Economía cubana 2019: más de lo mismo

Por: Miguel Alejandro Hayes

La economía cubana continúa su racha negativa. Este año, transitaremos por los mismos caminos ya recorridos para crecer. Repetir lo que no ha dado resultado, puede ser la señal de que se deba pensar en probar otras opciones.

No desconozco ninguna de las adversidades que hemos vivido y vienen del tan real y dañino bloqueo, pero hay cosas que merecen ser revisadas, repensadas, debatidas, y que no son precisamente exquisiteces teóricas.

Recientemente se pudo apreciar en el discurso del ministro de economía Alejandro Gil, que en el 2019 toma nuevamente como una de las variables de mayor peso para el crecimiento económico, a la inversión extranjera (IE).

Con ello, el desarrollo está atado en buena medida a dicha inversión. El discurso oficial compromete nuestro progreso al desenvolvimiento de factores que no podemos controlar, como –la IE. El  gastar mucho dinero en cuestiones sociales es –loable pero cuando queda poco para invertir, no deja otra opción que depender de la IE.

Lo curioso es cómo una política que hasta ahora no ha dado el resultado esperado, continúa siendo una apuesta para el crecimiento. Es cierto que en Asia ha funcionado, pero luego de varios años de estar nosotros esperando el milagro de la inversión, nada todavía. No dejo de preguntarme por qué la inercia de seguir por el mismo camino.

Como toda práctica responde o lleva implícita una teoría, sabemos que esta forma de mejorar la economía es después de todo, uno de tantos enfoques. Uno que al aplicarlo nos conduce a una pasividad y conformidad con el estado de las cosas, y no deja de ser una lectura parcializada sobre dinámicas internas de la economía –ya que pone como principal variable, una externa.

Pero la inversión no es la única vía para aumentar la absorción interna de una economía, el consumo interno es otro camino que al parecer se olvida

Este estimula también la oferta e incluso atrae la IE -y nacional, por cierto- generando un posible efecto multiplicador, si se maneja bien. Y de la misma teoría burguesa que se cogió la idea de la apuesta por la IE como salida, también se pueden extraer buenas recetas para dicha opción del consumo interno. Más en un país donde el gobierno es propietario de la estructura técnico productiva, controla el marco regulatorio del mercado y la emisión de la moneda.

No se puede obviar que la IE no siempre va precisamente a los sectores que necesita el tejido productivo de un país para su despegue. Téngase en cuenta que esta puede expresarse con rasgos de imperialismo[1] en países subdesarrollados. Asimismo, existen naciones que ofrecen competencia con un mejor marco para ser receptoras de IE, lo que provoca que no le sea fácil a nuestro país posicionarse como destino de esta, de forma que garantice los montos necesarios para el crecimiento/desarrollo que se amerita.

Cierto que es difícil realizar un modelo de desarrollo a partir de factores endógenos, pero fórmulas como el reordenamiento de la matriz productiva, enfocada en fortalecer el poder adquisitivo de la moneda –luego de su ordenamiento cambiario-, no es un imposible. De todos modos, el camino de la inversión tampoco es sencillo, como señala la evidencia empírica. En cambio,  sí que es muy riesgoso por las brechas de equidad y penetración cultural que genera, por solo citar algunas.

Hasta ahora solo hemos intentando transitar mejor este sendero, al que hemos apostado empecinadamente, como si fuera el único

El despegue que soñamos lleva tasas de inversión cercanas al 30% del PIB por varios años, y eso, si depende de la IE,  es tan – o más utópico- como levantar la demanda interna.

Aun así, esta última estará más influenciada por nosotros que por el exterior. Tal vez con ella, se estimule el interés de mirar un poco más hacia nuestra gestión y explicarla desde nuestros errores.

Al igual que aquel viajero brechteano, estamos intentando cambiar la rueda, para seguir por ese camino de la inversión extranjera. Pero si no avanzamos, ante el agotamiento de una fórmula, más que cambiar la rueda, se puede escoger otro camino.

[1]Uno de los rasgos del imperialismo descrito por Lenin es la exportación de capitales. La otra cara, desde el lado del que la recibe, es la inversión extranjera.

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