Crecer con la revolución

Por: María del Pilar Díaz Castañón

La Infancia, claro

Mi generación se pasó la vida corriendo para no llegar a parte alguna. Nos incorporamos al mundo revolucionario con una amplia desventaja, esa que nos hacía poner “no” en planillas y formularios. “Participó en Girón? ¿Lucha contra bandidos? ¿Campaña de alfabetización?” Teníamos entre 4 y 6 años en enero del 59. Tuve una condiscípula que insistió en que había alfabetizado con 4 años, pero la verdad es que nunca entendí cómo lo hizo. El mundo al que nos incorporamos era el mundo revolucionario en transición.

La transición, éramos nosotros

Los mayores ya habían transitado. Eran personas formadas –mayores, ¿ve?- con un claro sistema de hábitos, tradiciones y costumbres que habían elegido incorporarse a la tormenta revolucionaria. Nadie les pidió que dejaran de ser lo que eran, ni creo que lo hubieran aceptado.
En cambio, a nosotros ni siquiera nos pidieron. La escuela y los amigos del aula cambiaron de pronto. Los uniformes, también; se hicieron horrendos. La primaria iba de un gris ratón asqueroso, blusa más clara pero también gris. Secundaria y pre, blusa o camisa blanca, tremenda mejoría. Todos queríamos llegar a la universidad porque no habría uniforme. Ya en la universidad, pedimos los uniformes, porque no había ropa. Claro que no nos hicieron caso.

En general, nunca nos hicieron caso

Nos dijeron lo que teníamos que hacer, y ya.
Si a usted le parece incomprensible el párrafo anterior, le explico. “La escuela y los amigos cambiaron de pronto”, necesitaría todo un discurso, pero si recuerda la nacionalización de la enseñanza ahí tiene el porqué de la escuela. En la mía, fueron creativos. Como se anunció la ley mucho antes de aplicarla, las escuelas privadas se mandaron a correr. Terminaron el curso antes, los niños hicieron la primera comunión antes y cerraron antes, para encaramarse en el Covadonga y no volver.
Si piensa que ya entendió lo de los amigos, pues ni se crea. Una vez que uno aterrizaba en la escuela nueva, con las libretas nuevas – de papel verdecito, de bagazo- y hacía amigos nuevos, éstos desaparecían a las dos semanas, más o menos. En el pase de lista diario el estribillo repetido ante la mención de los ausentes era “¡se fue!”, para no volver.

Hasta sexto grado nos la pasamos perdiendo amigos, y ahí paró la cosa

No sé si porque ya no había padres que se quisieran ir o porque los padres no se podían ir. De cualquier modo, nos pasamos la primaria perdiendo amigos. Y tradiciones.
A ningún padre se le ocurría enviar a sus niños con merienda a la escuela. La merienda estaba incluida en el precio del colegio. Como la revolución hizo gratuitas (por brevísimo tiempo) las meriendas, pues tropezamos con los masarreales y los refrescos “Son”.
Los masarreales (tan añorados por mi hermano menor) eran una pasta seca y pegadiza con sospecha de dulce de guayaba, que hacía imperativo el refresco “Son”. El criollo nombre escondía un refresco que no era, por aquello de que a veces era pura azúcar y otras pura agua. Dentro de las simpáticas botellitas podía encontrarse cualquier cosa, eso sí. Increíble lo que cabe en una botella. Cada vez que queríamos un refresco (en mi escuela, “Fructuoso Rodríguez”, ex St. George’School) se lo pedíamos al viejo Celestino, y con su amabilidad eterna iba y nos abría la máquina de Coca-Cola y sacaba el refresco Son.

