La militancia necesaria

Por: Miguel Alejandro Hayes

Los comunistas pensamos que tenemos una tarea histórica: combatir la explotación y empoderar a la clase obrera. Pero la lucha no debe plantearse solo ahí, para poder cumplir con ello, además hay que hacer frente a las prácticas que conducen al inmovilismo y todo lo que se desvía de los principales objetivos de la lucha política y social.

En 1852 Engels escribe un texto por encargo de Marx. En él, se quejaba de que la falta de movilidad y desarticulación de los partidos habían llevado a un grupo de militantes a actuar de manera secreta y por su propia cuenta.

Según describe Engels, la naciente dirección comunista no supo estar a la altura, por lo que pasaron aquellos grupos a formar numerosas organizaciones clandestinas, independientes de aquellos, con el objetivo de reactivar la lucha. Si la dirección de la organización no le era funcional a las aspiraciones de sus miembros, estos iban contra todo burocratismo y tomaban la iniciativa. Esa práctica alcanzó cierta generalización entre los comunistas revolucionarios de aquella Europa. A su vez, parte del espíritu proactivo de las filas del partido en aquel entonces, presiento que se transformó en disciplina. Así llega hasta hoy.

Ser comunista no es comportarse como el más disciplinado de los soldados o como el más fiel caballero de una orden templaria

No es casual que ya los clásicos del marxismo podían advertir que lo que conocemos actualmente como comités centrales y élites partidistas, no siempre son la puntera de lo que demanda la transformación social. Hecho que deviene en contradicción con los que son verdaderamente revolucionarios. La tradición socialista, tampoco puede desatender esas cuestiones, sobre todo porque en la sociedad que lleva ese nombre, no necesariamente desaparecen.

La experiencia histórica ha mostrado que no han sido pocos los partidos comunistas que una vez instaurados en el poder, una de sus tareas principales ha sido mantener en este a su máximo líder y sus cercanos, lo que casi invierte los objetivos de lucha. Tal forma termina por degenerar el carácter revolucionario de la organización y distanciarla de las masas. A pesar de eso, la militancia comunista afiliada se dedica a servir a la dirección partidista, y no precisamente a quien se supone que debe apoyar: a los proletarios, yendo en ocasiones contra estos,  de ser necesario.

Si bien es cierto que se requiere cierta disciplina partidista –en un sentido de tener responsabilidad, valores, etc.-, hay que ver con respecto a qué. No se trata de seguir a ultranza directrices. No se trata ser un autómata de una vanguardia burocrática y acomodada.

Tomemos la experiencia de los militantes rusos, mientras su nación se destruía, esperaron una orden que nunca llegó. Prefirieron -inconscientemente algunos- traicionar a su pueblo y al socialismo, que a su máxima dirección. En nuestra historia patria tenemos más de un ejemplo donde hubo traición,  como pudo ser el Error de Agosto o el apoyo a Batista en elecciones.

Tales comportamientos no son revolucionarios sino una deshonra para el ideal comunista

Me gustaría soñar con una militancia generalizada diferente. Ya que es tan sencillo ser corrompido por el poder -más cuando es altamente centralizado y no está sujeto a control-, los militantes deberían velar  que su organización y sus líderes no se muestren arrogantes, autoritarios y autosuficientes. Incluso deberíamos intentar superar esa racionalidad dogmática que se arrastra, con el objetivo de crear una lógica que sea orgánica a los objetivos de lucha y no a las figuras. Hacia ahí debiera apuntar su accionar.

Téngase presente que la destitución de un capital en el poder, y el advenimiento de un proceso socialista es solo el comienzo a una nueva etapa, que conserva aquellos viejos peligros a lo interno de sus filas, que en el socialismo hay que enfrentar al igual que en el capitalismo.

Por tanto, hay que cuidar a las propias filas de los mismos  excesos de poder, sin importar su origen, aunque eso vaya aparentemente contra la propia práctica y política institucionalizada de la organización. Con ello se evitará, lo nocivo que puede ser a la lucha por las mejoras y las conquistas para la clase obrera, que parte de revolucionarios tengan que crear otras acciones por  iniciativa propia –incluso, cercana al sectarismo en algunos casos- como en la época de Marx y Engels, o la pasividad como la de los rusos antes mencionada.

Eso también es deber del comunista hoy. Es parte necesaria en la militancia.