Burocratismo y socialismo

Foto: Paha_L/Bigstock

Por: Mario Valdés Navia

La conversión del Estado soviético en un régimen burocrático ha sido objeto de múltiples estudios críticos, tanto de izquierda como de derecha, casi desde su surgimiento.[1] En su momento, fue Trotsky su principal contendiente,[2] pero en casi todos los países socialistas hubo una crítica comunista al dominio burocrático.

Fuera de la URSS, Luxemburgo y Gramsci no ocultaron sus diferencias con el modelo soviético, pero a su interior fue ocultada, tergiversada y muchas veces reprimida hasta la desaparición física y/o intelectual de sus autores. Entre otros, el filósofo húngaro Lukács; el político yugoslavo Dilas y el poeta ruso Maiakovski fueron castigados por ese motivo.

Su génesis ocurrió en la década 1917-1927 cuando se consumó un verdadero retruécano histórico donde los héroes de la revolución bolchevique fueron sustituidos por los nuevos patriarcas burocráticos. Ese proceso llevó a la sustitución del poder de los soviets de obreros, campesinos y soldados por los burócratas del PCUS y el Estado soviético.

Para ello el estalinismo no dudó en aniquilar físicamente a todo el Comité Central leninista que dirigió la insurrección y a casi toda la vieja guardia bolchevique. En su lugar se impusieron los apparatchik, agentes del aparato partidista/gubernamental que gozaban de la confianza de los nuevos jerarcas burocráticos.

«Los héroes de la revolución bolchevique fueron sustituidos por patriarcas burocráticos» Foto: Star Tribune

Mediante la violencia física y/o la simbólica neutralizaron los mecanismos del poder obrero y lo sustituyeron por sus propios instrumentos amañados para eternizarse en el poder. Así, con cada limitación sobre el control obrero y la crítica revolucionaria, la revolución proletaria fue cediendo paso a la contrarrevolución burocrática.

La columna vertebral del modelo teórico de Stalin fue la teoría del “socialismo en un solo país”, de 1924, expuesta tras la muerte de Lenin y la derrota de la revolución alemana. Ella negaba todas las concepciones marxistas hasta entonces y sostenía que se podría construir el socialismo en Rusia sin importar el curso de la revolución mundial.

Así se abandonaba el internacionalismo proletario a favor de los reclamos nacionalistas de la burocracia y se subordinaba la revolución mundial a sus intereses inmediatos, mientras se aparentaba dar un respiro a los sectores populares tras años de guerra y padecimientos. Surgía así una era de orden y pax burocrática, clima psicológico afín al burocratismo que odia las convulsiones sociales.

En lo ideológico, la vocación anti-mercantilista de la transición socialista de tipo soviético hizo que la satisfacción de muchas de las necesidades de los cuadros y sus familias a expensas del Estado se percibiera como una manera superior de distribución, más cercana a la comunista y ajena a las tentaciones del dinero.

Con el tiempo, esta rara interpretación daría lugar a toda una gama de privilegios, prebendas y beneficios que los alejaría cada vez más de las condiciones reales de subsistencia del pueblo trabajador. Por ello la burocracia socialista es representada socialmente por gran parte de la población como una cleptocracia parasitaria, ajena a las vicisitudes de las masas.

Baños de sol en un sanatorio soviético, donde la salud pública al alcance de funcionarios públicos y sus familias era muy superior a la mayoría del pueblo. Foto: R. Akopyan, Gerbert Bagdasaryan/TASS

La causa esencial del empoderamiento burocrático radica en que este modelo de socialismo une de forma indisoluble al Estado con la economía, con lo que otorga a los funcionarios estatales un poder nunca antes visto. Así, la burocracia se transforma, de sector social en sí, separado de los medios de producción y secundario en la estructura social, en una clase para sí, usufructuaria de las riquezas del pueblo y hegemonizante a escala social.[3]

Unido a ello, y de manera no menos importante, la burocracia socialista deviene también en usufructuaria de los medios de decisión. Tareas que involucran a todo el pueblo, inversiones del capital público y posiciones en política interna y externa de las que dependen los destinos de la nación, son consensuadas y decididas por la alta dirigencia burocrática.

Solo a posteriori y en ocasiones las decisiones son aprobadas -nunca desaprobadas- por las masas, en forma más o menos democrática

De hecho, la alta burocracia (los que saben) pretende pensar por el pueblo, al que consulta a regañadientes, pero del que solo espera aclamaciones y alabanzas, no ideas contrarias.

Hasta tal punto llega el empoderamiento de la burocracia socialista que su nivel de vida no se puede determinar monetariamente -tal parece que arribaron al comunismo soñado y ya no necesitan del dinero para vivir- pues sus miembros pasan a convertirse en beneficiarios directos de bienes y servicios que el resto de la población solo puede adquirir en el mercado, si los encuentra.

Incluso, algunos burócratas llegan a ser dispensadores de bienes públicos a partir de las prerrogativas de sus cargos, lo cual les permite colmar de prebendas a sus acólitos, amigos y amantes e incluso presentarse ante las masas como proveedores de beneficios y de soluciones a problemas materiales en rol de Papá Noel socialista.

Madre e hija del totalitarismo socialista, la burocracia deviene engendro diabólico de la revolución socialista, pero también en su sepulturera. El socialismo de Estado engendró así sus propios demonios: los burócratas, prohijados hasta el punto de ser capaces de abandonar al pueblo del que surgieron y aliarse con el capital trasnacional antes de perder sus prebendas sociales y riquezas mal habidas.[4]

Para contactar al autor: mariojuanvaldes@gmail.com

[1]En Cuba, los análisis críticos datan de los años veinte. Ver: A.  López (2008). “Crónica de un fracaso anunciado. Los intelectuales de la República y el socialismo soviético”, TemasNo 55.

[2]“La revolución traicionada” (1937); “Bolchevismo y estalinismo” (1937) y “Stalin” (1940).

[3]Editorial del Granma“La lucha contra el burocratismo: tarea decisiva” (junio 1965), en “Lecturas de filosofía”, tomo II. ICL. pp.643-647.

[4]En 2002, el 71% de la élite política y más del 60% de los gerentes capitalistas rusos eran exmiembros de la nomenklatura. Panel “¿Por qué cayó el socialismo en Europa oriental?”, Temas  no. 39-40, oct.-dic. 2004.

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