Una pretensión absurda y criminal

Foto: Gage Skidmore/Flickr

Por: Yassel A. Padrón Kunakbaeva

Cuentan que el pueblo de París, allá por la primera mitad del siglo XIX, contempló sin grandes traumas y con sentido del humor, la Restauración Borbónica que siguió al largo ciclo revolucionario. Los representantes del Antiguo Régimen regresaron a Francia con la idea de retrotraer el país al estado de cosas previo a la Revolución. Sin embargo, sus intentos de regresar a los viejos hábitos, pelucas incluidas, fueron pasto para las burlas de la plebe parisina: las calles se llenaron de chistes. Desde el punto de vista legal, la Restauración no le pudo hacer más que retoques al Código Napoleónico.

El afán restauracionista, típico de los vencidos en un proceso revolucionario, es por eso uno de los deseos más absurdos y quiméricos que pueden existir. No obstante, ya decían Hegel y Marx que la historia se repite dos veces, una vez como tragedia y otra como farsa. Ahora, en tiempos posmodernos y de post-verdad, estamos asistiendo a la farsa de la farsa, la farsa al cuadrado. Me refiero, por supuesto, al espectáculo de John Bolton en Miami: su discurso frente a los mercenarios compota de la Brigada 2506. Fue el último grito de guerra de un exilio que, al parecer, es el único grupo político que queda en el mundo que pretende llevar a cabo una Restauración.

Esta farsa me parece tan farsa porque, entre otras razones, los paladines contrarrevolucionarios no se han conformado con las acciones violentas y desestabilizadoras, sino que han codificado legalmente su plan de Restauración. Eso es la Ley Helms-Burton, especialmente su título III. Se han encargado de que una ley del país más poderoso e imperialista del mundo, todos saben cuál, describa con lujo de detalles el camino por el que Cuba va a volver a las manos de sus propietarios de la época de Batista. Y ahora amenazan con sanciones y castigos a todas las empresas del mundo, para que no se atrevan a ir en contra del destino trazado.

¿Es que las mentes de estos exiliados están nubladas por la creencia en el Destino Manifiesto y en la Doctrina Monroe? Los EEUU son una nación muy poderosa, pero no puede trazar el rumbo del proceso histórico. La Revolución no la sacó Fidel de debajo de un sombrero, fue el resultado de las injusticias y las contradicciones de la República Neocolonial. Esa Revolución ocurrió, produjo cambios enormes, para bien y para mal, y nada va a conseguir que el reloj del tiempo dé vuelta atrás. Por eso, su pretensión es absurda.

Una Revolución nunca puede ser totalmente revertida porque parte de los cambios que introduce son precisamente irreversibles

Pero se trata de una pretensión criminal. Lo que dice la ley Helms-Burton, es que los cubanos de hoy, Estado y sociedad civil, no tienen derecho a lo que tienen, ni a sus propiedades ni a los recursos del país. Es como si dijeran que vivimos en un país robado. De concretarse la Restauración, según dice dicha Ley, todo volvería a sus legítimos dueños, tierras, edificios, infraestructura y hasta hospitales. Ahora algunos dicen, en un tono bajo porque ni ellos mismos se lo creen, que van a respetar las viviendas: Consuelo falaz y ridículo.

Quieren desconocer las vidas que hemos vivido durante sesenta años. Quieren que el olvido se trague todas nuestras experiencias, nuestra realidad, nuestros sentidos. Quieren llegar aquí triunfales, levantar su tienda, lanzar sus fuegos artificiales, lanzar al anonimato a los cubanos de la isla. Tres días para matar: ¿lo recuerdan?

Sin embargo, su pretensión es tan absurda, que el efecto que tendrá será el contrario al que esperan. Porque, al poner a los cubanos en la obligación de decidir entre la realidad que tienen y la total destrucción y vaciamiento de su realidad, optarán por seguir con lo que tienen. Los cubanos de la isla seguirán con el Partido Comunista, pues será la única forma de seguir existiendo.

El que escribe estas líneas, como muchos otros jóvenes cubanos, se desespera diariamente con las acciones del Estado Cubano, se deprime, se decepciona, por momentos se pregunta si la Revolución tiene aún salvación. Pero, al ver los enemigos que acechan desde la otra orilla, vuelve a la convicción de que hay que seguir defendiendo esta bandera hasta las últimas consecuencias.

No nos engañemos. Ellos no atacan al Estado Cubano por sus errores y horrores. Ellos atacan a la Revolución Cubana por lo que ha hecho bien; y porque el odio ha ennegrecido sus corazones. John Bolton, gringo imperialista, que se alimenta de un odio que no le tocaba pero que ha asumido por puro furor asesino, es el vocero que se merecen.

Para contactar con el autor: yasselpadron1@riseup.net

Anuncios