Por una burocracia eficaz, sin burocratismo

Foto: PhotoXplorer

Por: Mario Valdés Navia

Desde sus orígenes la burocracia socialista cubana, polinizada en los años setenta  y ochenta por la soviética, ha vivido un largo proceso de fertilización que dura hasta hoy. Incluso se las ingenió para trascender en la historia a su hermana mayor y seguir haciendo de las suyas en pleno siglo XXI.

Sin dudas, el propósito actual de achicar el sector estatal de la economía constituye un golpe a sus posiciones, pues la reducción de los cargos y del homologismo tiende a diezmarla y restarle importancia frente a sectores sociales más productivos, sean estatales, cooperativos o privados.

Asimismo, la lucha declarada contra la corrupción en todos los niveles ha dado algunos pasos y se postula un cambio de mentalidad que elimine el llamado bloqueo interno, pero, ciertamente, el poder burocrático no parece haber sido muy afectado.

El socialismo cubano ha de romper la tríada burocracia-burócratas-burocratismo o será destruido por ella, como ya lo fue el Socialismo Real europeo. Lo perjudicial no es la burocracia imprescindible, ni la existencia de los burócratas, el peligro cardinal es el del burocratismo.

«El peligro es el espíritu y la concepción burocrática dentro de la administración y la política»

Esta corriente ya se ha mostrado capaz de reemplazar a la ideología revolucionaria, no solo en las concepciones de la élite dirigente de un país específico, sino en la mente y el corazón de millones de personas, en el habitus cultural y la ideología de pueblos enteros, abriendo paso a las ideas del conservadurismo y la reacción.

Si la burocracia es necesaria y perfectible, entonces ha de asumir los aportes de las teorías de la organización que permitan llevarla al mínimo indispensable y hacerla verdaderamente eficaz y eficiente. Para ello no basta con campañas, consignas y golpes de pecho, pues la tríada no se romperá creando un Buró de Lucha contra el Burocratismo.

Para desbancarla habrá que realizar una profunda revolución cultural que movilice poderosos instrumentos del pensamiento entre los que ha de figurar la preparación de millones de ciudadanos para participar activamente en la política y la administración pública, lo cual hará posible incluir en el habitus socialista el ejercicio rotativo de los cargos públicos.

Además, en las previsibles condiciones de aplicación masiva de las TIC en la sociedad cubana, la cantidad de trámites y procesos que hoy requieren de gran cantidad de funcionarios deberá ir disminuyendo aceleradamente por lo que muchas de las operaciones del oficio  burocrático caerán en desuso.

Unido a ello será preciso la adopción de recursos jurídicos que hagan prevalecer la transparencia sobre el secretismo; la implantación de métodos de control obrero que pongan coto a la impunidad y la aplicación de formas de gobierno más democráticas, basadas en la participación real y efectiva de los trabajadores en su autogobierno y menos en la representación formal.

Es necesaria una nueva relación entre los dirigentes y el pueblo. Foto: Escuela Superior de Cuadros del Estado

También sería importante enriquecer la participación directa mediante la sistematización del uso del voto secreto para la toma de decisiones en los diferentes niveles; así como la información pública de los ingresos y el patrimonio de todas las autoridades y sus familias.

Estas medidas establecerían una nueva relación de la dirigencia con el pueblo, donde este no podría ser visto más como una audiencia complaciente, sino como una colectividad diversa y crítica. Esto permitiría salir del retruécano constante donde los burócratas, lejos de exigirle permanentemente al pueblo lealtad y disciplina, se la deban, como servidores que son del trabajador que los mantiene.

La tríada burocrática ya demostró en Europa que cuando su poder se ve en peligro y debe escoger entre el capital y los trabajadores, su elección natural es convertirse en burguesía, traicionando y abandonando a su suerte a los sectores populares.

En Cuba, es nuestra responsabilidad que esto no ocurra nunca.

La inédita revolución antiburocrática que quedó pospuesta en los años sesenta esta hoy a la orden del día si queremos mantener el camino de las reformas del modelo socialista cubano y llevarlo a feliz término en los marcos de un socialismo, no solo próspero y sostenible, sino cada vez más autogestionario, libertario, democrático y participativo.

Para contactar al autor: mariojuanvaldes@gmail.com

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