El arte puesto al servicio del dinero

Foto: Orlando García García

Por: Yassel A. Padrón Kunakbaeva

“La noción de progreso del siglo XVIII, tal como fue concebida en la Francia prerrevolucionaria, consideraba que la crítica del pasado era un medio de dominar el presente y controlar el futuro; el progreso culminaba en la emancipación del hombre. Pero esta noción tenía poco que ver con el inacabable progreso de la sociedad burguesa, que no solamente no deseaba la libertad y la autonomía del hombre, sino que estaba dispuesta a sacrificarlo todo y a todos en aras de las aparentemente sobrehumanas leyes de la Historia (…)

Hannah Arendt. Los orígenes del totalitarismo

Siempre van a surgir conflictos entre el arte y el poder. El arte surge del impulso del hombre hacia la perfección, que busca su realización en el ámbito de lo formal, mientras que el poder es la regla inevitable en un mundo marcado por la finitud y la fractura. El poder político, específicamente, necesita mantener ilusiones colectivas que son siempre en algún punto falsas. Cuando aparece una gran obra de arte, que concentra en sí toda la verdad de un momento histórico, esta puede hacer palidecer a cualquier sistema político. Sin embargo, existe una gran distancia entre el arte y la propaganda.

Desde hace algún tiempo, muchos de nosotros hemos sido testigos de cómo un grupo de artistas ha hecho del enfrentamiento al Estado cubano su razón de ser. Se nos presentan como nuevas víctimas de la censura estalinista, quieren provocar nuestra empatía. Sin embargo, por ningún lado se ve el dramatismo de unos procesos de Moscú o de un quinquenio gris. Lo que salta a la vista es un show de provocaciones a la policía, artistaje, acusaciones cruzadas, fake news, represión irresponsable y gente todavía más irresponsable que busca la forma de ser reprimida, con un largo etc. Un carnaval.

Luis Manuel Otero Alcántara en un performance en la Habana. Foto: OnCuba

Me refiero, por supuesto, al Grupo de San Isidro, sobre todo a Tania Bruguera y a Luis Manuel Otero Alcántara. Ella, la gran artista que perdió el norte, o mejor dicho, lo encontró, allá bajo el helado cielo de Chicago. Él, el fantoche de la última hora, un joven que tenía talento, pero prefirió dedicarse a hacer de su vida un derroche de guapería barata. Son el último grupo de choque de la estrategia de cambio de régimen para Cuba.

No quería escribir sobre ellos. No le veía el punto. Pero su influencia ha sido tal que han hecho daño a personas cercanas a mí. Por eso quiero felicitarlos. Lo lograron. Lo que no había hecho ninguno de los grupos de la oposición tradicional: penetrar en la auténtica sociedad civil cubana. Es decir, han sembrado la discordia, la división y el odio político entre jóvenes intelectuales cubanos. Felicidades.

Tania Bruguera rodea toda su actividad con un aura de auténtica clase. Sabe lo que hace. Incluso llegó a fundar el Instituto de Artivismo Hannah Arendt (INSTAR), buscando la forma de apoyarse en la legitimidad de la pensadora alemana. Según nos cuentan algunos medios extranjeros, dicha artista ha logrado penetrar en los misterios del arte corporal, vinculándolo al activismo político y la desobediencia civil. Todos recordamos su peregrina pretensión de usar la Plaza de la Revolución para un performance.

Aparentemente, no puede haber idea más noble que la de la desobediencia civil como elemento fundamental para mantener la salud de una república libre. Yo sería el primero en suscribirlo. Pero luego vemos cómo Tania se reúne con Rosa María Payá y Yoani Sánchez, cómo se dedica a promover la plataforma Cuba Decide, y entonces nos damos cuenta de cuál es la libertad que ella defiende. Es la libertad del dinero, la libertad de las compañías transnacionales, la libertad de las oligarquías para tener privilegios.

Tania no es republicana, si lo fuera no andaría tan ancha por los carriles del establishment norteamericano, que pisotea todos los días la República. Tania es liberal a secas.

Tania Bruguera en la Habana. Foto: Enrique de la Osa /Art World

Luis Manuel va por la vida sin que nadie lo pare. Ha encontrado la gallina de los huevos de oro: hacer performance contra el gobierno. Actualmente la palabra “performance”, para los que no lo saben, se usa como un modo culto de decir “payasada”. Luis Manuel va de una acción a la otra, ganándose uno que otro día en la prisión, pero también suculentos viajes a París y a Miami. Por el camino, muchos de sus colegas artistas son los que terminan pagando las consecuencias de sus actos, pero eso a él no le importa.

El Grupo de San Isidro ha roto sus lanzas contra el Decreto 349. Con tales enemigos, capaces de cubrirse literalmente de mierda, estuve a punto de ponerme de parte del Decreto. Pero vamos a darles el mérito, el Decreto era pésimo. Sin embargo, la histeria que han creado alrededor de eso, el modo en que han lanzado una campaña de chantaje moral, es algo completamente desfachatado.

Yo respeto al que de modo honrado se opone a un gobierno. Al que lucha por su causa y, llegado el momento, desobedece a la autoridad. Pero lo que ellos han hecho se llama provocación. Buscan la represión que necesitan para construir sus titulares. Conocen los límites de tolerancia de nuestros desactualizados órganos de seguridad, y los cruzan, a sabiendas de que ninguno de ellos va terminar en un charco con un balazo en la cabeza, como les sucede a tantos luchadores por los derechos sociales en Latinoamérica.

No se puede creer en la honestidad de su causa cuando se reúnen y aceptan la ayuda de personas que están relacionadas con la NED y con los viejos terroristas de la línea dura anticubana. No se puede creer en ellos cuando se ponen bajo la bandera de la derecha reaccionaria de Miami y de la OEA, y se prestan para repetir guiones prefabricados de revoluciones de colores.

Tania Bruguera, Luis Manuel Otero y Yanelys Nuñez en una actividad de People in Need, organización financiada por la NED con fondos para cambio de régimen en Cuba. Foto: Radio Praga

La llama de la Revolución Cubana, por más débil que brille hoy, ofrece una mejor causa por la que luchar que la que nos muestran los artivistas. Porque la Revolución sigue siendo la causa de la independencia de Cuba, el freno moral contra los que dentro y fuera solo quieren convertirnos en una presa de su egoísmo. Solo el Poder Popular, con toda su imperfección, es un muro contra el expansionismo de la burguesía imperialista norteamericana.

Lo siento, Tania. Lo siento, Luis Manuel. No logro ver la intención artística en querer apagar esta Cuba, uno de los mayores proyectos de desobediencia colectiva en el mundo. Se lo que me responderán. Lo sé muy bien. Pero esos argumentos me cansan. Les recomiendo ver videos de los discursos de Fidel y de otros líderes revolucionarios en la Plaza de la Revolución, para que aprendan qué cosa es la política hecha arte y el arte hecho política.

Para contactar con el autor: yasselpadron1@riseup.net