¡Manos fuera de Venezuela!

Foto: RT /Wikipedia /Reuters

Por: Mario Valdés Navia

Ante el cariz que han tomado los acontecimientos en torno a Venezuela tras la autoproclamación de Juan Gaidó y el rugido creciente de los cuernos de guerra, los hombres y mujeres que nos sentimos parte de Nuestra América y todos los seres humanos honestos y solidarios del mundo alzan su voz en un llamamiento urgente:

¡No a la intervención militar!, !Manos fuera de Venezuela!

Ebrios de victoria por sus avances en la región, los círculos más reaccionarios del imperialismo yanqui creen poder retornar a la política del big stick al amparo del lenguaje mojigato de estos tiempos. A los que no perdemos la memoria con facilidad, las apelaciones a la ayuda humanitaria, la supervisión internacional y las condenas de la OEA nos recuerdan mucho la invasión de Playa Girón, la destrucción de Libia e Irak y el intento fallido de apoderarse de Siria a través de grupos armados criminales, aparecidos de súbito para arrasar el mundo como los Uruk-hai de Sauron.

Hasta el momento, nada parece quebrar la alianza entre el gobierno de Maduro, las bases del chavismo y las fuerzas armadas bolivarianas. Esa es la piedra angular de su fortaleza y sobre ella lanzan los imperialistas y la oligarquía sus dardos envenenados. El blanco principal son los altos oficiales, a los que se les ha prometido el perdón por sus supuestos crímenes si traicionan la lealtad a la constitución y a su comandante en jefe, el presidente electo, y se pasan al lado del usurpador.

La respuesta dada por los hombres y mujeres de armas fue contundente y pertinente. Con los grandes ejercicios militares de la pasada semana, al decir del ministro de defensa, se probaron exitosamente todas las armas estratégicas del arsenal bolivariano. No creo que los pilotos de la Air Force se lancen alegremente -como hicieron en la indefensa Panamá de 1982- a bombardear un país custodiado por los temibles S-300, de fabricación rusa, que tanto daño han hecho a los cazas de Israel en cielo sirio.

En el plano militar parece que la amenaza principal podría venir de los grupos mercenarios provenientes de Colombia. Allí, la casi inactiva maquinaria militar de las autodefensas permanece intacta y bien les vendrían unos contratos millonarios para masacrar poblaciones venezolanas. Allí tienen los EEUU cinco bases militares que serían fuente y blanco seguro ante cualquier confrontación.

Ojalá la guerra entre países hermanos no vuelva a renacer nunca en nuestra región

Los recientes llamados a la intervención extranjera hechos por Guaidó, y la disposición a la guerra de agresión manifestada por el presidente Duque mientras se codeaba con Trump en la Casa Blanca, constituyen una traición flagrante a Latinoamérica. La letra y el espíritu de la declaración de América Latina y el Caribe como “Zona de Paz”, hecha en la cumbre de la CELAC de La Habana 2014 y firmada por el presidente Juan Manuel Santos, deben ser respetados en cualquier circunstancia.

A diferencia de lo sucedido en México, Centroamérica y El Caribe, nunca los marines han pisado suelo suramericano en una invasión militar. Hoy a los halcones les sobran las ganas de soltar sus perros de guerra para hacerse del petróleo venezolano y sus inmensas reservas de la franja del Orinoco. Además, obtendrían el acceso directo a la Amazonía y quedarían a las puertas del Gran acuífero guaraní, dos de las zonas de mayor reserva de agua potable y biodiversidad del mundo.

Parafraseando a Manuel Sanguily sobre los yanquis en Guantánamo, diría  que si los estadounidenses pisan estas regiones tan codiciadas no las abandonarán jamás. En esta situación de retroceso de los gobiernos de izquierda y euforia derechista, los estrategas del Pentágono buscarán obtener la máxima renta de las posiciones alcanzadas en el ajedrez geopolítico regional.

Este es un momento definitorio para el progresismo latinoamericano. Si Venezuela es intervenida, las llamas del conflicto pueden esparcirse por gran parte de la región y todos seríamos afectados. Si cae, después vendrán por nosotros. El valladar que ofrecen Rusia y China al intervencionismo norteamericano no es garantía absoluta para refrenarlo, como se ha demostrado antes. Gramsci decía, con toda razón, que “la verdad siempre es revolucionaria”. Lo es más aún en esta era de las fake news.

No soy de los que cree que todo el desbarajuste económico venezolano sea fruto de la conspiración contrarrevolucionaria y la agresión extranjera. Creo que el chavismo debe revisarse y replantear el proyecto desde sus bases sociales, pero sería un crimen imperdonable de cualquier militante de izquierda mirar hacia otro lado y abandonar al pueblo revolucionario de Bolívar en esta hora de los hornos.

Venezuela, como bien explicara Martí, es la cuna de la patria latinoamericana

Sus veinte años de revolución solidaria no pueden ser abandonados a la masacre intervencionista con la desidia cómplice de sus hermanos de la región. Solo en una mesa de dialogo incondicional entre venezolanos de todas las tendencias y sin presiones externas podrán resolverse sus problemas internos. Como dijera Martí al ser expulsado del país por el dictador Guzmán Blanco: “Deme Venezuela en que servirla: ella tiene en mí un hijo”.

Para contactar al autor: mariojuanvaldes@gmail.com

[1]“Padrino hace balance de ejercicios militares”, por Freddy Hernández, El Universal, 16 de febrero de 2019.