La estrategia del No

Foto: Yaima Pardo/Twitter

Por: René Portuondo

El texto final de la nueva Constitución corregido y aprobado por la Asamblea Nacional, está listo para ser sometido a consulta popular. En medio de este proceso, no puede dejar de llamar la atención la campaña mediática que desde el exterior se ha lanzado para promover el voto negativo en la consulta popular del próximo 24 de febrero. Si bien para los cubanos en la isla debiera ser ya cotidiano el asedio constante y la crítica a todo paso que da el gobierno, esta nueva campaña tiene particularidades que realmente la hacen destacar de otras anteriores de formato semejante, impulsadas y financiadas por la disidencia cubana.

Y aunque en la política siempre hay que andar con mucho ojo, porque lo que parece no siempre es, no hay que ser un analista político de renombre para identificar en el propio discurso y modos de actuación de estos grupos, cuáles son las líneas fundamentales de su estrategia.

Partamos de una idea que no debería ser sorpresa para nadie y es fundamental para entender los movimientos recientes de estos grupos:

La propia dinámica social reciente en Cuba y los trabajos en la búsqueda de un gran consenso, unido a los debates populares recientes y el apoyo con que cuenta el proyecto político del gobierno cubano en la población cubana, hace que la victoria del No sea una posibilidad remota.  No tiene sentido argumentar que el hecho de la existencia de esta campaña es una verdadera y genuina apuesta por esa opción.

Aunque jamás lo expresarán en público, la mayoría de los promotores del NO que son financiados y sus financistas, son conscientes de este hecho.

Como de no aprobarse la actual reforma constitucional, seguiría vigente la Constitución del 76, sería impensable que este sea el motivo real por el cual se han lanzado con tanto ahínco al descrédito del proceso y han llamado al voto negativo en dicha consulta. Si descartamos tal opción, el objetivo real de la campaña es entonces claro:

Convertir el referéndum constitucional en un medidor de la aprobación popular al proceso

El hecho de que en varios momentos fuera declarada por parte de la burocracia gubernamental, que esta constitución es la constitución de la Revolución, sirve también de base para lanzar sobre ella un aura de plebiscito a la confianza del pueblo en los aparatos de gobierno. Lograr una alta votación a favor del No significa impugnar la unidad política de la nación y atacar el consenso logrado en los diferentes debates populares de los últimos años (conceptualización y el anteproyecto fundamentalmente). Es el objetivo primordial de esta campaña, que de lograrlo pasaría a utilizar dicho argumento como elemento central en la campaña política y mediática contra el gobierno.

Pero en el caso de que el NO falle en lograr resultados considerables, esa es una opción que no dejan de contemplar por la altísima probabilidad de que suceda, impugnar las votaciones, declarar un fraude electoral pasaría entonces a convertirse en el elemento principal de sus ataques. Tal como afirmara uno de los impulsores de esta campaña:

“Basta con que cada elector inconforme tenga la mínima valentía que se requiere para marcar una cruz junto al No en la intimidad de su cubículo de votación. Obligarlos a cometer un fraude descarado sería una victoria”

Otro de los puntos importantes a considerar vienen dado por los lazos cercanos que unen a muchos de los líderes de esta campaña con organizaciones como la OEA, el Grupo de Lima, y otros muchos actores del escenario político regional, por lo que no es de extrañar que el grito de fraude venga apoyado desde algunas de esas “ilustrísimas” organizaciones. Incluso puede ser que la ocasión posibilite la oportunidad al señor Almagro para incurrir en sus ya cotidianas muestras de servilismo y desfachatez. Esto es copia de una estrategia similar utilizada en Venezuela.

El grito constante de fraude e irrespeto a la institucionalidad ha sido la vía elegida para el derrocamiento de gobiernos legítimos de izquierda

Las campañas a favor del No: YoVotoNo, NI1+ (ni un año más, la cual se enfoca no solo a las votaciones del 24F), unidas a la plataforma Cuba Decide, no son más que elementos interdependientes de una estrategia coordinada. Dichas campañas tienen como medio de existencia y replicación las redes sociales, fundamentalmente Facebook y Twitter, así como varios medios de comunicación en la Florida y algunos países latinoamericanos.

