Martin Luther King In Memoriam

Por: Manuel García Verdecia

El día 4 de abril se conmemoró otro aniversario del asesinato de Martin Luther King Jr. Es él uno de los grandes maestros de la humanidad, de esos que inspiran e iluminan, porque, en primer lugar son excelentes seres humanos, y luego son individuos auténticamente comprometidos con sus conciudadanos y luchan con ellos codo a codo en las formas más nobles e incruentas, incluso al precio de sus vidas, como le sucedió a Luther King.

Siembran el amor y no el odio. Por eso prevalecen. ¿La razón? Quería que predominara la verdad, la justicia y la dignidad para sus compatriotas de color. Pero siempre los que odian la bondad humana apelan a su única razón, la violencia. Solo que con esto consiguen exclusivamente la eliminación física de estos líderes pero lo instalan en la perpetuidad significativa del símbolo que es lo que más insta a las personas a avanzar y luchar.

Un líder como Luther King dista mucho de la gran mayoría que conocemos. ¿Por qué? Porque es fácil llegar al poder con un poco de maña, ciertas argucias acordes con los tiempos y mucho oportunismo para confundir a las grandes multitudes. Sin embargo, desde el sacrificio total y el desapego al poder por el poder y a la vanidad de dominar, solo con el entusiasmo de servir, la sencillez de sentirse nada más que un prójimo con ciertas potestades y la sensibilidad de cooperar con los que padecen, es difícil llegar a lo alto desde donde se puede determinar y resolver asuntos.

Por esos seres como Gandhi, Mandela, Luther King o Pepe Mujica (en nuestros días), se cuentan como excepciones. Ellos más que políticos al uso, son humanistas que recurren eventualmente a la política como medio para auxiliar a los seres humanos en lograr determinados anhelos.

Qué diferentes estos guías, con sentimientos comunes a todo ser humano y afanes de cumplir con estos, de esos dirigentes que dictaminan, fiscalizan, rigen, pero no avanzan la sociedad en nada. Estos se sienten distintos y distantes del resto de los mortales, como si estuviesen ungidos por Dios, de modo que vienen a ser la alternativa de Dios en la tierra.

Todo lo saben, todo lo avizoran, todo lo resuelven, todo lo controlan, todo lo deciden, hasta tu vida y tu muerte. Son esos que, con un par de frases, resumen toda una compleja situación, con unas consignas empujan pueblos hacia su devenir victorioso, con unas pocas órdenes hacen girar la tierra hacia el progreso… Lo terrible es que todo esto solo ocurre en su imaginación obnubilada por la prepotencia. Mientras, la gente vive como puede porque tiene que vivir y a pesar de ellos, la tierra gira porque no puede ser de otro modo y ninguna de sus disposiciones finalmente cambia nada esencial.

Sin embargo son los que más se aferran al trono y el bastón de mando, porque todo lo que son se lo confieren esos símbolos. En fin que no son más que peleles de su vanidad y su arrogancia. Sujetos que solo dejan a su paso dolor, pobreza y desolación. Seres cuya razón de vida es una perspectiva prefabricada y subjetiva: el mundo debe ser como ellos lo entienden. Y como son el modelo de todo pensar y todo actuar, la gente debe sentir lo que sienten, amar lo que aman, odiar lo que odian, aspirar a lo que aspiran. Su punto de miras no es la vida, sino una ideología. Lo que debe ser es lo que ellos prefiguran con obstinada fijeza. El día se mueve por  el reloj de su teoría. Lo demás debe ser transformado a la medida de sus deseos o barrido para rehacerlo a su modo.

Por eso es que nos asombra un hombre como Martin Luther King, alguien que, desde lo más humilde, con la médula segura de su humanidad, su simpatía para sus congéneres y su voluntad de servicio fue haciendo un Gólgota de superación para él y los suyos. Quiso que la gente de color aspirara a los mejores valores de la humanidad, para desde esa postura poder exigir lo que se les debía y ganarlo sin desdén ni repudio. Les inspiró a resistir y luchar desde la razón y los actos pacíficos que no derivaran en más dolor ni pérdidas. Les hizo saber a sus congéneres que entre los blancos también había personas que padecían y personas que no eran sus enemigos.

King contó en su autobiografía que su primer encuentro personal con la segregación ocurrió cuando su amigo blanco de la infancia se negó repentinamente a jugar con él. Esta traición marcó el momento en que se interesó por primera vez en la lucha contra el racismo. Foto: AP

Fue así, desde la sensibilidad, la bondad y una acendrada espiritualidad y vocación de entrega que se ganó multitudes. Entonces logró cohesionar y liderar el Movimiento por los Derechos Civiles que a la larga consiguió revertir la situación de odio racial y mejorar la situación de sus conciudadanos.

