La burocracia expropiadora

Escena de La muerte de un Burócrata, filme de Tomás Gutiérrez Alea

Por: Manuel García Verdecia

En sus inicios, la Revolución expropió a los grandes empresarios y latifundistas a nombre de la inmensa mayoría de desposeídos. Con la necesidad de establecer un control desde la cima para que se cumpliera su designio, se fue conformando, de modo gradual y perseverante, una burocracia empresarial, gubernamental y partidista que, ha ido perdiendo no solo la noción de ser representantes del pueblo, sino que han llegado a pensar que son los propietarios de la revolución.

Estos han derivado hacia una clase que vive en una nube de sus propias racionalizaciones, ajenos a la opinión pública, y en posesión de un estatus importante que implica no solo un determinado grado de poder sino una red de relaciones con otros burócratas así como determinadas prerrogativas.

Aunque no son propietarios expresamente de los medios de servicios y/o producción son los que los gerencian y, en definitiva, por el poco nivel de participación de los trabajadores en las  decisiones de cada empresa estatal y el limitado margen que los organismos centrales les dejan para decisiones creativas en la base, pues son ellos en si los que determinan sobre estos medios e, incluso, hacen uso de sus potestades en asociación con los sindicatos.

En fin, que ellos que hacen oídos sordos a lo que académicos, científicos, intelectuales y el pueblo inteligente plantea para el mejoramiento del estado actual de la sociedad, pues sencillamente se atrincheran en normas y documentos para cerrar el paso a toda crítica o renovación. A la consigna de “cambiar todo lo que debe ser cambiado” han prefijado mentalmente el sujeto “ustedes”.

 El burócrata es ortodoxo por naturaleza

En realidad, al burócrata no le gustan los cambios sino el status quo que es donde se sabe mover y, sobre todo no tener que generar ideas para resolver sino atenerse a recetas ya refrendadas por los documentos normativos de las instancia superiores que les garantizan un nivel de seguridad en sus acciones que les garantizan un nivel de seguridad en sus acciones («yo hago lo que está estipulado»).

No se espere de ellos nunca un objetor de conciencia. Es así que quienes planteamos otras vías de solución y criticamos lo que anda mal devenimos para ellos un problema. Somos los “hipercríticos”, “problemáticos”, “difíciles” y así hasta llegar a tildar a algunos de contrarrevolucionarios.

Parece que los revolucionarios no son quienes “revolucionan” las cosas para mejor, sino los que quieren prolongar una situación fallida

De manera que, a la vuelta del tiempo, los burócratas han hecho todo lo imposible por expropiarnos también la revolución. No lo permitamos. La Revolución, y menos aun la patria, no es de un grupo con poder, sino de todos y cada uno de los que, con amor y responsabilidad, trabajamos, sufrimos y soñamos por ella. Luchemos por preservar lo hermoso que aun nos queda y por desbrozar el camino hacia mayores realizaciones y esplendores.

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