Ciencia y enfoque de género

Foto: Evaristo Sa / AFP / Getty

Por: Yasvily Méndez Paz

Durante los años 70 y 80 del siglo XX confluyeron varios factores que posibilitaron el desarrollo de los estudios sobre Ciencia, Tecnología y Género (CTG). Considerados como parte del denominado «feminismo académico»- se fueron conformando en un campo de estudios con enfoque plural y diversificado, viéndose representados mediante las áreas de investigación, políticas públicas y educación.

Dentro de los aportes de los estudios CTG destacan aquellas investigaciones que han sido fundamentales para determinar los mecanismos formales o explícitos, institucionales e ideológicos, e informales o implícitos de exclusión femenina, presentes en la comunidad científica a lo largo de la historia. En la actualidad, la existencia de barreras formales e institucionales que limiten la presencia de mujeres en academias e instituciones científicas son cada vez menos recurrentes; en cambio, los mecanismos informales o implícitos persisten ante su carácter de «sutileza» y  «aparente inexistencia», y se reflejan a través de las brechas y sesgos de género presentes en los sistemas científico-tecnológicos.

Una recolección piloto financiada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID)- cuyos resultados han sido publicados en abril de 2018- reconoce que en América Latina se mantienen las brechas de género en ciencia, tecnología e innovación (CTI). El estudio pone al descubierto la presencia limitada de las mujeres en disciplinasde ciencia, tecnología,  ingeniería y matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés), en ocupaciones fuertemente masculinizadas, tales como: las tecnologías de la información y la comunicación [TIC], las dificultades para que las mujeres logren alcanzar puestos de alto liderazgo en sistemas nacionales de CTI, la fuerte presencia femenina en el trabajo no remunerado y las actividades domésticas, así como otros indicadores que denotan la pertinencia de este tipo de estudios.

En Cuba, los estudios CTG aún resultan insuficientes. A pesar de los aportes realizados por investigadoras como: Mayra García Quintana, Dayma Echevarría León, Lourdes Fernández Rius, entre otros, mucho queda por develar desde el punto de vista histórico, sociológico, pedagógico y epistemológico sobre el acceso de las mujeres a los sistemas de ciencia y tecnología y los sesgos de género en sus prácticas, procesos y productos.

Días atrás un colega me manifestaba que las mujeres no tienen capacidades similares a los hombres para dedicarse a las ciencias, pues sus preocupaciones por el cuidado de hijos, esposos y otros familiares, así como el tiempo que dedican a labores domésticas las limitan e inciden en su capacidad de concentración. Parece irreal que a la luz de la contemporaneidad se esgriman criterios de esta índole; sin embargo, ¿será este un pensamiento aislado, o persisten en Cuba los roles de género en los espacios público y privado y mecanismos implícitos o informales de exclusión femenina que limitan la presencia de mujeres en determinadas áreas del ámbito científico-tecnológico?

Hace meses se publicaron los resultados de la Encuesta Nacional sobre Igualdad de Género, donde tuvo implicaciones el Centro de Estudios de la Mujer (CEM) de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y el Centro de Estudios de Población y Desarrollo (CEPDE) de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), con la colaboración financiera y técnica de otros organismos internacionales. Sus resultados denotan la fuerte creencia en el imaginario social de que determinadas actividades, oficios y profesiones no son consideradas «propias» de mujeres, como: electricista, albañil, mecánica, entre otros, y se manifiestan las brechas de género en la carga total del trabajo (CTT), pues las mujeres continúan asumiendo el peso en las labores domésticas y el trabajo no remunerado. Ello denota la importancia de generalizar este tipo de estudios en el entorno de las universidades, e incentivar políticas públicas y educativas para la solución de estas problemáticas.

Evaluar las brechas de género y sus limitaciones en América Latina y el Caribe (ALC) permite encauzar posibles soluciones para el logro de niveles superiores de equidad en el acceso a la ciencia, la tecnología y la innovación (CTI). Si bien se han reducido las barreras explícitas que impiden el acceso de las mujeres a instituciones, academias y actividades científicas, todavía se manifiestan mecanismos informales de «feminización» y «masculinización» en las comunidades científicas, como en algunas carreras de ingenierías, que limitan el acceso de las mujeres a sus campos de acción.

El estudio de estas problemáticas y otras, su medición, evaluación y las propuestas de solución, constituyen tareas de investigación fundamentales para los actores sociales comprometidos con la aplicación de las políticas públicas de CTI en ALC. De igual manera, los Sistemas Nacionales de Educación deben tener en cuenta las propuestas de los estudios CTG en sus programas curriculares de pregrado y posgrado, y en la superación del personal y cuadros de dirección, para el logro de una sociedad más equitativa en las políticas de ciencia, tecnología e innovación dentro de la comunidad científica a nivel internacional.

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