Dime qué necesitas

Foto: Jose Antonio Rey Rodríguez

Por: Yassel A. Padrón Kunakbaeva

En su libro Teoría de las necesidades en Marx, Agnes Heller desarrolla el concepto de “sistema de necesidades”, entendido como una estructura orgánica inherente a cada formación social. Su idea, de inspiración marxista, es que el conjunto de las necesidades de los actores sociales forman un todo coherente, en perfecta sintonía con el papel que cada uno ocupa dentro de la división del trabajo.

Por supuesto, el sistema de necesidades no es más que un momento del modo de producción, o mejor dicho, es el mismo modo de producción, solo que visto desde el lado subjetivo. Este concepto permite hacer el análisis de una sociedad, teniendo la ventaja, por encima de los estudios culturales tradicionales, de que no se queda en la observación de los productos culturales más elaborados sino que entran en su consideración las necesidades materiales más elementales de los individuos.

Este punto de vista puede ser utilizado para analizar la sociedad capitalista. De hecho, la idea del libro de Heller es demostrar que Marx lo utiliza para criticar el capitalismo. Pero también se puede utilizar para analizar una sociedad en transición socialista. Se puede utilizar para analizar hasta qué punto una sociedad como la cubana está de acuerdo con lo que dice ser.

Y he aquí el punto esencial, y que quería compartir en este artículo. Cuando se analiza la sociedad cubana a la luz del sistema de necesidades creado, los resultados son extremadamente desalentadores. Vistas las cosas desde este ángulo, se llega a la conclusión de que la transición socialista cubana es un fracaso, o que está a punto de fracasar.

Cuando se inicia el camino del socialismo, se hace a partir de la crítica del capitalismo

El ideal es romper con una sociedad tan llena de contradicciones, en la que las actividades productivas esenciales del ser humano se han convertido solo en un medio para lograr la acumulación de capital. Se quiere dejar atrás una de las mayores aberraciones de la historia humana, una sociedad en la que la avidez por el tener cosas ha opacado la necesidad de los seres humanos de ser personas dignas y plenas.

En una sociedad que se propone la transición al socialismo, lo ideal es que se avance, desde un sistema de necesidades donde predominan las necesidades del tener, hacia un sistema en el que predominen las necesidades del ser. Se supone que lo más importante para las personas sea alcanzar un modelo de vida que se considera ideal, un modelo de lo que significa ser verdaderamente humano en una comunidad emancipada.

Cuba avanzó muy poco en este camino, y con el paso de los años ha retrocedido

Desde los primeros años de la Revolución, Cuba se enfrentó a un problema típico de todas las revoluciones. Y es que la Revolución se hizo para satisfacer necesidades de ciertos sectores, creadas durante la sociedad anterior. El nuevo sistema de necesidades se empezó a construir a partir del que ya existía (como siempre ocurre, según Agnes Heller). Esto está ampliamente documentado, y se han estudiado casos paradigmáticos como la Ley de Reforma Urbana, que vino a satisfacer una necesidad de la clase media durante los años cincuenta cubanos, y que jugó un papel fundamental en la consolidación del proceso.

El problema es que, al quedar la sociedad cubana en cierto modo anclada a necesidades creadas durante el capitalismo, le pasó lo mismo que a otras sociedades que iniciaron el camino del socialismo en el siglo XX. Cuba se mantuvo dependiente del aparato técnico-productivo del capitalismo mundial. Y eso es así porque las necesidades que se generan en el capitalismo son orgánicas con el desarrollo de las fuerzas productivas y el modelo de racionalidad de ese modo de producción.

La Unión Soviética intentó crear un aparato productivo propio, que sin embargo aplicó métodos y modelos de racionalidad semejantes a los del sistema capitalista. En el caso de Cuba, la imposibilidad de producir productos típicos del sistema de necesidades del capitalismo en condiciones de aislamiento y de escasez de recursos, la llevó a convertirse en un país casi exclusivamente importador. Un país que no solo no construyó formas socialistas de producción, sino que devino en una economía parasitaria dependiente de las divisas extranjeras.

Sería injusto decir que en Cuba no se inició un proceso de transición de las necesidades

La Revolución tuvo un impacto en la vida de las personas, y vino acompañada de un modelo ideal de ser humano, el “hombre nuevo”. Muchas personas, aunque no dejaron de querer una casa, un carro o un televisor, aprendieron a sacrificarse por su país, y a poner la dignidad de ser revolucionarios por encima de todo.

Ahora bien, la influencia de ese modelo ideal no pasó íntegramente más allá de la generación que vivió la Revolución. Las generaciones que vinieron después tenían otras experiencias y códigos, no podían asimilar orgánicamente ese viejo modelo. La vanguardia política cubana no fue lo suficientemente consciente de lo necesario que era, para el futuro del socialismo, que las nuevas generaciones pudiesen construir con sus propias manos un nuevo modelo del ser revolucionario.

Como no se planteó en términos adecuados la necesidad de superar el sistema de necesidades del capitalismo, y gracias también a tener Cuba un elevado grado de ósmosis cultural, lo que ocurrió fue que la isla, al cabo del tiempo, volvió a quedar bajo la influencia del aparato de creación de necesidades del mercado mundial.

El resultado es una sociedad esquizofrénica, que grita consignas socialistas mientras usa tenis Nike y teléfonos Samsung

Una Cuba donde muchos, al no poder realizar sus necesidades de consumo en la economía nacional, idealizan el mercado y el capitalismo.

Todo parece indicar, que el camino para la transición socialista pasa por una continua revitalización de la utopía. Debe haber una creación de sucesivos modelos de vida material ideal, de tal modo que se pueda pasar, gradualmente, de necesidades orgánicas al aparato técnico-productivo del sistema capitalista a necesidades orgánicas de una sociedad más armoniosa y con capacidades productivas más modestas. Debemos aprender a desear aquellos objetos que realmente necesitamos, para vivir en una sociedad en la que sea más importante lo que somos que lo que tenemos.

Pero la Cuba actual se encuentra muy lejos de ese ideal. A partir del Período Especial, y sobre todo en los últimos años, no solo seguimos en un sistema basado en las necesidades del tener, sino que la realidad más común parece ser el no tener. La pobreza y austeridad, en una sociedad que padece de desabastecimiento cíclico y crónico, reducen a una parte importante de la población a vivir tratando de satisfacer las necesidades elementales, aquellas que son el mínimo indispensable para la reproducción de su vida. Esas son las circunstancias que Marx describió para el proletariado de su época.

Vistas las cosas desde este ángulo, el panorama es desolador

Conviven hoy en Cuba grupos que tienen necesidades orgánicas al sistema de necesidades del capitalismo, que son consumistas en su praxis cotidiana, porque tienen los recursos para ellos, con gran parte del pueblo que vive en un nivel de subsistencia. La vanguardia política oficial, no parece hoy en condiciones de propiciar la formación de un nuevo modelo del ser revolucionario para las nuevas generaciones. El futuro se ve oscuro.

Queda poca esperanza. Para mí, la única que queda es que muchos cubanos siguen teniendo como una necesidad la solidaridad humana, un valor profundamente socialista. Muchos cubanos sentimos la necesidad de que cambien las cosas, y de que volvamos a avanzar en el camino a una sociedad post-capitalista.

Para contactar con el autor: yasselpadron1@riseup.net

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