El sistema automático no funcionaba con las botellas cubanas

Ni con las monedas de lata, como les decíamos, pues pronto los refrescos fueron a medio (5 ctvs) y el nuevo medio “no pesaba” lo suficiente para hacer funcionar la máquina. Ni los teléfonos. Ni las alcancías. Cada vez que se habla del cambio de la moneda me veo encaramada en el banco que estaba bajo el teléfono público de la escuela, echando sin suerte medio tras medio, para llamar a mi madre y decirle que no me habían ido a buscar.
Ya no había tatas, ¿ve? Las tatas eran personas amorosísimas, que crecían con uno y hacían algo en la casa. Se ocupaban de los niños: bañarlos, llevarlos al parque y luego, a la escuela. No había círculo, ¿comprende?
La revolución las desapareció. Cuando se lee en Bohemia “compañera doméstica, usted también puede ser bancaria”, usted no se queda fuera de la movilidad social general, por mucho que le duela. Así que los niños del medio, ya grandecitos para el recién llegado círculo, nos quedamos a la espera de la tata de la amiga o del chofer del trabajo de la mamá.
Muy pequeños para ir solos a la casa y también para quedarse solos en ella, los niños del medio salían de la escuela para el trabajo de los padres. Que eso de horario de 8 a 5 no contaba para la primera década revolucionaria. Así que usted se entretenía en saludar (y molestar, claro) a los compañeros de trabajo de mamá, hasta que tuvo edad para bajar a la biblioteca. Cuando cerraba la biblioteca, se reducían las alternativas.

En mi caso, contar las cabezas de la magnífica foto de Korda de la I Declaración de La Habana. Nunca terminé

La primaria fue, en general, lugar de cambio. Cuando terminó el éxodo de los amigos, empezó el de los maestros. Estoy segura de que muchas escuelas habrán acogido con júbilo a las Makarenco, pero la que tocó en mi escuela era un desastre. Hasta que ella llegó, el mundo era claro. Uno sabía las notas que sacaba, era feliz participando con sus amigos en coros y funciones varias, y creía que siempre sería así. Error.

“Siempre” no es un vocablo revolucionario

De dónde esta señora sacó la idea de que la Unión Soviética tenía tantas fronteras como repúblicas, no lo sé. No lo he encontrado en ningún texto de la época. Tampoco he visto en parte alguna la decisión de que los niños católicos no podían ser pioneros. Precursora del ateísmo científico en plena década del 60, esta enérgica dama provocó una seria crisis en las actividades culturales de la escuela, que sin nosotros eran imposibles. Las demás maestras trataron de impedirlo, pero, claro, no eran Makarenko. De modo que a una de ellas, republicana sobreviviente de la Guerra Civil española (ni modo de competir en prestigio revolucionario) se le ocurrió la salomónica y burlona idea de que los niños católicos participaríamos en todas las actividades pioneriles, pero no cantaríamos la línea “ni César, ni burgués, ni Dios” de la Internacional. Y aquí paz y en el cielo gloria, como decía la señorita Gloria Santullano, mujer de vastísima cultura, que además nos enseñó una versión en ruso macarrónico de “La Cucaracha” que me metió en un buen lío años después.
Ya en secundaria, los equivalentes de la señorita Gloria desaparecieron en primer año. Lo mismo: se fueron. Y ahí tuve una bestia que nos enseñó que el dinero había surgido porque los campesinos lo habían enterrado en una botija y lo sacaron para “hacer” el capitalismo cuando hizo falta. Nunca explicó de dónde lo habían sacado los campesinos.
Claro que usted, lector, no me va a creer. Pero si algún vetusto ex alumno de la Finlay anda por los mundos virtuales y lee esto, recordará que gracias a esta creativa persona las notas de todo un año bajaron, porque, claro, aún no estábamos entrenados en poner bestialidades porque el profesor las dice.
Aprendimos, porque ya en Pre nos explicaron que el Pacto de Varsovia no era defensivo, ni ofensivo, ni militar (esta tonta levantó la mano y preguntó qué era). Pero al menos, nos dijeron eso. Las clases por la televisión no las explicaba nadie, de modo que las mentes más brillantes de la época (no lo digo por mí. Se fueron, y fueron a buenísimos lugares. La NASA, ¿les suena?) suspendieron una y otra ve Matemáticas y Física hasta que nuestro promedio se convirtió en una broma.
Si se pregunta por qué hablo de la escuela, pregúntese cuál es el espacio social de un niño y lo entenderá. Para mí Girón era un trauma, porque a mi abuelo se le ocurrió morirse el 15 de abril de 1961 y nunca supe cómo se las arregló mi madre para enterrarlo. La Crisis de Octubre es, claro, la jaba con la ropa y medicinas del niño que estuvo por dos meses detrás de la puerta, lista para ser recogida cuando fuéramos a evacuarnos a Pinar del Río. Cómo íbamos a llegar, por suerte nunca llegó.
El mundo se nos complicó realmente en la Universidad. Y claro que antes se había puesto interesante en las Escuelas al Campo. Así que “suite au prochaine numéro”, como decían los folletines, o vea el próximo capítulo, como dicen los novelones. Que nos tocó protagonizar tremenda novela.

