Jugada crítica

Foto: Yamil Lage/AFP/Getty

Por: Alina B. López Hernández

Desesperación. Esa es la palabra que mejor puede describir la actitud de las personas. Caminan por las calles buscando, buscando… Casi nada de lo necesario se encuentra. Arroz, pollo, huevos, leche, aceite. La pista para descubrir dónde sacaron alguno de ellos es sencilla: una cola que puede medir dos cuadras de largo. Lo peor es ver a los ancianos tratando de competir con los más jóvenes.

E intentar no estresarse demasiado. Hace dos meses redujeron a la mitad las dosis de antihipertensivos y de otros medicamentos indicados por prescripción facultativa. El semanario matancero Girón intenta educar a la gente para que consuma medicina verde como alternativa.

En una tienda matancera, que el choteo denominó desde su inauguración “el museo de la carne” por los prohibitivos precios de sus productos, los anaqueles están llenos de quesos de calidad, jamón serrano y otros embutidos selectos. En la sección de cárnicos del mercado La Góndola, un paquete solitario de salchichas vienesas se explica por los casi quince CUC que cuesta.

Ni con dinero se halla lo preciso. Nuestro gobierno no pagó en tiempo a los proveedores. Pero sigue controlando férreamente el comercio exterior. La deuda es enorme. Es posible que aún estemos pagando el despilfarro que significó la Batalla de Ideas y la tentativa frustrada de que los estudiantes en Cuba aprendieran a través de un televisor y un video ubicados en cada aula de cada escuela a lo largo y ancho de la Isla. El gobierno norteamericano, con sus medidas de presión, contribuye al desastre y las calamidades.

La situación no será como en los noventa, promete el discurso. El mismo discurso que se ha equivocado tantas veces. El que treinta años después propone las mismas estrategias que nunca logró concretar. Resistamos, dicen los mismos que no han tenido que atravesar estas vicisitudes. Ese discurso gastado deberá tener muy en cuenta que si el deterioro de la situación y el pánico aumenta sin ser revertido en un plazo razonable, no puede descartarse la posibilidad de que ocurra un estallido social en algún momento.

Me aterra que eso pueda acontecer porque no estamos en las mismas condiciones del año 94. En aquella etapa el gobierno dispuso de tres cartas que ahora no puede jugar: 1) el liderazgo de Fidel Castro, ya sin el carisma de los inicios pero todavía efectivo; 2) una medida que influyó rápidamente sobre la economía al permitir la libre circulación del dólar y 3) la disminución de la presión social dada la tolerancia de las autoridades ante la salida masiva de cientos de miles de personas en lo que se denominó “crisis de los balseros”.

Veamos la situación actual.

  • El nuevo liderazgo no puede reivindicar una raíz histórica que lo legitime per se. Mientras, los remanentes de la generación autodenominada histórica no se mostraron efectivos en los últimos quince años en lograr rápidas transformaciones en la economía. A lo que se suma que inmovilizaron la esfera política con una cláusula que los perpetúa como grupo, e incluso, algunos de ellos perjudican los esfuerzos del gobierno con intervenciones que en las últimas semanas han dañado la imagen de confianza que el presidente se esfuerza en proyectar.
  • La circulación del dólar se sustituyó luego por el CUC, y lo que debió ser coyuntural se convirtió en una dualidad monetaria y cambiaria que llega hasta hoy y condiciona la mayor parte de las dificultades actuales de la economía cubana, incluyendo los bajos salarios.
  • En lo referente a la cuestión migratoria, es muy cierto que el gobierno de Donald Trump ha desconocido los acuerdos firmados con Cuba por sus predecesores, y entorpece como en los viejos tiempos este sensible asunto. Pero los referidos acuerdos hacen hincapié en que EE.UU. consideraría una amenaza a su seguridad nacional la llegada masiva de cubanos a sus costas. Esto no debe ser tomado a la ligera vistas las características personales del mandatario norteño y los asesores de que se ha rodeado.

Sin esas cartas de triunfo nuestros dirigentes deberán ser extremadamente cuidadosos en las decisiones que adopten en las próximas semanas y meses. Es impostergable restaurar la confianza de la gente. Porque si lo peor ocurriera y un estallido social los obliga a responder por la fuerza, la imagen del gobierno sufrirá un deterioro irreversible, dentro y fuera del país. Ojalá se impongan el buen juicio y la prudencia.

Para contactar con la autora: alinabarbara65@gmail.com

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