Desafíos

Ilustración: Garrett Evans / The Hill

Por: Alina B. López Hernández

Para estar convencida de que los gobernantes norteamericanos consideran a Cuba como cosa propia no necesito referirme a las medidas anunciadas por Donald Trump. Ni siquiera debo centrarme en los últimos sesenta años de tensiones. Repasar la historia de esta Isla desde el siglo XIX hasta hoy es suficiente para constatarlo.

Enorme error el del presidente Trump. Olvidar que los cubanos tienen como valor supremo —por encima de diferencias ideológicas y rumbos políticos— a la familia, ya le costó a los republicanos perder las elecciones en la Florida tras un endurecimiento similar de GW. Bush. Las amenazas del gobierno norteamericano, cuando incursionan en área tan sensible, han sido siempre contraproducentes.

Igual que pasa en Cuba, donde las generaciones jóvenes tienen menos compromisos con la política, entre la emigración de compatriotas residentes en aquel país no funciona el arcaico discurso clasista de los antiguos batistianos. La mayor parte de los que se van de aquí han dejado atrás personas queridas que forman parte de sus vidas y, aun cuando sus opiniones políticas disten mucho de identificarse con el sistema político insular, si el costo para destruirlo es matar de hambre a los suyos nunca lo admitirán.

Estas medidas muestran tanto cinismo y doble rasero que nadie debería apoyarlas

Veamos: al gobierno venezolano se le presiona pues los EE.UU. declara su decisión de entregar ayuda humanitaria para los habitantes de ese país que sufren por la carencia de alimentos y medicinas; en el caso de Cuba se presiona para que esas carencias sean todavía mayores.

Ahora más que nunca será la fidelidad familiar de la emigración lo que pueda salvar a los cubanos. Una fidelidad que nuestro gobierno no ha sabido encauzar con inteligencia al seguir considerando como extranjeros a sus emigrantes, a los que exige condiciones leoninas en el pago de gestiones, pasaportes y documentos y al no tener en cuenta las solicitudes de flexibilidad que se han hecho constantemente al respecto.

El capricho de la burocracia política de seguir apostándolo todo al contexto exterior, sin transformaciones políticas internas y sin darle participación a los cubanos en las inversiones, apoyadas por remesas que no solo puedan generarse desde Estados Unidos pues hay otros focos de migración cubana, provoca que ante cualquier endurecimiento del bloqueo seamos frágiles.

Las medidas anunciadas para el 2 de mayo encuentran una situación económica ya precaria, pero también unas redes sociales listas a divulgar cualquier noticia que evidencie que no todos en Cuba estamos expuestos por igual a la pobreza, la falta de víveres y de medicinas.

Nuestro gobierno tendrá que hilar fino pues el discurso del sacrificio ya les queda pequeño

Cuando las tensiones con el Norte se agudizan, el reclamo usual de nuestra dirigencia ha sido el de cerrar filas incondicionalmente. Esta es otra época, hay que generar cambios políticos; no porque Trump amenace ni mucho menos, sino porque los cubanos los necesitan y los solicitaron. Eso quedó claro en el proceso de consulta popular y serviría para contrarrestar con mayor comprometimiento este nuevo período, que de especial solo tiene el nombre.

La gastada convocatoria a defender conquistas desgastadas necesita rejuvenecer con nuevas conquistas. Ese será el mayor desafío y la mejor respuesta a las apetencias imperialistas.

Para contactar con la autora: alinabarbara65@gmail.com

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