Tomado de: La Trinchera

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Comments

  1. Nací dos años después del “accidente” así que soy también parte de esa generación que nunca nos hicieron caso, o siendo completamente honesto, no tuvimos opción de que nos hicieran caso pues nos configuraron el hard drive desde la edad educativa en aceptar mucho y cuestionar muy poco. Mi padre tenía y creo tiene una interesante opinión sobre eso que fue la revolución Cubana 1959-1976, después por una vez y por todas llamémosle por su nombre, Gobierno de Cuba, el viejo me decía que la revolución había sido una moledora de carne en donde el resultado seguía siendo mayormente filete, con el tiempo y la distancia física e ideológica, pues él cree todavía en todo aquello, le aclaro que yo siempre vi los filetes más por lo flaquito que me fui de Cuba, aunque aquí aprendí que los filetes son más bien gordos, los flaquitos los invento quien tu sabes para hacer más con menos.
    Nuestra generación que llamo de los olvidados, por eso que no tuvimos tiempo de hacer la revolución, pero a su vez, si lo tuvimos para que todo nos pasara por encima y sin chistar, sin dudas no salimos tan jodidos, usted nos ofrece una fresca crónica de su vida que le aseguro fue muy similar para una inmensa mayoría que nos creímos eso de ”Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros” y seguimos echando para adelante. Me gusta esa frase que acompaña debajo en el blog La Trinchera que dice “Si el presente es de lucha, el futuro es nuestro”, fue dicha por el Che y no quiero ni pensar que diría hoy si viviera esta “revolución triunfante” en donde la lucha continua y el futuro es incierto.
    Feliz día de las madres a todas las cubanas estén donde estén en este complicado año, y como veo que vuelven a estar de modas “las clases por la televisión” pero ahora impartidas por los altos dirigentes políticos del gobierno Cubano actual, más bien “explicando las nuevas adversidades”, les pregunto a esos cuadros Makarenko del presente, de veras pretenden seguir con la misma historia de que la culpa solo la tiene bloqueo americano, vamos queeee…..

  2. No viví esa época, pero de manera muy amena, la autora se encargó de hacérmela vivir con este post. Me gustó mucho. Gracias.

  3. Que lástima, parece que no pudo o no supo vivir los inolvidables 60, una década de creación y romanticismo para mi generación, de la felicidad de dar, de vestirse sin marca, de lucha de clases, de movilizaciones al trabajo o a la trinchera. De quitarse el ropaje de bitongo….

    1. Así e Raúl es una lastima que muchos de nuestro padres, aunque reconozco que no fueron la mayoría antes del 59, ya que es verdad que se vivía una dictadura sangrienta insostenible.
      Vivieran la entrega de tierras, propiedades y hasta de joyas de todo tipo con el fin de vivir en una sociedad más justa, recursos que no se rompan ya que los ganaron sus padres con su trabajo y su sacrificio.
      y miralas hoy, que tienen?, en estos casos no podemos decir que salud, educación y trabajo porque ya todo eso lo tenían antes y con mas calidad.
      Raul brother a esa gente que no fueron esbirros ni robaron nada lo que hay es que decirles gracias al menos.
      Y mira te doy otro ejemplo a mis abuelos tanto de madre como de padre entregaron también muchas cosas a la revolución incluyendo propiedades y hoy tenemos de nuevo muchas cosas porque mi abuelo lo primero que hizo después de eso fue volver a construir una nueva casa arriba de la que le quedo y enseñarnos a nosotros a estudiar, tirar mezcla como el y a defender nuestro país sin injerencia gringa pero con los pies en la tierra y sin dejarnos confundir por fanáticos que no sufren el dia a dia que sufren la mayoría de los cubanos o por aquellos que peor aún la sufren también y creen que la culpa de la mayoría de nuestros problemas de hoy son producto del bloqueo de EE.UU a nuestro país y no está en nuestras manos dejarle un mejor país a nuestros hijos mientras los hp de los griegos aun esten ahi jodiendo.
      Saludos

