El sufragio femenino en Cuba

Por: Yasvily Méndez Paz

Dentro de unos días (24 de febrero) Cuba será testigo de un acontecimiento histórico: el referéndum constitucional para la aprobación de su carta magna. Aunque no todos los comentarios en las redes sociales han sido favorables, lo cierto es que sin un nuevo texto constitucional sería impensable modernizar el Estado cubano. Las cubanas no estamos exentas de este proceso; el sufragio femenino constituye un derecho de ineludible fortaleza política.

Mucho se ha escrito acerca de los derechos jurídicos obtenidos por las mujeres a partir del 1 de enero de 1959, y la labor de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) en este sentido; sin embargo, las investigaciones sobre los movimientos feministas durante la República Burguesa resultan insuficientes, a pesar de los aportes realizados por autores como Julio César González Pagés, entre otros.

Ello, unido a la limitada divulgación que han tenido, ha incidido en el conocimiento exiguo sobre la temática e, incluso, algunos han llegado a considerar que las mujeres en Cuba obtuvieron el derecho al sufragio «pocos años antes del triunfo revolucionario».

Sería interesante hacer un recorrido histórico para develar cuándo, cómo y por qué las mujeres cubanas alcanzaron el derecho al sufragio, y la importancia histórica que tuvo ese hecho para Cuba.

En los primeros días del mes de abril de 1923 ocurría un hecho sin precedentes en Hispanoamérica: el I Congreso Nacional de Mujeres celebrado en La Habana, Cuba. En un contexto histórico caracterizado por la eclosión de movimientos sociales, protagonizados por intelectuales, estudiantes, obreros, comunistas, veteranos y patriotas, el feminismo en Cuba demostraba su empuje social y político.

Durante el certamen- convocado por la Federación Nacional de Asociaciones Femeninas de Cuba- se abordaron temáticas de notoria trascendencia para las mujeres de aquella época, tales como: desigualdades legales entre hijos legítimos e ilegítimos y  la defensa de los derechos de las mujeres en la vida social y laboral. Una de las problemáticas que suscitó polémica fue el derecho al sufragio femenino, en cuya defensa alzaron sus voces importantes feministas como: Pilar Jorge de Tella y Hortensia Lamar.

El sufragio femenino propiciaría la participación de la mujer en la vida política del país

En 1925 fue convocado el II Congreso Nacional Femenino el que, a diferencia del anterior, constituyó un fiasco en relación con el problema de la unidad entre las fuerzas convocadas. Coincido con Julio César González Pagés cuando plantea que «la iglesia católica tomó las riendas haciéndose representar por varias organizaciones fantasmas que boicotearon los temas más polémicos […]». A pesar de las divergencias desatadas al interior del feminismo, las mujeres continuaron su lucha proactiva en defensa de sus derechos sociales, culturales y políticos.

Durante el proceso revolucionario de los años 30, el vigor de los movimientos feministas no se haría esperar. Disímiles propósitos acompañaban las agendas de trabajo de asociaciones feministas existentes, pero el derecho al sufragio continuaba siendo uno de los reclamos fundamentales de las sufragistas. La lucha por los derechos políticos de las mujeres se había convertido en una razón impostergable para el logro de una verdadera democracia en Cuba.

Esta situación había sido comprendida por Antonio Guiteras, el hombre que había aportado el proyecto más orgánico para la praxis revolucionaria, socialista y antiimperialista en Cuba durante los años 1930 y para quien, paradójicamente, los espacios de divulgación nacionales han sido limitados.

En los marcos del denominado Gobierno de los Cien Días- presidido por Ramón Grau San Martín, de carácter provisional y el único que no fue reconocido por los EEUU- la labor de Guiteras como secretario de Gobernación, Guerra y Marina propició un grupo de medidas de carácter popular, agrario, revolucionario y antiimperialista. Como parte de ellas, el sector femenino se vio favorecido. Tantos años de lucha sufragista habían dado sus frutos; en enero de 1934, por primera vez en Cuba, se le dio el derecho a las mujeres a votar y ser elegidas.

Años más tarde, la Constitución del 40 reconocía a «todos los cubanos iguales ante la ley», y declaraba «ilegal y punible toda discriminación por motivo de sexo, raza, color o clase y cualquier otra lesiva a la dignidad humana». La aprobación de las leyes complementarias a la carta magna sería un desafío para las masas populares debido a la poca atención prestada por las gestiones presidenciales; no obstante, el articulado de la Constitución del 40 no hubiera sido posible sin la participación de las fuerzas revolucionarias, populares, comunistas y antiimperialistas durante el proceso revolucionario de los 30.

En este sentido, el sector femenino ocupó un lugar fundamental antes, durante y después del ciclo revolucionario para generar niveles de conciencia en torno a la batalla ideológica por la defensa de sus derechos, en la sociedad cubana de la República Burguesa y Neocolonial.