Venezuela: dictaduras y democracias

Foto: Boris Vergara/EFE

Por: Leonardo Martínez

Una vez más escuchamos arremeter contra Venezuela, y se habla de régimen, de dictadura, de represión, violencia y hambre. Se apela al pueblo, a errores indiscutibles de los dirigentes y a la corrupción del gobierno. En momentos coyunturales como el actual es aún más incisivo el debate.

Pocos minutos de tregua reciben nuestros sentidos conectados a Internet. Desde todas las supuestas posturas del espectro político se desatan los ataques. ¿Por qué Venezuela es el objetivo predilecto? ¿Es Venezuela la peor dictadura latinoamericana en la actualidad? En Venezuela hay elecciones regularmente. Un poder electoral independiente, al menos según la Ley. Maduro ganó las elecciones presidenciales con números nada atípicos en la región, ni para las últimas tendencias mundiales.

Quizá ganó bajo las condiciones más difíciles que podía ganar, tras años y meses de sortear una situación económica muy compleja, de confrontación en la calle donde perdieron la vida venezolanos de todas las corrientes. Con una derrota electoral para el chavismo en las elecciones parlamentarias todavía reciente en nuestros días. Y por supuesto, la campaña mediática internacional más brutal en su contra. Pero contra las esperanzas de la derecha, ganó.  Esperanzas, digo, porque desde mucho antes todos los pronósticos lo daban como ganador. No importó.

La reacción ya estaba predefinida: la victoria se obtuvo fraudulentamente y Maduro es un dictador, no cabe duda

En estos días en que Washington, el grupo de Lima y la Unión Europea desconocen al presidente venezolano, y le dan todo su apoyo al que se autoproclamó, corren ríos de tinta sobre por qué Maduro debe irse o quedarse; o la legitimidad de uno u otro. Mientras se va sedimentando en la opinión pública, independientemente de la postura que se adopte frente a Maduro, este bueno o malo: es un dictador. Y en última instancia, en algún momento, tendrá que abandonar el poder con las manos tintas en sangre y maletines llenos de dólares suciamente obtenidos, o derrocado o, incluso, amnistiado para que no ocurra el baño de sangre.

Lo que más curioso me resulta es que los mismos que rápidamente forman filas para lanzar sus ofensas al dictador Maduro, pocas veces han alzado su voz para criticar a Macron en estos días de chalecos amarillos “reducidos a la obediencia” huelga tras huelga. O se olvidaron muy pronto de Rajoy desmantelando el gobierno catalán tras el intento de llevar a vías de hecho un referéndum popular, que por demás fue también brutalmente reprimido. No.

Antes de hablar de Europa hay que informarse muy bien, y se espera y se espera y se termina olvidando, porque seguramente fue un hecho aislado. Y en el intermedio los partidos neofascistas ganan espacios, las ideas más reaccionarias ganan respeto en la vieja Europa. ¿Y los pobres cuándo ganan respeto? Los empobrecidos, los marginados, los emigrantes. ¿No son víctimas de occidentales dictaduras los desplazados de África por guerras de rapiña?

No, esas cosas no pasan en Europa; son Rusia y China los regímenes dictatoriales

Del poderoso Estados Unidos de América hay que hablar con cuidado. Nunca se sabe a quién se va incomodar. Ahí no se hace fraude, ahí sí se vota de verdad. Allá, en el norte, no hay terrorismo de Estado, ni falta la democracia ni nada. Solo se criminaliza la pobreza, se mete preso a todo el que no produce para el gran capital y en la cárcel, donde todos los derechos y garantías que requiere la dignidad humana están asegurados, te ponen a trabajar como un esclavo. Y si son negros mejor, porque nadie me diga que tras ese reluciente presidente negro queda una gota de racismo en Norteamérica.

Por favor, cambiemos de tema. Hablar de democracia y dictadura en Estados Unidos es irrisorio. Vayamos mejor al cine a ver una película. Ah no, esta no, que es de Michael Moore y se llama: “Fahrenheit 11/9. ¿No era: 9/11? Da igual. El tema es mucho más cotidiano en Latinoamérica. Aquí siempre ha habido eso y parece que siempre lo habrá. Nadie se asombra porque un país latinoamericano amanezca un día cualquiera con un centelleante nuevo dictador.

Hemos estrenado todas las formas de dar un golpe. Unos más duros, otros más suaves

Lo único que hace saltar las alarmas es que alguien comience a tomar medidas populares. Que empiece a dar, o al menos trate, educación y salud para todos. Que le de tierras a los pueblos originarios en lugar de perseguirlos, desplazarlos, desconocerlos y asesinarlos. Que despoje por una vez a las transnacionales y empresas privadas y no a los pobres; entonces sí que es corrupto y mal administrador. Que resista cuando le hacen la guerra y no renuncie al poder que tanto sudor, lágrimas y sangre les costó alcanzar, entonces sí que es sanguinario y aferrado al poder.

Mucha hipocresía en toda esa gente. Con Duque, y los cientos de líderes sociales que han asesinado en Colombia. Con Piñera, y los mapuches chilenos atrincherados en lo que les queda de tierra. Con Macri y su eslogan: “pobreza cero”, que solo da vergüenza, y no adelanta lo que en efecto vendría después para el argentino de a pie. Y no voy a mencionar la dolida Perú, que si no es por un escándalo de renuncia de presidente, o encarcelamiento del mismo, no atrae muchos titulares. Hipocresía con Moreno quien traicionó a su partido y su base electoral, que amenaza con desahuciar a Julian Assange; pero no importa, el dictador era el anterior. Con Temer y Bolsonaro.

Resulta que en Latinoamérica la derecha nunca es dictatorial

No se trata de ocultar bajo la alfombra de los desastres del mundo, un problema más. No se trata de escoger entre el menor de los males. No se trata de: si todos los demás están mal, no nos critiquen a nosotros por estar igual. No. Incluso reafirmo que en el siglo XXI la revolución socialista tiene que ser la más humana, la más íntegra, la más pura.

Nadie puede negar que en Venezuela hay una descarnada lucha por el poder. Donde un bando promete paz porque es el que la quita; promete riqueza y estabilidad económica, –para los de siempre, que no es para todos, quede bien claro ahora para que después no se quejen– porque es el que hace boicot; y promete alternancia porque los candidatos son todos corruptos por igual.

Los chavistas lo único que pueden ofrecer es resistencia y la promesa incierta de tiempos mejores, en los que repartir la riqueza entre todos nuevamente.

Anuncios