Los hijos de los dirigentes

Foto: Margot Castañeda

Por: Yassel A. Padrón Kunakbaeva

Últimamente se ha hecho habitual que uno se encuentre en las redes sociales con revelaciones sobre la vida privada de altos dirigentes cubanos y su familia. Este es un asunto delicado. La maquinaria propagandística de la guerra cultural contra el socialismo cubano ha identificado como uno de sus objetivos cuestionar la integridad ética de los dirigentes, presentándolos a ellos y sus familias como corruptos que viven una vida de lujos a espaldas del pueblo.

Uno puede encontrarse con fotos y artículos, en los que se muestra cómo algún descendiente de un líder revolucionario viaja en yate, o se saca fotos en París, o desayuna en alguna cafetería de lujo de las mejores de La Habana, o posa junto a una bandera norteamericana. En las conversaciones de la calle, se habla de que si tal familiar de un dirigente es dueño de tal o más cual bar, o se pasa todo el tiempo viajando, o cualquier cosa por el estilo.

De manera habitual, estos chismes son imposibles de verificar. Sin embargo, el mensaje se queda en las mentes, ya que no existe una versión oficial con la que puedan ser contrastados. El acostumbrado silencio que rodea la vida privada de los dirigentes, que tan efectivo fue en otra época, hoy juega en su contra.

El nieto de Fidel, Tony Castro, comparte sus fotos en redes sociales. Fotos: Instagram

No me interesa caer en la denuncia de ningún caso concreto, máxime cuando la información al respecto se pierde en las brumas de lo inalcanzable. Me interesa más profundizar en el fenómeno social que es claramente perceptible. En Cuba, como en otras sociedades fuertemente burocratizadas, tienden a surgir privilegios familiares de diferentes tipos, no solo en los niveles más altos, sino también en los niveles medios de la burocracia. Lo cual no quiere decir que no existan también funcionarios muy honrados y sacrificados, ajenos a la corrupción: ellos son las excepciones que confirman la regla.

El alto nivel de vida de muchos hijos de dirigentes se puede explicar por diferentes motivos, desde razones legítimas asociadas a vínculos familiares con el extranjero y sus propias carreras profesionales, hasta la simple corrupción, elemento que no se puede descartar en un país donde la propia Contraloría General valora en millones los daños económicos asociados al descontrol. En el medio, existe una multitud de formas sutiles en las que la posición de un dirigente puede facilitar mejores oportunidades de ascenso social a su familia.

Existen varios elementos que, en el caso específico de Cuba, ayudan a entender el fenómeno. No pretendo justificar a nadie, solo quiero ayudar a entender.

Un factor que influye es que los salarios nominales de los dirigentes suelen ser muy bajos. Eso implica que, para poder tener una vida medianamente cómoda que les permita cumplir con sus funciones, esos dirigentes reciban un grupo de “facilidades” como pueden ser un carro, dieta, celular petrolero, Internet, etc. La cosa se complica porque, además de las “facilidades”, en esos ambientes se acostumbra a hacer “favores”, que son oportunamente compensados. Casi sin notarlo, los dirigentes pueden caer en una forma sutil de tráfico de influencias.

Otro elemento a tener en cuenta, es que muchas veces los hijos y familiares se aprovechan de la posición que ocupa su pariente. Puede verse muy a menudo el caso de dirigentes que son personas austeras como individuos, pero que no saben lidiar con las aspiraciones materiales de sus hijos.

Con demasiada frecuencia suele verse el caso, extraño y lamentable en sí mismo, de líderes revolucionarios que no han logrado transmitir a sus hijos sus ideas. Esta paradoja, que se repite en tantos hogares cubanos, es uno de los mayores obstáculos para que haya una continuidad de la Revolución y del Socialismo.

Un factor que no puede olvidarse es el contexto socio-clasista. En la actualidad, en Cuba, existen grupos de personas que tienen un elevado nivel de consumo. De una u otra forma, honesta o no, han logrado que los viajes, las fotos en París, etc., sean parte de su vida cotidiana. Esto influye, porque poco a poco va surgiendo una especie de “farándula” a la que todos quieren pertenecer. Los hijos de los dirigentes, acostumbrados a una vida de “facilidades”, son susceptibles a los encantos de esa vida llena de lujos.

De más está decir que todo esto le hace un daño terrible a la causa del socialismo. Estamos en una época en la que ya casi no existe la privacidad. Cualquiera puede encontrar una foto indiscreta. Y cada foto de esas que se esparce por las redes debilita la confianza y credibilidad de los dirigentes.

En un país como Cuba, que ha sufrido todas las formas de la austeridad, difícilmente podrán ser respetados aquellos líderes que no practiquen ellos mismos y su familia, la austeridad material. No se trata de que el presidente vaya por ahí con los zapatos rotos. Pero es necesario un equilibrio.

Como he dicho antes, el origen del problema está en tener una estructura burocrática excesivamente empoderada. Si a los dirigentes se le pagara lo suficiente para vivir de forma adecuada, si sus cuentas y las de su familia fueran de dominio público, si existiese un control popular y una rendición de cuentas de los dirigentes sobre sus gastos personales, todo esto se evitaría.

Mientras exista la burocracia empoderada, mientras haya sombra e inconsistencia alrededor de la vida privada de los dirigentes, habrá espacios para la impunidad y tentaciones para la corrupción. Y seguirán apareciendo las dañinas fotos.

Para contactar con el autor: yasselpadron1@riseup.net

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