¿Dónde ser explotado?

Foto: Johannes Schmidt

Por: Miguel Alejandro Hayes

A los modos capitalistas de producir se les considera generadores de explotación, con razón. Por transitividad, al mirar la economía cubana sería casi natural enjuiciar de explotador al naciente sector privado. Sin embargo, tal indeseada cualidad no se debe identificar mecánicamente, atada a una etiqueta de propiedad, y menos se debe pensar que dicha relación es exclusiva.

La apertura del trabajo por cuenta propia (TCP) dio paso a que se colaran bajo el mismo status jurídico dichos modos capitalistas, donde se contrata fuerza de trabajo. Con ello se introdujeron sus lógicas, por lo que cabría desempolvar el aparato de categorías de la Economía Política del Capitalismo, que por razones ajenas a cualquier cubano fueron abandonadas por el socialismo. Así, puede que encuentren cabida de nuevo, conceptos como plusvalor y explotación, que en buena ley, le sirven a nuestra naciente empresa privada.

En consecuencia, nos queda que en todos esos jóvenes negocios privados capitalistas, el dueño se queda con el plusvalor -como cualquier capitalista-; y claro, si el capitalismo es explotador – según reza la tradición-, entonces ese capitalista disfrazado de cuentapropista está explotando a sus trabajadores.

La cuestión es seria. Un trabajador contratado en el sector privado -excluyo a las cooperativas no agropecuarias-, en muchos casos tiene un régimen laboral que incumple las regulaciones cubanas de la relación trabajo-descanso. Por lo que trabaja más, lo que se traduce en que produce como promedio más ganancia para el dueño. En algunos casos –los menos-, están los empleados en el sector privado que no tienen derecho ni a vacaciones pagadas, ni a que se les mantenga el puesto, donde el dueño despide sin justificaciones, y existen otras tantas irregularidades que pueden ser cometidas.

En un sentido ortodoxo, esos casos –más allá de cuánto predominen los de ese tipo-, son vivo ejemplo de explotación capitalista, no solo para muchos sino para la legislación. Por otro lado, estos asalariados en el sector privado, tienen ingresos más altos que en el sector estatal –sino no migrarían de este último-.

A pesar de esa explotación, los trabajadores prefieren el régimen laboral privado

En el otro extremo tenemos al sector estatal, donde el obrero es “dueño de los medios de producción”, tiene derecho al descanso según la ley, a vacaciones pagadas y no puede ser despedido arbitrariamente. Este escenario pudiera ser un ejemplo de ausencia de explotación, sin embargo la mayoría de los salarios son bajos y ese elemento es importante.

Entonces vemos muchas plazas del sector estatal quedando vacías, algunos van a los brazos de la explotación del exterior y otros a la de adentro. Resulta que muchos trabajadores llegan al sector privado en busca de mejoras salariales, a pesar de las irregularidades mencionadas y la explotación. Tal parece que hay mucha gente que quiere y necesita ser explotada en el sector privado, y que es ahí precisamente donde parecen sentírselo menos.

A juzgar por esos aparentemente alocados reflejos en nuestra sociedad, se debe saber dónde realmente hay explotación, dónde más y dónde menos. Lo que lleva cuestionarse qué es ser explotado, si se trata de tener esas conquistas laborales con un bajo salario, o no tenerlas, pero con un mejor salario. Explotación es esencialmente quitar al obrero parte de lo necesita, es decir, es esa expropiación que se le hace de lo que garantiza su reproducción.

Hay tanta explotación en el sector privado, donde se quita descanso y derechos, como en el sector estatal, donde se quita en ingresos

Ver las necesidades del obrero cubano hoy, nos acerca a saber en qué medida recibe los recursos y dónde está más explotado. Los flujos al sector privado de ciertos tipos de fuerza de trabajo, dan una señal. Téngase en cuenta esto, para que a la hora de recordar la solidaridad de nuestras políticas laborales que afirman luchar contra el capitalismo, no salvemos equivocadamente a quien ya está en menos peligro, ese sector privado que explota a los que no quieren ser explotados en lo estatal.

No se trata aquí de una absolutización sobre las condiciones de cada tipo de propiedad, sino de un hecho objetivo: el movimiento de trabajo humano de un lugar a otro en busca de mejoras, que en muchos casos prefiere renunciar a ciertas garantías a cambio de mayores ingresos.

Mientras tanto, muchos  siguen escogiendo dónde prefieren ser explotados.