Venezuela, la soberanía y el R2P

Foto: Venezuelanalysis

Por: Mario Valdés Navia

El choque violento de ideas que se manifiesta hoy en la crisis venezolana pasa por el debate en torno a los principios de la soberanía y no injerencia en los asuntos internos de los Estados. Esta lid enfrenta a los que defendemos la autodeterminación nacional con los apologetas del llamado right to protect (R2P), o derecho a la intervención extranjera cuando se haga para “salvar” a los habitantes de los “estados fallidos” de sus propios gobernantes. Para establecerlo pretenden cambiar el orden jurídico internacional que ha prevalecido por siglos.

Aunque hoy nos parezca insólito esos principios no fueron creados por el pensamiento revolucionario, todo lo contrario. Los representantes de los grandes poderes europeos del siglo XVII, cansados de tanta muerte y destrucción, los plasmaron en los tratados de paz de Osnabrück y Münster, en 1648, que dieron fin a la guerra de los Treinta Años en Alemania y la de los Ochenta Años entre España y los Países Bajos.

Este proceso negociador, conocido como la Paz de Westfalia, se considera el primero de la diplomacia moderna y dio inicio a un nuevo orden en Europa basado en el concepto de soberanía nacional. Sus preceptos eran la integridad territorial de los Estados, no injerencia en los asuntos internos de cada uno y trato de igualdad independientemente de su tamaño o fuerza.

De ahí arrancó el debate entre lo ideológico y su expresión política que aún continúa, pues los gobiernos usaron estos principios para defender su área de acción territorial y los violaron para atacar a los demás. Por otro lado, la soberanía nacional diseñada por los poderosos fue reinterpretada por los sectores populares acorde a sus intereses.

El nacionalismo excluyente y colonialista de los grandes Estados pronto tuvo que enfrentar al nacionalismo revolucionario de los pueblos oprimidos. El primero fue el de los sublevados de la colonia francesa de Saint Domingue -única rebelión triunfante de esclavos a nivel mundial- quienes fundaron el primer país independiente de América Latina: Haití, 1804.

En 1848, el Año de las Revoluciones, el nacionalismo popular estalló en Europa coaligado con las nacientes ideas socialistas y anarquistas del movimiento obrero. La ola rebelde fue conocida como Primavera de los Pueblos, primera de la historia. Aunque fue ahogada en sangre por la reacción, terminó con la Era de la Restauración y el posible regreso al absolutismo feudal.

En realidad, el nacionalismo y su principio de soberanía tienen un fuerte componente clasista que casi siempre es ocultado por el discurso patriotero en pos de oscuros fines políticos. Con razón Lenin contraponía el hegemonizante gran nacionalismo ruso a los pequeños nacionalismos surgidos en la gran cárcel de pueblos que era el Imperio Ruso. En la Cuba del XIX, los integristas coloniales luchaban por la Madre Patria, mientras los mambises y laborantes lo hacían por constituir la añorada patria cubana como un Estado-nación.

Si bien las identidades nacionales no están determinadas solo por la realidad histórico-social de un pueblo, sino que también son construidas por la ideología nacionalista y los Estados; lo cierto es que el principio de soberanía es un arma de los Estados pequeños ante el hegemonismo de los grandes. Por eso los poderosos arremeten contra él para someter mejor a los débiles.

En la historia de Cuba hay muestras fehacientes de ello. Una poco divulgada es la VI Conferencia Panamericana, celebrada en La Habana 1928, con la presencia de EEUU y otras veinte naciones. Los inquietos editores de la Revista de Avance desnudaban así los fines del convite:

Sobre tres postulados apriorísticos e inconmovibles desea la nación de Coolidge que se afinquen los debates: intangibilidad de la doctrina de Monroe -semilla de imperialismo-, supervisión militar -norteamericana, desde luego- en la zona del Canal de Panamá y oposición a toda liga continental.[1]

Al terminar el evento, se lamentaban de que “hubo Delegados, nuestro Ferrara el primero, que abrió los brazos a las invasiones nórdicas”. Nótese la similitud de lo ocurrido hace casi un siglo con lo que pretenden hoy los neocons y sus cipayos para América Latina. Aunque ahora el objetivo es más horrible aún.

Los fundamentos económicos del actual intervencionismo imperialista se hallan en las pretensiones del gran capital trasnacional de acceder directamente y sin cortapisas a los recursos naturales y humanos del planeta donde quiera que estén. Para eso requieren destruir los Estados fuertes y sembrar el caos y la ruina en sus áreas de interés. A fin de cuentas, asolar un país y reconstruirlo luego es un negocio redondo para los consorcios.

Lo que se pretende es hacer de estos países una verdadera distopía, como las de las películas de ciencia ficción punk, donde las personas luchan por sobrevivir en una atmosfera de anarquía absoluta, miseria y violencia social asentada en la fuerza bruta de las pandillas y los señores de la guerra. Tal es el sentido de las palabras mil veces repetidas de Trump, Pence, Bolton y Abrams sobre Venezuela: All options are on the table.

El R2P estuvo presente en Irak 2003 y Libia 2011, dos naciones con sociedades estables, de alto nivel de vida y una larga historia de colaboración con Occidente al que las unían lazos comerciales mutuamente beneficiosos a partir del negocio petrolero. Ambas terminaron siendo intervenidas militarmente y destruidas hasta sus cimientos. Cualquier parecido con Venezuela 2019 no es pura coincidencia.

Para contactar al autor: mariojuanvaldes@gmail.com

[1]No 18, enero 15 de 1928, p. 3.

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