Para qué sirven los congresos

Congreso Cuba Foto: Ismael Francisco / Cubadebate

Por: Giordan Rodríguez Milanés

Corría el 2005 cuando Delio Orozco González presentó la enciclopedia digital “Manzanillo”. El producto informático serviría como prototipo para que otros contaran la historia de cada municipio. Con el uso de “Alarife”, un lenguaje de programación desarrollado por el equipo liderado por el actual vice-presidente de la UNEAC en Granma, el contenido de las enciclopedias municipales se puede hospedar en los portales educativos y culturales que el país tiene en Internet. Podría socializarse en cd’s, memorias USB, microsd y discos duros de las PC de cada laboratorio escolar de computación. La programación del software con la historia de las localidades cubanas costaría $10 mil CUP por municipio, o sea, en total se gastaría 1 millón 680 mil pesos.

Han pasado ya 14 años y dos congresos de la UNEAC desde que Delio Orozco hablara por primera vez del tema en una asamblea de intelectuales presidida por políticos y gobernantes. En cada uno de esos congresos, en cada evento pedagógico, de la asociación de informáticos, de la Asociación de Historiadores de Cuba, del CITMA, en los cuales han participado Delio o algunos de sus colaboradores, han lanzado la idea. Una idea que está perfectamente acorde a tres directrices transversales de la gestión gubernamental cubana: la creación de contenidos científicos propios, la generación de productos informáticos propios a partir del software libre y la enseñanza y promoción de la Historia desde nuestras propias plataformas.

El 8 de mayo último se realizó en Bayamo el capítulo granmense del IX Congreso de la UNEAC en el cual Delio, por tercera vez consecutiva en un espacio como tal, ruega a las autoridades de la provincia el financiamiento para “este año, al menos, realizar la enciclopedia de alguna localidad…”

En este comentario he partido de un ejemplo concreto. Estoy seguro de que existen muchos otros. El del ingeniero civil que propone la construcción de casas sólidas con materiales de bajo costo y nadie le hace caso. El innovador y racionalizador cuya solución técnica duerme en la gaveta de un buró mientras él siente que se le agota la vida con una pensión de jubilado de apenas 250 CUP al mes. Aquellos que cuestionaron la decisión de cerrar los centrales azucareros y dejar perder los sembradíos de cañas. Los que plantean que le vendan ómnibus descontinuados o chasis, piezas y agregados de esos ómnibus a los dueños de camiones para humanizar la transportación de pasajeros.

Hace unos días, hubo confesiones de estremecimientos entre no pocos lectores por el contundente artículo Ventrílocuos de Alina B. López, acerca del recién finalizado congreso de la CTC. No voy a repetir las (para mí) irrebatibles conclusiones a las cuales llegó la intelectual. Pero veo claramente que algunos no acaban de entender que es Cuba lo que está en juego. Que Cuba es mucho más que un puesto o la defensa a ultranza de una doctrina ideopolítica. Que la molicie, la desidia, la soberbia, el absurso, la censura, la incoherencia, la inconsecuencia entre la palabra empeñada y el resultado concreto de su gestión, no le hacen daño a nada más que a la propia nación cubana, a la Revolución con la cual pretendemos desarollarla y sustentarla.

Uno se pregunta entonces: ¿para qué sirven los congresos?

¿Cómo se puede amar y defender a Cuba y, a la vez, pagar 10 mil CUP por cuatro actuaciones de una agrupación de reguetoneros en un carnaval, y en 14 años no haber financiado una enciclopedia con la historia de un municipio?

¿Cómo se puede amar y defender a Cuba desconociendo la inteligencia colectiva, desoyendo las propuestas de gente talentosa, sacrificada y laboriosa sólo porque tal propuesta se le ha ocurrido a alguien con un pensamiento crítico acerca de nuestra realidad?

¿Cómo se puede amar y defender a Cuba pretendiendo censurar nuestra capacidad de autoconfigurarnos desde la risa y el choteo -propia de nuestra idiosincracia- tanto como coartando nuestro espíritu creativo individual o grupal sólo porque no se le ocurrió a alguien  de “arriba” o de la llamada generación histórica?

Una cosa sé: de tal modo ni se ama ni se defiende a Cuba.

La inconsecuencia y la incoherencia entre la retórica de los plenos y los planes, y la acción concreta modificadora para bien de nuestra sociedad, no soporta más -ya no un análisis estructuralista-, ni siquiera un acercamiento heurístico basado en el sentido común.

Ya lo dice el refranero: “no hay peor ciego que aquel que no quiere ver”.

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