, el ilustre sacerdote habanero, dedicó mucho de su tiempo, a dar una finalidad a esta idea que tanto le apasionó. Desde mi punto de vista, la metáfora “Casa Cuba”, todavía no ha sido comprendida en toda sus dimensiones, por demás, su imbricación social es cuando menos, poco visible por diversos motivos, entre los que destaca su ideologización, incluso dentro del ambiente eclesial, donde pocos jóvenes católicos la han estudiado.

Creo que su comprensión, tiene que ir un poco más allá del diálogo social, Iglesia – Revolución, quizás uno de los grandes sueños del tataranieto del Padre de la Patria; en ocasiones, los minimalismos cotidianos nos proponen dar por sentado un hecho sin casi conocerlo y siendo francos para poder esgrimir un criterio sólido sobre la obra social de Céspedes, debemos imbuirnos con fuerza dentro de la comprensión de la Historia con mayúscula, sino estaremos como una garrapata en un perro plástico.

No soy de los que piensa que “Casa Cuba” es una especie de construcción simbólica para legitimar todo un proceso político, creo y sobre esto hay tela por donde cortar, que estamos ante un retrato de un proyecto país; de ahí que no pueden ser soslayadas de los materiales de esta arquitectura simbólica las propuestas de “libertad personal”, desde una antropología cristiana, acendrada en medio de nuestro contexto social y la “igualdad social”, donde podamos participar todos juntos del sueño martiano de una Cuba con todos y para el bien de todos, una imagen rescatada por el  discurso del Papa Francisco a los jóvenes cubanos cuando los invitó a construir la Amistad Social.

A Mons. Carlos Manuel de Céspedes le sobraban amigos y conocidos para dialogar sus propuestas, por lo que el diseño de una verdadera “Casa Cuba” desde nuestro entorno laical, no debe pasar por alto, el prestar oído al diálogo con el mundo intelectual,  sobre todo y esto debe ser resaltado, con aquellos que no piensan similar a nosotros. Hablo de intentar comprender esa pluralidad nacional, como diría Francisco, abandonar la autorreferencialidad y promover la cultura del encuentro.

Yo creo que sería oportuno que pudiéramos ver esta idea como un acto de Fe, porque uno al leer los comentarios sobre la misma, solo intuye ilustraciones de un mapa que describe una macro-política nacional, pero, pocas veces nos damos cuenta de que detrás hay todo un proceso bien profundo de discernimiento, que intenta evangelizar la cultura y sabemos que desde allí, se puede llevar a Dios a toda una Nación.

[1]Wikipedia es una enciclopedia libre, políglota y editada de manera colaborativa. Es administrada por la Fundación Wikimedia, una organización sin ánimo de lucro cuya financiación está basada en donaciones. Sus más de 45 millones de artículos en 287 idiomas han sido redactados conjuntamente por voluntarios de todo el mundo, lo que hace un total de más de 2000 millones de ediciones. Fue creada el 15 de enero de 2001 por Jimmy Wales y Larry Sanger, es la mayor y más popular obra de consulta en Internet.

[2]Fragmento del filme Mi amor perdido, producción española estrenada en el 2018, protagonizada por Dani Rovira y Michel Tenner.

[3]En el año 1996 sería publicada esta conferencia en formato de libro bajo el título: Promoción Humana, realidad  cubana  y perspectivas.

[4]La Conferencia aparece publicada de forma íntegra en el Cuaderno 63 de Cuba Posible.

[5]Nota tomada por el autor de la exposición del escritor Eduardo del Llano, en el debate sobre políticas culturales del Último Jueves de Temas, jueves 28 de marzo de 2019, centro Cultural Fresa y Chocolate.

[6]Santiago Pernús N. Julio; El Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC) como hecho histórico. Y su rol en la reconfiguración del papel de la Iglesia Católica en la sociedad cubana después del triunfo de la Revolución. Tesis de Maestría en Historia Contemporánea de la Universidad de la Habana, discutida por el autor el 2 de julio de 2018.

[7] Documento Final e instrucción Pastoral de los Obispos; Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC). Ed. Amigo del Hogar; Santo Domingo, 1988, p.39.

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