El suicidio de Stefan Zweig

Siempre me ha llamado la atención el suicidio de Stefan Zweig y los motivos que le llevaron, a él y a su pareja, a quitarse la vida. Hace un par de días, el 22 de febrero, fue el aniversario de esa fecha, del día en que se quitaron la vida en una cama de Brasil en 1942. Y por ello creo que merece la pena dedicar una entrada a ese triste momento y a la nota que dejó Zweig para el mundo justo antes de apearse de él.

Zweig era austro-húngaro de nacimiento y judío. Escribió relatos, novelas, biografías y hasta algún libreto de ópera, y el éxito fue amable con él, ya que en los años 20 y 30 del siglo pasado era un autor muy popular. Cuando el nazismo llegó al poder y la asfixia a los judíos se hizo insostenible para Zweig, este emigró, primero a Londres comenzando un peregrinar por América del Sur, del Norte y por algunos lugares de Europa. En 1941 llegó a Brasil para quedarse. Allí, en Petrópolis, a comienzos de 1942, se suicidó.

Triste por el poder del nazismo en su tierra, el escritor temía que la sombra del nazismo se extendiera por todo el mundo, llegando incluso hasta donde estaba. La desilusión lo envolvió y la guerra en Europa, la Segunda Guerra Mundial, le convenció de que la Europa que él había conocido se había deshecho en pedazos.

Antes de suicidarse la noche del 22 de febrero de 1942 tomando veneno, Zweig escribió una nota. Él y su esposa fueron encontrados abrazados, en la cama, junto a los dos vasos de los que habían bebido, que estaban sobre la mesilla. También encontraron la nota de suicidio, además de otras notas dirigidas a amigos y tratando de cerrar en la medida de lo posible su paso por este lado del Aqueronte.

La nota de despedida iba dirigida a Claudio de Souza, el presidente del Club de Escritores de Brasil, y lo más triste es la falta de esperanza que se puede intuir en el texto. Posiblemente sabía que en algún momento todo cambiaría y Europa saldría del hoyo, pero no se sentía con fuerzas para resistir hasta entonces viendo como se descomponía su mundo.

La nota decía (las negritas son mías, no de la nota original):

«Cada día he aprendido a amar más este país y quisiera no haber tenido que reconstruir mi vida en otro lugar después de que el mundo de mi propia lengua se hundió y se perdió para mí, y mi patria espiritual, Europa, se destruyó a sí misma.

Pero para empezar todo de nuevo un hombre de 60 años necesita poderes especiales y mi propio poder se ha desgastado después de años de vagar sin asiento. Por eso prefiero terminar mi vida en el momento adecuado, justo, como un hombre para quien su trabajo cultural fue siempre la más pura de sus alegrías y también su libertad personal —la más preciosa de las posesiones en este mundo.

Dejo saludos para todos mis amigos: quizá ellos vivan para ver el amanecer después de esta larga noche. Yo, más impaciente, me voy antes que ellos.»

Tomado de: Curistoria

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