Las grandes decisiones

Foto: Reuters/Enrique De La Osa

Por: Yassel A. Padrón Kunakbaeva

Hablar sobre la unificación monetaria y cambiaria en Cuba se ha convertido en algo habitual. Una rutina vaga y cansona. No hace mucho, ha resonado en las redes un interesante debate al respecto que ha involucrado a destacados intelectuales, como Armando Nova González, Pedro Monreal, Joaquín Benavides, Humberto Pérez y Julio Carranza.

Sin embargo, nada de hechos concretos. El CUC sigue pesando en la cartera 25 veces más que el CUP, y la vida sigue igual.

Uno no puede dejar de preguntarse, ocho años después de aprobados los Lineamientos, cuando incluso tenemos una Conceptualización del Modelo y una nueva Constitución refrendada: ¿qué nos detiene? ¿Por qué seguir y seguir esperando, cuando todo el mundo tiene claro que se trata de una medida imprescindible para salir adelante?

Pedro Monreal hace poco ha planteado una verdad categórica y ha dejado caer una hipótesis. La verdad categórica es que las decisiones de política económica las toman los políticos, no los economistas. Y la hipótesis es que nuestros admirables dirigentes le temen al costo político de emprender esa medida, ya que la devaluación del peso cubano necesariamente impactará en amplios sectores de la sociedad cubana, sobre todo en los más vulnerables.

No se trata de una hipótesis sin sentido. La historia nos enseña que los políticos por lo general vacilan, antes de tomar una decisión que puede provocar desestabilización. Es perfectamente comprensible que muchos dirigentes, ante las consecuencias que puede tener la medida en cuestión, y dada la coyuntura internacional de agresividad imperialista, se hagan la siguiente pregunta: ¿Por qué lanzarse a algo tan difícil y de consecuencias tan imprevisibles como la unificación monetaria y cambiaria, si hasta ahora la economía ha funcionado tal y como está, y el país ha mantenido su estabilidad política?

¿Para qué mover el avispero?

Sí, es perfectamente posible que se estén haciendo esa pregunta. Por eso, aun sabiendo que se trata solo de un escenario hipotético, quisiera plantear una respuesta a los hipotéticos dirigentes.

Es cierto que el país ha mantenido la estabilidad política. Pero el status quo cubano está lleno de sótanos oscuros, donde se esconde una frustración acumulada por décadas. Los que están en la cima de la pirámide (¿invertida?) no pueden sentirlo con claridad, pero aquí abajo es evidente que mucha gente en Cuba sufre a diario. La gente sufre porque no existe una vida económica que les permita trabajar honradamente, sin andar inventando malabarismos, para alimentar a su familia.

La existencia de dos monedas y la multiplicidad de tasas de cambio, hacen que la economía cubana sea el mundo de Nunca Jamás. Ni el Estado ni los ciudadanos pueden saber con certeza cuál empresa estatal es rentable y cuál no. La conformación de los salarios y de los precios se hace, en última instancia, a ciegas. Y aunque tiene cierto encanto vivir en el lugar más surrealista del planeta, mantener esta situación tiene un precio en pobreza, familias disfuncionales, emigración de personal cualificado y frustración acumulada.

Si es válido pensar en las posibles consecuencias negativas de la unificación, tomar previsiones para ayudar a los más afectados, etc., también lo es pensar en el costo político de mantener esta situación por más tiempo.

El pueblo cubano necesita un cambio en su forma de vida, cambio que ha sido pospuesto demasiado

Por un momento tomémonos en serio los slogans, según los cuales vivimos en una Revolución. Por supuesto, eso solo es comprensible si quiere decir que somos una sociedad que se propone la transición socialista. Ahora bien, si ese es el horizonte de nuestra sociedad, la vacilación no puede formar parte de nuestra política. Fidel no vaciló a la hora de firmar la Ley de Reforma Agraria, a pesar de saber que podía haber consecuencias indeseables. Entre otras cosas, Fidel nos enseñó a no vacilar ante las grandes decisiones.

Más allá de las hipótesis, ahora lo necesario es emprender acciones. A estas alturas del campeonato, se hace evidente que el pueblo cubano quiere cambios sustanciales, aunque ello implique pasar por tragos amargos. Se agradece que el gobierno actual ponga empeño en la administración, y que se dedique a apretar una tuerca por aquí y otra por allá. Pero si no dan fuertes pasos, será como si no hubieran hecho nada.

Por eso le hago la siguiente petición al Gobierno presidido por Miguel Díaz-Canel Bermúdez: Pongan en marcha la unificación monetaria y cambiaria, en cumplimiento de lo acordado en los Lineamientos de Política Económica y Social del Partido y la Revolución.

Para contactar con el autor: yasselpadron1@riseup.net

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