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No solo está implicada la disidencia habitual y la Fundación Cubano-Americana, la cara visible de estos nuevos ataques son los nuevos rostros de la disidencia, más sutiles y que apuestan por la juventud para trasmitir su mensaje. “Activistas” como Rosa María Paya, tristemente célebre por sus actuaciones al frente de la “Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia”, la cual aprovechando el capital político que le legó su padre, unido a una ascendente carrera en los marcos de la oposición de Miami, se ha convertido en la figura principal de esta nueva estrategia mediática y uno de los rostros más prominentes y activos de la línea dura de la disidencia.

Los cubanos podemos recordarla por su participación en la Cumbre de los Pueblos de Lima al frente de una delegación paralela, que tenía el objetivo expreso de sabotear la participación cubana oficial en dicha cita.

Otro de los impulsores de esta estrategia es Eliecer Ávila, quien en un momento se perfiló dentro de la disidencia como uno de sus posibles líderes juveniles, su declive ha llegado tan fugaz como su ascenso dentro de estos grupos.

Se repiten viejos y trillados conocidos como Radio y Televisión Martí y Yoani Sánchez. Dichos grupos en el exterior cuentan igualmente a lo interno del país con apoyos en lo que muchos afirman es la organización opositora más fuerte y mejor organizada dentro de Cuba: la UNPACU, así como otros grupos menores entre loss que destacan las favoritas de TV Martí: las damas de blanco. Aunque no sea normal dar publicidad a estos autoproclamados actores políticos, es bueno nombrarlos pues los enemigos del actual sistema cubano tienen nombre, y ello no es un secreto.

Igualmente, la campaña ha seguido el camino de buscar apoyos entre sectores artísticos radicados en Miami, que puedan tener alguna influencia sobre la opinión publica cubana, actividad que hasta ahora parece no haber dado muchos resultados.

Vale destacar, que en este contexto pueden observarse a varios de los mismos que hace solo unos meses, antes solapadamente, respaldaban a algunas organizaciones religiosas y otros sectores a lo interno de la sociedad cubana para atacar al proyecto constitucional con el polémico Artículo 68, y hoy se levantan como defensores a muerte del derecho de los LGBTI, reclamando el NO porque lo ven como una vulneración de sus derechos.

No les interesa la búsqueda de consenso real, y desconocen el resultado del debate popular alrededor del matrimonio igualitario

Junto a esos que se oponen, no faltarán en estas semanas quien bajo el discurso del Sí manden mensajes poco claros, y con una orientación fundamentalmente dirigida a crear un estado de opinión que decante a algunos a ser receptivos con los mensajes de aquellos que abogan directamente por el NO. Estos son elementos que no pueden perderse de vista, pues las quintas columnas suelen ser más dañinas que el ataque frontal.

La línea dura y más radical de la oposición, que prefiere ver morir de hambre a los cubanos bajo el bloqueo antes que levantarlo, trata de buscar desesperadamente un nuevo rostro que sea capaz de vender su mensaje como no lo ha podido hacer nunca. Y como ha orientado a los jóvenes su discurso actual, ponen caras jóvenes en él.

Parece que por el momento buscan desesperadamente la unidad que siempre les ha faltado por recibir salarios de una potencia extranjera, algo que los desacredita dentro del debate político. Ya comienzan a verse los primeros resquebrajamientos en sus filas, sin programa ni proyecto real y viable para el país.

La victoria del Sí, si es verdadera, no ha de ser solo nominalmente en la contabilización de votos, tiene que sentirse en cada rincón, lo que la convertiría en una demostración de que este pueblo, es mayor que las diferencias que naturalmente podremos tener.

Votar Sí, es votar por el consenso que el pueblo. Combatir la estrategia de la disidencia es una lucha para cada cubano que entienda los peligros que sufre nuestro proyecto social.

Tomado de: La Trinchera