    2. Si, de eso va la experiencia. Aquí vemos la de la autora. Es parte de lo que se vibiy

  4. Bueno Osmany, puede hacerse un balance justo de costo-beneficio desde las ópticas individual y colectiva. Y lo digo así porque cada persona es un mundo. No creo que seas de las personas que acredita vivir en la tierra prometida lugar, pero pareces conformarte con lo que hay. Tal vez no puedas sobrevivir fuera de ese contexto.
    Pero tienes razón. Los cubanos no hemos vivido situaciones negativas muy particulares que se han vivido y viven otros pueblos. Al tiempo que hemos dejado de vivir muchas más cosas que por lo general son positivas. Thus live. Debemos conformarmos y encomendarnos al viejo Dios y los cortadores de bacalao.
    Decía un cubano que migró a Uruguay que Cuba es/era un buen país para ser ninno, pero no así para hacer adulto. Él habló por él, no por el conjunto de la sociedad.

  5. Todo cambió tan bruscamente que pasamos de los reyes magos al básico, no básico y dirigido que ya no recuerdo un villancico de nada.

  6. Felicidades a todas las madres de nuestros debatientes luchadores fervientes dueños de este maravilloso blog. Mis respetos. Saludos

  7. Yo siempre recuerdo a una prima ya fallecida pobre siempre fue algo inadaptada que pasó de estudiar en el Medici Academy a la escuela Cuba Socialista…. y no se fue…

  8. Llego tarde, qué pena!!
    La autoria manifiesta nostalgia por la Belle Epoc de la pequeña burguesía cubana, con sus tradiciones mojigatas y tambien mojigatas exhortaciones a que «Usted tambien puede tener un Buick!!»
    La Revolucuión no fue para Usted, para quien la Caridad era no más que eso: un salvoconducto del St. George’s School para tener una plaza garantizada en el Paraiso (que tambien se compraba) y nunca fue Solidaridad, con aquellos que nunca tuvieron zapatos y mucho menos conocieron una escuela.
    Fueron transición hacia el pasado en copa nueva, esa misma que pide la Helms Burton.
    Se queja y queja y valdría la pena preguntar cuánto aportó? De seguro, nada. Para qué sería necesaria que fuera una generación de transicion? Para reclamar propiedades nacionalizadas sin indemnización??
    La Revolución (esa que Usted nunca conoció, aunque la viera pasar de lado) puede ser traicionada, lo reconocemos, pero valió la pena y su fermento permanece en nuestro pueblo que aunque busque futuro en la explotación en otras tierras, al menos, pueden sufragar en parte su propia vida pero tambien permanece (como permanenció Martí en el ideario popular de la independencia y la soberania) su disposición a luichar por un mundo mejor, estén donde estén…
    Usted no se imagina eso, sólo añora la Coca-Cola en los expendedores automático y el Buick de nuevo tipo!!

  9. Soy de esa generación, y e post me trae muchos recuerdos. Sobre aquellos masarrearles, bromeábamos que los habían extraído de las ofrendas de alimentos de las pirámides egipcias, por lo resecos y porque aparentemente, nunca se hechaban a perder. Ellos sustituyeron a unos deliciosos pasteles de hohaldre con guayaba que anteriormente comíamos de merienda en la escuela… esa desaparición fue una de las primeras cosas que me hizo pensar que la cosa no iban muy bien.

  10. Que hoy tenemos muchos problemas no es noticia.
    Que algunos sueños se han postergado y otros han cambiado tampoco.
    Pero si es noticia que usted no haya vivido la decada de los 60.
    Efectivamente las personas se iban, también otros venían, pero dejemos eso y aceptemos que solo se iban.
    Pero cuanto crecimos. Alfabetizamos, trabajamos, estudiamos, hicimos guardias, leímos mucho, vimos muchas peliculas. Vivimos un mundo que cambiaba para bien día a día.
    Lamento mucho su narración.
    Usted no vió a los campesinos contentos cuando le dieron su pedazo de tierra, a maestros que no tenían aulas tener aulas, crecerse quienes se quedaron para enseñar a tantos jóvenes y no jóvenes que entramos en las escuelas. No vió las becas, en fin, no vivió los maravillosos años 60, al menos no los vió como los vi yo.

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