Martin Luther King no fue solo un guía, sino un maestro que educó a sus compatriotas en el realce de los valores humanos, culturales y espirituales, que les dieran mas fuerza a sus reclamos. El único modo que tenían para triunfar era siendo mejores personas y, desde ahí, defender sus derechos. Así nadie tendría razones para impugnarlos.

Solo con repasar algunas de sus oraciones en su famoso discurso “I Have a Dream” (Yo tengo un sueño), nos percatamos de la esencia distinta de este predicador guía. Allí nos dice:

Pero nos rehusamos a creer que el banco de la justicia está quebrado. Nos rehusamos a creer que no hay fondos en los grandes depósito de oportunidad (…) Este no es tiempo para entrar en el lujo del enfriamiento o para tomar la droga tranquilizadora del gradualismo.» 

“Ahora es el tiempo de hacer de la justicia una realidad para todos los hijos de Dios. Sería fatal para la nación pasar por alto la urgencia del momento (…) No saciemos nuestra sed de libertad tomando la copa de la amargura y el odio. Siempre debemos conducir nuestra lucha en el elevado plano de la dignidad y la disciplina.»

“Nunca estaremos satisfechos mientras a nuestros hijos les sea  arrancado su ser y robada su dignidad con carteles que rezan: ‘Solamente para blancos’ (aquí reemplace el solo para blancos por cualquier otro tipo de ideología predominante, como esa de Solo para los que están conmigo (…) Continúen su trabajo con la fe que el sufrimiento sin recompensa asegura la redención (…) Les digo a ustedes hoy, mis amigos, que pese a todas las dificultades y frustraciones del momento, yo todavía tengo un sueño

“Yo tengo un sueño de que un día esta nación se elevará y vivirá el verdadero significado de su credo: ‘Creemos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales’ (…) Yo tengo el sueño de que un día en las coloradas colinas de Georgia los hijos de los ex esclavos y los hijos de los ex propietarios de esclavos serán capaces de sentarse juntos en la mesa de la hermandad»

“Yo tengo el sueño de que un día incluso el estado de Mississippi, un estado desierto, sofocado por el calor de la injusticia y la opresión, será transformado en un oasis de libertad y justicia (…) Yo tengo el sueño de que mis cuatro hijos pequeños vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel sino por el contenido de su carácter. ¡Yo tengo un sueño hoy!

“Yo tengo el sueño de que un día, allá en Alabama, con sus racistas despiadados, con un gobernador cuyos labios gotean con las palabras de la interposición y la anulación; un día allí mismo en Alabama, pequeños niños negros y pequeñas niñas negras serán capaces de unir sus manos con pequeños niños blancos y niñas blancas como hermanos y hermanas. ¡Yo tengo un sueño hoy!»

“Yo tengo el sueño de que un día cada valle será exaltado, cada colina y montaña será bajada, los sitios escarpados serán aplanados y los sitios sinuosos serán enderezados, y que la gloria del Señor será revelada y toda la carne la verá al unísono. Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la que regresaré al sur. Con esta fe seremos capaces de esculpir en la montaña de la desesperación una piedra de esperanza. Con esta fe seremos capaces de transformar las discordancias de nuestra nación en una hermosa sinfonía de hermandad. Con esta fe seremos capaces de trabajar juntos, de rezar juntos, de luchar juntos, de ir a prisión juntos, de luchar por nuestra libertad juntos, con la certeza de que un día seremos libres.»

Si a este discurso le sustituimos las palabras “negros” o “ciudadanos negros” en cada caso por los términos “gente  pobre u oprimida”, el texto tiene un valor incalculable para todos los que a diario luchan por su dignidad y su redención.

Martin Luther King predicó con el ejemplo de ser infatigable sin ser intolerante, de luchar sin odio y de hacer prevalecer la razón y no la violencia. Un día antes de su muerte hizo el famoso discurso de Mountaintop. Y sus últimas palabras fueron para estimular a un músico a cantar “toma mi mano, Señor”.  Y el señor la tomó y ahora está sentado en la cima de la montaña de la sabiduría y la iluminación desde donde nos guía y estimula.

Qué bueno que hubiera más líderes así, con este compromiso genuino y esta visión humana y verdaderamente redentora en todos aquellos países aquejados por conflictos. Seguro que el mundo respirara y durmiera mejor.

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